Diez datos que debes saber del Servicio Militar de los 80 

Durante siete años casi 150 mil jóvenes nicaragüenses fueron movilizados para pelear la guerra de los sandinistas con la Contra. Miles de ellos se enlistaron a la fuerza y volvieron a casa en bolsas negras. Hoy le contamos diez datos sobre el Servicio Militar Obligatorio, que el Frente Sandinista llamaba “patriótico”

Inicios. La Ley del Servicio Militar Patriótico (SMP) fue aprobada el martes 13 de septiembre de 1983, con el voto de la mayoría parlamentaria sandinista, cuando en las montañas del norte crecía la guerra entre el nuevo gobierno y la Contrarrevolución, apoyada por Estados Unidos. Promulgada el 6 de octubre de ese año, esta ley obligaba a todos los hombres nicaragüenses entre 18 y 25 años de edad a enrolarse durante dos años (prorrogables) para defender la “revolución”. Esto decía: “Pueden ser llamados a cumplir el Servicio Militar Activo todos los nicaragüenses a partir del primero de enero del año en que cumplan 18 años de edad, hasta el 31 de diciembre del año en que cumplan 25 años de edad”. Las primeras movilizaciones iniciaron en enero de 1984 y en poco tiempo el Ejército Popular Sandinista, inicialmente conformado por unos diez mil efectivos, alcanzó 132 mil. 

Humberto Ortega. El principal promotor del Servicio Militar Patriótico fue Humberto Ortega Saavedra, que en ese tiempo tenía 36 años y era jefe del Ejército Popular Sandinista. Muchos años más tarde, en 2016, explicó en entrevista con LA PRENSA que la propuesta nació porque los voluntarios ya no eran suficientes “para repeler la guerra de agresión de Estados Unidos” que causaba bajas en las filas sandinistas. “El servicio militar obligatorio en época de guerra es una necesidad en cualquier país del mundo”, justificó. 

Redadas. Al inicio del reclutamiento una parte de los jóvenes se inscribió voluntariamente; pero luego ni la insistente propaganda revolucionaria dio resultado. Para obligar a los jóvenes a unirse al SMP, el Frente Sandinista enviaba primero una citatoria, apoyándose en la Juventud Sandinista presente en barrios y colegios. Cuando se hizo evidente que la convocatoria no tenía éxito, comenzaron las redadas para cazar a los muchachos. Los agarraban en cines, campos de futbol y beisbol, parques, colegios, discotecas y a veces hasta los bajaban de los buses. Después de solo tres meses de entrenamiento se unían a los Batallones de Lucha Irregular (BLI). Hacia el final de la guerra el entrenamiento solamente duraba un mes.

Arriados. A los muchachos del SMP se les conocía como “cachorros de Sandino”, pero no era lo mismo un cachorro voluntario que uno que había sido reclutado por la fuerza. A estos últimos el Ejército los llamaba “arriados”. Muchos de los muchachos “arriados”, que no querían estar en una guerra que ellos no habían iniciado, presentaban problemas de indisciplina y siempre andaban “capeando el bulto”. Algunos llegaron al extremo de dispararse en un pie para no ir al campo de batalla y otros desaparecieron al escapar por caminos desconocidos. Sin embargo, la peor reacción siempre provenía de sus madres, sobre todo cuando los “cachorros” regresaban a casa en bolsa negra o ataúd sellado. 

Ardilla. Fuentes cercanas al orteguista Enrique “la Ardilla” Armas, cronista deportivo y actual vicealcalde de Managua, lo recuerdan intentando “capear” el servicio militar. “Él se resistía a ir al Servicio Militar Patriótico. Estaba en la Voz de Nicaragua y en Barricada y muchos de los periodistas se enojaban porque ellos ya habían ido”, relató una fuente a LA PRENSA en octubre de 2017. Antiguos trabajadores del oficialista Barricada no recuerdan esa historia, pero otros reporteros confirman que los periodistas Edgard Tijerino y Carlos Guadamuz intercedieron por Armas cuando el SMP lo reclutó, de manera que estuvo muy poco tiempo en el frente de guerra, destinado a la cocina del batallón. 

Prevención. Algunos muchachos menores de edad, casi niños, tuvieron la mala suerte de aparentar más años de los que en realidad tenían. Se sabe que hubo muchos casos de jovencitos de 15, 16 y 17 años que fueron llevados por la fuerza al campo de batalla. Para proteger a sus hijos, muchas madres les entregaban sus partidas de nacimiento a fin de que las mostraran a la hora de las redadas y probaran que todavía no estaban en el año de sus 18 años. 

Penas. Si un muchacho iba al campo de batalla, podía morir; si se negaba, podía caer en las cárceles sandinistas. El capítulo XI de la Ley del Servicio Militar Patriótico, que iba de las infracciones y las sanciones, establecía penas de tres a cinco años de prisión para los muchachos que no acudían a inscribirse. De acuerdo con ese documento, si después de cumplir su condena el citado continuaba negándose a incorporarse al Servicio Militar Activo, podían inscribirlo de oficio. 

Mujeres. Para las mujeres el servicio militar era voluntario. De acuerdo con el libro Historia Militar de Nicaragua, del coronel Francisco Barbosa Miranda, “muchas jóvenes formaron los primeros contingentes de voluntarias que cumplieron el Servicio Militar Patriótico integrándose como artilleras, comunicadoras logísticas y médicas”. Otras decidieron entrar al EPS como reservistas o milicianas; pero en todos los casos tuvieron la posibilidad de hacerlo voluntariamente. 

Costo. Algunos analistas políticos y antiguos cuadros del Frente Sandinista afirman que el SMP tuvo un gran costo político que condujo a la derrota de Daniel Ortega y el triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro en las elecciones presidenciales de 1990. Después de todo, la promesa de abolir el Servicio Militar Obligatorio formó parte de la campaña de doña Violeta desde que se oficializó su candidatura y fue lo primero que hizo al llegar al poder, el 25 de abril de 1990. Ortega, por el contrario, ni siquiera insinuó la posibilidad de disolverlo. Nadie sabe qué podría haber ocurrido si el propio Frente Sandinista hubiera eliminado el SMP; pero lo cierto es que sobraban razones para querer un cambio de gobierno. 

La Prensa Domingo

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