Tendencias dominantes en la educación superior contemporánea

Vamos a referirnos a los aspectos más relevantes en las tendencias actuales de la educación superior contemporánea, que van dando perfil a la Universidad necesaria para el siglo XXI. Luego haremos un resumen de la opinión de reconocidos especialistas sobre tales tendencias.

Resignificación de la función social de la Universidad

En el debate internacional ha tomado gran relevancia en los últimos años el tema referente al compromiso social de la universidad.

Desde la Reforma de Córdoba de 1918 la función social de la universidad se incorporó como uno de los cometidos de la universidad latinoamericana, más allá de sus funciones clásicas de docencia e investigación. Sin embargo, por décadas se creyó que tan importante función podía ser atendida con la creación de los departamentos de extensión universitaria, generalmente limitados a organizar programas de difusión cultural.

De esta manera, el concepto de “extensión universitaria”, en un principio se refirió más que nada a la proyección del quehacer de la universidad hacia su sociedad. Luego, y en buena parte por la influencia de las ideas de Paulo Freire, fue evolucionando hasta concebirse como un proceso de comunicación de doble vía entre la universidad y su contexto social.

En la actualidad se estima que la función social de la universidad encuentra su mejor concreción cuando se asume como el cumplimiento de su responsabilidad social. De ahí que hoy día el tema de la responsabilidad social de las universidades ocupe un lugar prominente en el debate internacional. En el caso de nuestra región, pensamos que la universidad en América Latina tiene el deber histórico e ineludible de repensarse, de redefinir su misión en el momento actual y asumir su responsabilidad social, para lo cual necesita integrarse plenamente a su sociedad y promover un diálogo constructivo con todos sus sectores.

La universidad debe orientar su quehacer inspirada en el paradigma compendio del desarrollo humano sostenible, es decir, en un concepto amplio de desarrollo, basado en nuestras propias fuerzas productivas y potencialidades humanas. Por lo tanto, debe ser endógeno y animado del propósito de ampliar las oportunidades de bienestar y de calidad de vida de nuestra gente, acorde con su dignidad humana y respetuoso de la naturaleza.

Para la universidad, esto implica asumir un concepto de pertinencia social, es decir, estar consciente de que la relevancia de su trabajo será evaluado en función de su auténtico compromiso social y de que este genere beneficios concretos a su sociedad priorizando, por razones éticas, el empoderamiento de los sectores más desfavorecidos.

Responsabilidad Social Universitaria

Surge así el concepto de responsabilidad social universitaria, paralelo al de “responsabilidad social empresarial”, que ha logrado carta de ciudadanía en ciertos sectores empresariales. La responsabilidad social universitaria trata de dar una resignificación a la función social y a las tradicionales tareas de servicio social universitario, que por cierto representan una de las formas concretas de llevar a la realidad esa responsabilidad. La responsabilidad social universitaria contribuye a clarificar y fortalecer la relación universidad-sociedad. Todas las funciones universitarias: gestión, docencia, investigación y extensión, cuando son ejercidas con una perspectiva ética y al servicio de todos los sectores de la sociedad, contribuyen a poner de manifiesto la responsabilidad social universitaria, de la que deben ser protagonistas todos los estamentos universitarios: directivos, administradores, docentes, investigadores, extensionistas y, principalmente, los estudiantes.

La responsabilidad social universitaria debe tener presente la posibilidad de que su praxis permita configurar proyectos alternativos inspirados en la solidaridad y la inclusión de los sectores marginados, de tal manera que, como afirma Xabier Gorostiaga, la tarea política profunda de la universidad consista en “su aporte al empoderamiento cognoscitivo y actitudinal de los actores sociales, a la vez que como plataforma superior de aprendizaje y como conciencia crítica propositiva de la sociedad misma”.

Consecuente con el criterio de que la responsabilidad social universitaria debería ser la mejor expresión de una integración creativa universidad-sociedad y su vínculo más idóneo, existe la posibilidad de hacer de ella el eje de la acción universitaria, el hilo conductor de la inmersión social de la universidad. Decía el filósofo Julián Marías: “Llamo función social de la universidad en cada país al papel que representa dentro de la vida nacional en su conjunto”.

