El pasado viernes 14 de julio LA PRENSA nos dio la noticia del anuncio del beneplácito por parte del gobierno nicaragüense al embajador propuesto por la Unión Europea, Fernando Poz. La noticia la dio a conocer la mismísima vicepresidenta Rosario Murillo, recordemos que dicho beneplácito había estado estancado por llamarlo de alguna manera desde el mes de abril.
Son varios los amigos que me tildan de ser demasiado optimista y es posible que tengan razón, pues soy de los que me empecino en ver siempre el vaso medio lleno en vez de a la mitad o medio vacío. Se dice que es de optimistas la tendencia natural a ver el vaso de agua medio lleno, es decir dar siempre una visión alternativa positiva de la realidad. Las personas optimistas tienden a ver el lado bueno de las cosas y en consecuencia suelen enfocarse en lo positivo de ellas, eso dice Wikipedia sobre el punto de vista que se da sobre el vaso de agua.
Al mismo tiempo que se dio a conocer el plácet a Fernando Poz, se dio a conocer la aceptación por parte de la Unión Europea al embajador propuesto por Nicaragua, César Augusto Castañeda Lacayo; y no me digan brujo ni sajurín pero les aseguro que este tipo de cosas no se dan por casualidad, son siempre producto de diálogos con final feliz.
No voy a especular sobre qué hay detrás de dicho anuncio o qué pasó para que este se diera, pero es posible que hayan tenido mucho que ver las declaraciones de Peter Stano, portavoz (vocero) de la Unión Europea (UE), asegurando que el acuerdo de libre comercio de la UE con Nicaragua no está en discusión, en otras palabras, sigue firme.
Les recuerdo que hay otro embajador propuesto que está en la tubería de la cancillería nicaragüense, me refiero al propuesto por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Un amigo usualmente muy bien informado, me sopló que muy pronto comenzaremos a verle las casitas al pueblo o si prefieren también podríamos decir que estamos llegando al final del túnel. Ambos conceptos me hacen presagiar que el vaso empezará a llenarse en vez de vaciarse.
Son varios los artículos que he escrito y publicado en estas mismas páginas, insistiendo en la necesidad de encontrar un punto de equilibrio (sensatez) que nos permita hacer un alto en el camino y comenzar a pensar en la Nicaragua del futuro. Preguntémonos ¿qué queremos para nuestros hijos y nietos? ¿Les vamos a legar lo mismo que hemos vivido nosotros y nuestros padres y abuelos por los últimos cien años? ¿O seremos capaces de empeñarnos en comenzar a construir una Nicaragua sin odios de clases, sin posiciones supuestamente políticas enfermizas que nos han convertido en el país más pobre del continente americano?
Podría seguir poniendo ejemplos sobre las insensateces que se han cometido y que solo dolor, sufrimiento y calamidades nos han traído, pero prefiero aprovechar el espacio que me queda para enviar una vez más un mensaje a mis compatriotas de aquí y de allá. Dejémonos de maniqueísmos y para no dar lugar a malas interpretaciones, el Diccionario de la Real Academia Española define la palabra maniqueísmo como la tendencia a reducir la realidad a una oposición radical entre lo que consideramos bueno y lo que consideramos malo.
De esto padecemos mucho los nicaragüenses y continuamente estamos en contra de muchas cosas o proponiendo otras en las que no tenemos la mínima intención de ayudar a llevarlas a cabo de manera personal. En esto último soy radical y no tengo ningún problema si existen opiniones en contrario siempre que vengan acompañadas de un argumento sobre la misma.
Al respecto les confieso que soy un adicto a las redes sociales, las noticias y continuamente estoy leyendo las opiniones de los que se preocupan de nuestra situación social actual. Últimamente le he dado seguimiento a una persona cuyas actuaciones equilibradas y coherentes, aterrizadas creo que sería la mejor forma de definirlas, me han llamado la atención. En esta ocasión me voy a reservar su nombre, pero prometo escribir sobre él muy pronto.
De momento podemos criticar o aplaudir el intercambio de embajadores entre la Unión Europea y Nicaragua. Por mi parte lo veo como un augurio de que comienza a llenarse el vaso.
El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.