El periódico nicaragüense en línea, Confidencial, ha divulgado los resultados de una encuesta sobre temas políticos y socioeconómicos que solicitó y pagó a la firma encuestadora internacional CID-Gallup, la cual regularmente hace esa clase de investigaciones en Nicaragua.
En general los resultados de la encuesta pagada por Confidencial no difieren mayor cosa de los datos presentados por CID-Gallup en otras encuestas recientes. Más bien los confirma, particularmente en lo que se refiere al deterioro de la confianza pública en el régimen, la pérdida de respaldo del FSLN, el bajo índice de reconocimiento a los partidos de oposición y el alto porcentaje que no simpatiza con ningún partido.
Más allá de eso, aunque no son parte del entramado institucional en el que se mueven los intereses políticos, las encuestas son necesarias para que la gente pueda orientarse al menos un poco al caminar en esos vericuetos.
Nos referimos a las encuestas que hacen firmas independientes, que no son parte de los intereses políticos locales y por lo tanto los datos que muestran a partir de las consultas directas a las personas encuestadas, pueden ser considerados básicamente fiables.
Eso es muy importante precisarlo porque también hay encuestas —que en realidad no son tales— pagadas por quienes para favorecer sus propios intereses ofrecen al público una narrativa que oculta o sustituye la realidad.
Pero también hay encuestas que sin mala intención, pero por falta de rigor técnico y conocimiento de la ciencia estadística, obtienen resultados erróneos que confunden o engañan a la gente.
Al respecto, como anécdota histórica podemos mencionar el caso de la revista estadounidense Literary Digest, que en 1936 hizo una encuesta entre diez millones de ciudadanos que predijo la derrota del candidato Franklin Delano Roosevelt, pero en las votaciones este obtuvo una abrumadora victoria. El error fue que los diez millones de personas seleccionadas para la encuesta eran dueñas de automóviles y tenían teléfono, pero la inmensa mayoría de los estadounidenses carecía entonces de tales bienes.
En el mundo de la política se critica duramente a las encuestas y algunos hasta dicen que se les debería prohibir. Es que siempre acecha la tentación de censurar la difusión de lo que piensan y desean los ciudadanos. También hay quienes denigran las encuestas porque supuestamente todas son pagadas por alguien a quien le ofrecen maquillar su imagen con datos amañados.
Sin embargo, prácticamente todos los líderes políticos utilizan las encuestas como herramientas de su oficio; y en cualquier caso siempre tienen información sobre lo que opinan los ciudadanos pues la consiguen por fuentes privadas. Los que resultarían perjudicados directamente por la falta o la prohibición de las encuestas son los ciudadanos comunes y corrientes, pues quedarían a merced de las mentiras, fantasías y promesas vacías de los políticos profesionales.
Por estudios serios y confiables se conoce que América Latina es la región del mundo donde hay más obstáculos legales, institucionales y materiales a la divulgación de las opiniones de la gente.
Fabián Echegaray, director de la firma Market Analysis que tiene su sede en Brasil, dice en un artículo publicado en el periódico venezolano El Nacional que en algunos países no se prohíbe la realización de sondeos de opinión pública, pero sí su divulgación.
Es obvio que ante la censura quienes pierden información no son los políticos y los empresarios, que estos la consiguen de otras maneras, sino la gente común. “Los embargos o bloqueos de encuestas solo juegan en contra de un único personaje, el más central de todos para la consolidación de la democracia: el soberano popular encarnado en el ciudadano de a pie”, asegura Echegaray.