Las enseñanzas de las revoluciones de julio

Este martes 4 de julio se conmemora el 247 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos (EE. UU.), la carta magna de valores y derechos fundamentales que dio sustento y proyección histórica universal a la revolución americana.

También en julio se conmemoran otras efemérides revolucionarias: el 11,  la Revolución Liberal de Nicaragua de 1893; el 14, la Gran Revolución Francesa de 1789; el 19, la Revolución Sandinista de Nicaragua, y el 26 el Asalto al Cuartel Moncada de Cuba en 1953, que fue la antesala de la Revolución Cubana de 1959.

Como suele suceder con los grandes fenómenos históricos, algunas de esas revoluciones fueron para bien de las naciones donde ocurrieron, y de toda la humanidad. Pero otras cambiaron unos malos regímenes por otros y sometieron a la gente de los países donde ocurrieron, a condiciones de sobrevivencia peores que las anteriores.

En el rango de las revoluciones  positivas está la de Independencia de Estados Unidos, cuya Declaración representó el fin de la dominación colonial británica sobre las colonias norteamericanas, pero también, y sobre todo, proclamó de manera firme y duradera que —como escribe Daphne Posadas en la revista electrónica de la Fundación para la Educación Económica, FEE— “el verdadero progreso, el automejoramiento y la felicidad se derivan de la libertad individual y no de la autoridad gubernamental”. O sea que puso a persona humana por encima del Estado.

También la Gran Revolución Francesa que se conmemora el 14 de julio, después de un período tormentoso, odios de clase, revanchas personales y anarquía social, aseguró para la posteridad los grandiosos principios de libertad, igualdad y fraternidad desarrollados en Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que sirvió de base a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

De sentido negativo y nefasto es el impacto histórico de los otros fenómenos revolucionarios cuyos líderes engañaron a la gente prometiendo libertad, democracia, justicia y enaltecimiento de la dignidad humana, pero desde que tomaron el poder por medio de la violencia hicieron todo lo contrario.

Pero en ambos casos, el positivo y el negativo, la experiencia de las efemérides revolucionarias de julio es de la mayor importancia, siempre y cuando se quiera aprender de ellas. Es decir, inspirarse en las positivas para empoderarse con los propios derechos y actuar en el sentido del progreso histórico. Y aborrecer las experiencias revolucionarias negativas que han sometido a la gente a nuevas formas de servidumbre e inclusive de esclavitud.

Todas las personas humanas nacen libres, dotadas de derechos intrínsecos e inalienables y en libertad deben vivir. Como proclama la Declaración de Independencia de los Estados Unidos cuyo nuevo aniversario se conmemora hoy en ese país y en todo el mundo, cada ser humano tiene derecho a la justicia, a vivir con seguridad y a buscar personalmente su propia felicidad.

Por el contrario, la opresión impuesta por las revoluciones de signo totalitario es un ultraje a la dignidad humana que de ninguna manera debe ser aceptada.

Editorial

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Una equivocación en el segundo párrafo: «El 19 la revolución Sandinista en Nicaragua». No fue revolución sino más bien ‘Robo-lución’. «Quítate vos, para ponerme yo». Los cabecillas «Sandinistas», muchos de ellos en el exilio en el presente, actuaron como piratas y que de ser pordioseros pasaron a ser millonarios con el botín de la ‘Robo-lución’ .

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