Pertinencia y calidad son dos exigencias ineludibles de la educación superior contemporánea. La Conferencia Regional sobre Educación Superior (CRES-2008), celebrada el año pasado en Cartagena, Colombia, como preparatoria de la Conferencia Mundial, dejó claramente establecido que la obligación, tanto del sector público como del privado, es ofrecer una educación superior con calidad y pertinencia. Además, afirmó que “la calidad es un concepto inseparable de la equidad y la pertinencia”. A su vez, la reciente Segunda Conferencia Mundial (París, julio de 2009), en su comunicado final proclamó que “se deben perseguir, al mismo tiempo, metas de equidad, pertinencia y calidad”.

Cuando se aborda el tema de la pertinencia o relevancia de la educación superior existe la tendencia a reducir su concepto a la respuesta que ésta debe dar a las demandas de la economía o del sector productivo.  Sin duda, la educación superior debe atender tales demandas, pero su pertinencia trasciende esas demandas, por lo que debe analizarse desde una perspectiva más amplia que tome en cuenta los desafíos y requerimientos que le impone la sociedad en su conjunto. El concepto de pertinencia se ciñe así al papel que la educación superior desempeña en la sociedad y lo que ésta espera de aquélla. La pertinencia tiene que ver con la misión y la visión de las instituciones de educación superior, es decir, con su ser y su deber ser, con la médula de su cometido, y no puede desligarse de los grandes objetivos y necesidades de la sociedad en que dichas instituciones están inmersas ni de los retos del nuevo contexto mundial. Por lo tanto, la pertinencia de la educación superior no se agota en su dimensión económica, sino que abarca sus otras dimensiones: laboral, social, cultural y ecológica.

Como puede verse, el concepto de pertinencia de la educación superior ha evolucionado hacia una concepción amplia de la misma y a su estrecha vinculación con la calidad, la equidad, la responsabilidad social, la diversidad, el diálogo intercultural y los contextos en que se desenvuelve. Junto con la calidad, la pertinencia debe considerar los compromisos públicos y los roles sociales que corresponden a las instituciones de educación superior. Y es que la universidad es una institución cuyo referente es la sociedad y no únicamente el mercado.

Todo esto apunta a fortalecer la convicción que las instituciones de educación superior tienen una ineludible responsabilidad social y no solo académica y profesional. Y, lo más importante, es que dicha responsabilidad social, en última instancia, es la que realmente determina su pertinencia y calidad. 

Es evidente la interdependencia que existe entre pertinencia y calidad, al punto que podemos afirmar que la una presupone a la otra, como las dos caras de una misma moneda.  Pertinencia y calidad deben marchar siempre de la mano, pues la pertinencia no se logra con respuestas educativas mediocres o de baja calidad. A su vez, los esfuerzos encaminados a mejorar la calidad de la educación superior no pueden omitir la valoración de su pertinencia. En los procesos de evaluación institucional, la valoración de la calidad y de la pertinencia social deberían recibir la misma atención.

Cualquiera que sea la definición de calidad y los criterios para evaluarla, la calidad de un sistema universitario es el producto de varios factores y procesos. En el sistema universitario existen tres procesos básicos: docencia, investigación y extensión.  Existe igualmente un proceso general que envuelve a todos: el proceso de gestión. La evaluación de la educación superior comprende la evaluación de los productos de cada proceso y de los procesos mismos y no se limita al juicio sobre el diseño y la organización curricular ni a la constatación de si son o no suficientes los recursos involucrados. Debe ir más lejos, pues un currículo refleja la concepción que se tiene frente al ser humano, la sociedad y el conocimiento. Además, la evaluación de la educación superior debe inscribirse entre las estrategias de cambio y la transformación. Evaluar para mejorar y transformar.

La acreditación no puede limitarse al cumplimiento de una calidad sin patria. Amén de criterios internacionales de calidad basados en la tradición científica, la calidad también debe tener relación con la pertinencia. La patria de la calidad es la pertinencia. La calidad debe vincularse a la pertinencia social y no a la competitividad exclusivamente, porque la educación superior está al servicio de la sociedad y no solo de las empresas.

El autor es educador, académico y escritor. Fue rector universitario y ministro de Educación.

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