El Grupo de Monteverde y el cainismo político

Por lo que se sabe, la oposición nicaragüense en el exilio —la única que hay porque dentro del país la actividad opositora no está permitida— se encuentra principalmente en Costa Rica, Estados Unidos y España.

También hay exiliados nicaragüenses en otros países de las Américas y Europa, pero las comunidades más numerosas están en los países primeramente mencionados.

No sabemos cuántos grupos opositores funcionan en el exilio nicaragüense. Pero deben ser muchos, a juzgar por lo que se dice en los medios y los pronunciamientos que circulan.

Cada grupo reclama ser el único y verdadero opositor, o en todo caso el más representativo. Peor todavía, entre los grupos de exiliados se practica el cainismo político, como define el diccionario de la lengua española la “actitud de odio o fuerte animadversión contra allegados y afines”. Pareciera que los grupos políticos del exilio necesitan darse una amnistía, aunque esta es una palabra maldita entre los mismos opositores nicaragüenses.

Sin embargo, se debe reconocer que entre la gran cantidad de grupos de exiliados nicaragüenses hay algunos que no practican el cainismo político, que hablan de los otros con lenguaje amistoso y predican la unión, la alianza o la concertación de acciones comunes.

Entre esos movimientos no cainistas en las últimas semanas ha sobresalido mediáticamente el llamado Grupo de Monteverde (por el lugar de Costa Rica donde sus iniciadores se reunieron la primera vez), el cual habla con calma y mucha tolerancia. No responde a los ataques que le hacen, con otros iguales; por el contrario, realza la prédica unitaria y el llamado al entendimiento y la acción concertada de todos los exiliados que  a pesar de sus diferencias ideológicas y de procedencia sufren el mismo infortunio de la persecución política y el exilio.

Según declaraciones de miembros del Grupo de Monteverde este existe desde de octubre de 2021 y después de la excarcelación y destierro de los 222 ex presos políticos, en febrero pasado, se ha ampliado notablemente. Dice que ellos son parte de unas 30 organizaciones opositoras y por la sensibilidad del ambiente político del exilio decidieron avanzar guardando prudente silencio. Pero ahora han considerado oportuno darse a conocer.

El Grupo de Monteverde es atacado fuertemente por otros grupos del exilio. Las principales acusaciones son las de que se trata de una organización de fachada de los sandinistas del antiguo MRS, ahora llamado Unamos, y que es promovido por el general sandinista en retiro Humberto Ortega Saavedra.

Los voceros de Monteverde lo niegan enfáticamente y explican que se trata de un movimiento pluralista e inclusivo, del cual más o menos un 60 por ciento son de centro-derecha y el 40 por ciento restante de izquierda democrática, algunos sandinistas, pero no totalitarios sino adversarios del régimen orteguista.

Al darse a conocer el Grupo de Monteverde ha declarado que no tiene la pretensión de representar y mucho menos encabezar a la oposición. Al contrario, dicen que es un proceso de conciliación opositora y búsqueda de la unidad en la acción alrededor de objetivos comunes a todos.

Al respecto ha llamado la atención su anuncio de que ha elegido a cuatro voceros que actuarán al mismo tiempo. Esto es interesante porque según el manual de organización política hay que tener una sola vocería para evitar contradicciones y confusiones, y además presentar al público una imagen de coherencia y solidez.

La vocería múltiple se practica regularmente con sentido técnico. Por ejemplo, se designa un vocero para temas económicos, otro para asuntos sociales, alguien más para derechos humanos o relaciones externas, etc. En cambio para las estrategias políticas el manual establece que la vocería debe ser única.

Pero en la política no hay nada inmutable ni los procedimientos han sido escritos para siempre. La vocería múltiple podría ser una buena idea para mostrar que el movimiento además de pluralista es también tolerante de la diversidad ideológica, sobre todo contrario al  monolitismo político histórico que suele devenir en  autoritarismo y caudillismo.

De manera que la modalidad de vocería múltiple podría ser algo diferente, refrescante y creativo para la práctica de la política en las particulares e intricadas condiciones del exilio.

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