Anastasio Somoza Debayle. LA PRENSA/ ARCHIVO

Anastasio Somoza Debayle. LA PRENSA/ ARCHIVO

Cuatro factores que aceleraron la caída de Somoza en 1979

Una serie de acontecimientos puso fin a 42 años de dinastía somocista, entre ellos dos asesinatos aislados que le quitaron el apoyo de Estados Unidos y volcaron a la población nicaragüense en su contra

Más allá de la lucha armada de los guerrilleros sandinistas, cuatro factores se conjugaron para causar la caída de la dictadura somocista en 1979. Anastasio Somoza Debayle nunca estuvo tan solo como en los últimos días de su régimen.

Asesinato de Pedro Joaquín Chamorro 

El asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro, director del diario LA PRENSA y principal opositor de Anastasio Somoza Debayle, aceleró la caída de la dictadura. A las 8:20 de la mañana del martes 10 de enero de 1978, cuando se dirigía en carro a su trabajo, fue interceptado por un grupo de matones y uno de ellos le disparó tres veces con una escopeta.

El crimen provocó estallidos de violencia contra la Guardia Nacional y las propiedades de la familia Somoza. Ese mismo día la población de Managua quemó el edificio de Plasmaféresis, empresa que se dedicaba a comprar sangre de borrachitos y pordioseros y que se había vuelto blanco de las críticas de Chamorro, quien aseguraba que Somoza era el verdadero dueño de la empresa y no el cubanoestadounisense Pedro Ramos. 

Silvio Peña, cabecilla de los sicarios, declaró horas después de su captura que Ramos financió la operación para matar a Chamorro. Sin embargo, 45 años más tarde todavía se discute quién fue el verdadero autor intelectual del crimen, pues el principal beneficiado no fue Somoza, sino el Frente Sandinista. 

El asesinato hizo que el apoyo popular se volcara hacia los rebeldes y detonó la insurrección del pueblo nicaragüense hasta el derrocamiento de la dictadura el 19 de julio de 1979.

Pedro Joaquín Chamorro, director del diario LA PRENSA, asesinado el 10 de enero de 1978.

Asesinato de Bill Steward 

Muchos consideran que el último detonante para que Estados Unidos le quitara todo su apoyo al régimen de Somoza fue el asesinato del periodista Bill Steward y su intérprete nicaragüense Juan Francisco Espinoza Castro. 

Steward era corresponsal de la American Broadcasting Corporation (ABC News Network) y arribó a Nicaragua en la mañana del 10 de junio de 1979, para dar cobertura a la guerra civil y la llamada “ofensiva final” de los guerrilleros sandinistas. En el aeropuerto contrató como intérprete a Espinoza Castro, un joven cargador de maletas que lo saludó en un perfecto inglés.

Los mataron apenas diez días después, el 20 de junio, en un retén de la Guardia Nacional en el barrio Riguero, Managua. Primero le dispararon al intérprete y después un guardia obligó al corresponsal estadounidense a tenderse boca abajo, antes de ejecutarlo con un disparo en la parte trasera de la cabeza, cerca de la oreja derecha. Murió temblando de miedo y repitiendo la frase: “No español. Yo periodista”. 

Un camarógrafo del equipo de Steward logró grabar el momento desde el microbús en que se trasladaban y el video le dio la vuelta al mundo. Esa misma tarde Somoza apareció en rueda de prensa para dar sus condolencias y anunciar que ya se había iniciado la investigación de lo que calificó como “un caso sumamente doloroso de incidente aislado”. Aseguró que los guerrilleros asesinaron al periodista, pero una batería de corresponsales extranjeros lo refutó.

Visiblemente nervioso, Somoza tragaba gordo. 

Poco después el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, emitió una declaración condenando el crimen: “La muerte de Stewart es un acto bárbaro que todos condenamos. El pueblo norteamericano comparte sentimientos de ira por la muerte de este hombre”. Luego de eso en Estados Unidos quedaron pocos políticos o ninguno que diera un centavo para apoyar al dictador nicaragüense. El partido republicano también le había dado la espalda. Somoza estaba solo. 

“A los ojos de la mayoría de los norteamericanos, Somoza mismo apretó el gatillo que mató a Stewart. Ese era el mensaje que la prensa quería transmitir y ese fue el mensaje que llegó a todas partes”, escribiría después el dictador en su libro Nicaragua Traicionada. “Esa tragedia sola, toda ella filmada, hizo más para volver la opinión pública en contra mía y en contra de mi gobierno que todo lo demás junto… El poder de la televisión es aterrorizante”.

El féretro del periodista estadounidense Bill Steward en el aeropuerto de Montelimar, de donde se trasladó a Panamá por la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Jimmy Carter 

Con la llegada del demócrata Jimmy Carter a la Presidencia de Estados Unidos, en 1977, el régimen de Anastasio Somoza Debayle fue perdiendo la simpatía del gobierno que siempre lo había apoyado, situación que se acentuaría en los siguientes dos años. Carter abogaba por el respeto a los derechos humanos y consideraba que la dictadura somocista los violentaba en Nicaragua. 

Al perder el apoyo de Estados Unidos, Somoza también lo perdió en la Organización de Estados Americanos (OEA). Y, finalmente, el 23 de junio de 1979, 17 países de la OEA le pidieron la renuncia, pues de lo contrario Nicaragua quedaría como un país proscrito ante la comunidad internacional.

Por otro lado, el gobierno de Carter comenzó a bloquear el abastecimiento de armas a la dictadura somocista. Hacia el final de la guerra, la Guardia Nacional ya no tenía municiones y ningún país le vendía por temor a enemistarse con Estados Unidos. Tampoco tenía dólares en el Banco Central, solo córdobas, y no se los aceptaban en el mercado negro de armas. 

El presidente Jimmy Carter no simpatizaba con la dictadura de Somoza.

Poco apoyo y pocos efectivos 

Mientras la dictadura somocista perdía masivamente el apoyo internacional, los rebeldes sandinistas recibían ayuda de Costa Rica, que prestó su territorio para organizar ataques desde ahí. Por otra parte, los regímenes de Panamá y Cuba suministraban armas a los rebeldes, que además eran reforzados por guerrilleros internacionalistas simpatizantes de la causa. 

La Guardia Nacional, en cambio, se quedaba sin balas y sus efectivos eran pocos en comparación con el número de guerrilleros alzados. 

En su libro Nicaragua traicionada, Somoza narra que a mediados de junio de 1979 le informaron que cinco mil guerrilleros estaban atacando en la frontera sur y se dio cuenta de que todo estaba perdido. Los miembros de la Guardia “tenían que correr de un lado a otro para sofocar los ataques guerrilleros, de Managua a Rivas, de ahí a León, de ahí a Nueva Guinea, y así. No había descanso”, detalla el reportaje “Somoza no durmió en la última noche que estuvo en Nicaragua”, publicado por Magazine en julio de 2021. 

El dictador tenía razón. Todo estaba perdido.

La Prensa Domingo

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