Naturaleza y problemas del exilio y el “insilio”

El exilio es una situación política por su propia naturaleza, aunque a veces se hable de exilio económico, exilio cultural y cualesquiera otros. El exilio es político en sí mismo desde que en la antigua Grecia los atenienses lo establecieron como castigo con el nombre de ostracismo; y a partir de entonces en todas las épocas ha sido un instrumento de los regímenes autoritarios para perseguir a sus adversarios.

Pero aunque el exilio sea político en sí mismo no es fácil practicar la política opositora en el exilio. En principio debería serlo, pues los exiliados están generalmente a salvo de las represalias directas y personales del régimen autoritario. Aunque no se puede decir lo mismo de sus familiares y los bienes que por fuerza tuvieron que dejar en el país.

Por definición la práctica de la política dentro del país y en condiciones normales es algo complicado, por las contradicciones de los diversos caracteres individuales, las ambiciones, egoísmos, vanidades, aferramiento a los propios puntos de vista, etc. Sin embargo, es mucho más difícil practicarla en el exilio porque a los factores antes mencionados se suman otros que son propios de la situación anormal de estar obligados a vivir fuera del país y de adaptarse a ambientes extraños, a veces incluso hostiles.

El solo  hecho de ser exiliado, refugiado, emigrado o desterrado es ya motivo de padecimiento emocional. El eminente escritor checo recientemente fallecido, Milán Kundera, uno de los más famosos exiliados por causa de la tiranía comunista, describió la angustia del exilio en una de sus obras maestras, la novela La ignorancia publicada en el año 2000:

“El mismo cineasta del subconsciente que, de día, le enviaba (al personaje exiliado) instantáneas del paisaje natal cual imágenes de felicidad, proyectaba de noche aterradores regresos a ese mismo país. El día se iluminaba con la belleza del país abandonado; la noche, con el horror a regresar. El día le mostraba el paraíso perdido; la noche, el infierno del que había huido”, escribió Milán Kundera.

Pero, además, los exiliados muchas veces sufren también la incomprensión y el rechazo de los  “insiliados”, quienes creen que aquellos viven a salvo y felices  en el extranjero, mientras los que están dentro sufren en su propia carne y alma el rigor del régimen autoritario.

El “insilio”, dicho por aclaración, es un concepto creado por algunos doctrinarios políticos, entre ellos la colombiana Betty Puerto, para denominar a los que a pesar de la existencia de un régimen autoritario “están dentro del país de origen, pero forzados al silencio”. “La persona insiliada, lo está en su propio país, donde lo propio le es ajeno, donde lo propio es territorio peligroso”, dice la experta colombiana.

En su ensayo Del exilio al insilio, un camino por conocer y reconocer, Betty Puerto argumenta que el insilio “es una violación a un derecho humano, también constituye una situación que permanece en el tiempo y su impacto varía de acuerdo con la edad, la condición social y las redes de apoyo con las que se cuente; el insilio abarca el campo de la socialización, la escuela, lo vecinal, lo cultural, lo expresivo, la participación ciudadana, las construcciones sociales y las expresiones y comportamientos sociopolíticos”.

En la literatura bíblica del Antiguo Testamento el exilio es un castigo que sufre el pueblo (hebreo en este caso) por no escuchar y obedecer a Dios, por entregarse a la idolatría y al pecado que lo han distanciado del Señor. Y a partir de ese criterio el exilio es también una forma de expiación de los pecados y de purificación espiritual.

Pero en la vida real no es así. El exilio es una penalidad muy dura que imponen los regímenes autoritarios a quienes se les oponen y abogan por la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos. Y el insilio es también un castigo, aunque sea de manera pasiva, a quienes piensan y quieren lo mismo permaneciendo dentro del país, incluyendo a los que se muestran indiferentes.

De manera que al juzgar y criticar a los exiliados y a los insiliados por sus actitudes políticas contradictorias y negativas, se debería tomar en consideración esos factores que algunos son objetivos y otros  emocionales, pero en todo caso humanos.

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