El Foro de Sao Paulo y sus resoluciones

El Foro de Sao Paulo que se reunió el fin de semana pasado en Brasil defraudó a algunas personas que siendo democráticas esperaban que allí se condenara o al menos se criticara al régimen de Nicaragua.

El Foro de Sao Paulo realizó en la capital brasileña la XXVI asamblea general de sus partidos y movimientos afiliados, todos, o casi la totalidad de ellos, de la izquierda latinoamericana radical.

 Los partidos gobernantes de Cuba, Nicaragua y Venezuela son los miembros más apreciados del Foro de Sao Paulo. De manera que no tiene explicación que algunas personas que son democráticas, y sobre todo víctimas de esos regímenes, creyeran que allí se podría aprobar alguna resolución que los cuestionara y pidiera respeto a los derechos humanos.

 Por el contrario, y como era de esperarse de acuerdo con la lógica política, la declaración final de la vigésimo sexta reunión plenaria del Foro de Sao Paulo respalda de modo incondicional a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela y todas sus acciones políticas internas y exteriores.

La política es una disciplina coherente y racional —a pesar de las irracionalidades de muchos políticos—, por lo cual desde los tiempos de Aristóteles se le considera como una ciencia y un arte al mismo tiempo.

En realidad, creer que el Foro de Sao Paulo pudiera condenar a los regímenes autoritarios es tan absurdo como esperar que una asociación de partidos políticos de centroderecha como la Internacional Demócrata de Centro (IDC) apoye a las dictaduras. Esto no lo hace ni siquiera la Internacional Socialista (IS), que es de izquierda, pero moderada y por eso expulsó al FSLN de Nicaragua que se hacía pasar por democrático.

 Como se ha dicho muchas veces, el Foro de Sao Paulo fue creado en 1991 por Fidel Castro, Hugo Chávez y Lula da Silva (actual presidente de Brasil), con el propósito de reanimar al movimiento revolucionario e izquierdista de América Latina que estaba abatido por la caída del comunismo en la Unión Soviética y sus colonias de Europa Central y Oriental.

La idea de los fundadores del Foro era que la izquierda revolucionaria surfeara sobre la ola democrática que bañaba a la región y aprovechara las posibilidades y recursos de la misma democracia para sobrevivir y, donde se pudiera, ganar el gobierno en elecciones populares. Y a partir de allí impulsar transformaciones económicas y sociales profundas respetando las instituciones de la democracia. Pero también hacerlo de manera autoritaria concentrando todo el poder en manos del partido o el líder revolucionario, allí donde las circunstancias lo permitieran.

 Por eso es que Lula da Silva respeta las instituciones democráticas brasileñas e invoca la democracia representativa en algunos de sus discursos, sin dejar de apoyar plenamente a los regímenes autoritarios.

Es que no se puede esperar peras del olmo, como dice la conocida expresión española, que significa “esperar en vano de alguien lo que naturalmente no puede provenir de él por su educación, su carácter o su conducta”. Esto ha sido demostrado una vez más en el caso de las personas democráticas que esperaban saliera algo bueno de la reciente reunión del Foro de Sao Paulo, y se quedaron esperándolo.

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