Rebelión del Grupo Wagner, un nacatamal mal amarrado

En Nicaragua cuando una o más personas tratan de demostrar algo que les favorece, pero que no termina de convencer, usamos la expresión; “ese nacatamal está mal amarrado”. Nacatamal es una comida típica de los nicaragüenses que se envuelve en hojas de plátano, se amarra con fibras de la misma planta y se pone a hervir en agua. Por eso escogí ese término para referirme a la rebelión del jefe de los mercenarios y su tropa conocidos como Grupo Wagner. Aunque ya en un artículo reciente me referí a Yevgeny Prigozhin jefe del grupo, puedo decirles que fue condenado por robo y asalto en 1981 y sentenciado a 12 años de prisión. Tras su liberación, abrió un restaurante en San Petersburgo en la década de 1990. Fue entonces que conoció a Putin, quien era vicealcalde de la ciudad. Prigozhin usó esa conexión para desarrollar varios negocios y obtuvo contratos lucrativos del gobierno ruso que le valieron el apodo del “chef de Putin”.

La compañía de Prigozhin fue llamada Grupo Wagner por el apodo de su primer comandante, Dmitry Utkin, un teniente coronel retirado de las fuerzas especiales del ejército ruso. Recientemente fuentes del pentágono, estimaron el gasto de estos mercenarios en poco más de 100 millones de dólares mensuales, personalmente lo califico como un ultranacionalista despiadado y cruel, lo que ha quedado demostrado en los lugares en donde el Grupo Wagner ha actuado. No hay duda que gozaba del apoyo total de Putin, pues el grueso de sus combatientes los obtenía de los prisioneros a los que les ofrecía indultos después de servir en sus fuerzas, algo que solo era posible con el visto bueno del presidente ruso.

El hecho que dicho grupo llegó a tener en algún momento un aproximado de 50 mil hombres y estos sean los que estaban al frente de las duras batallas y la facilidad que tenía para dar entrevistas, le permitían estar continuamente en las noticias a nivel mundial. Hoy sabemos que su rebelión de 48 horas terminó llevándolo al exilio en Bielorrusia gobernada por un lacayo de Vladímir Putin, presidente de Rusia. El hecho que se esté conociendo que había más de un servicio de inteligencia de la OTAN que estaba al tanto de sus intenciones y que hoy esté preso un general ruso por no comunicar lo que sabía sobre la inconformidad de Yevgeny Prigozhin y que el mismísimo Putin declarara que en un año se les pagó a los Wagner nada menos que 800 millones de dólares por sus servicios, no deja dudas sobre a quién se suponía que debía su lealtad.

Pero vayamos a lo que pretendo exponer. Sin importar cómo la nomenclatura rusa quiera disfrazar dicha rebelión, esta dejó al descubierto enormes grietas en el ejército y la política de esa nación. El hecho de que en solo dos días hayan podido llegar sin oposición alguna a Rostov del Don que los soldados rusos le hayan abierto las puertas de las instalaciones militares y que además haya sido recibido como héroe por una población de más de un millón de habitantes, es algo que demostró la desaprobación del pueblo ruso a la mal llamada Operación especial. El hecho que Putin haya retirado todos los cargos por sedición al Grupo Wagner, rebela un deseo de pasar la página lo más rápido posible, pues quedó más que demostrado que si Yevgeny Prigozhin hubiese querido, hubiera llegado a las puertas del mismísimo Moscú y puesto en más aprietos a Putin.

Pero dejemos descansar un poco a los Wagner y tratemos de encontrar algo positivo de todo esto, para mí, ya Putin no debe tener ninguna duda de que su operación especial es repudiada por el pueblo ruso, que su ejército no tiene ni la capacidad militar ni material para ganarle una guerra a Ucrania y sus aliados, que las dificultades económicas continuarán incrementándose día a día y que si hace oídos sordos a las solicitudes de diálogos que le han hecho varios países, incluyendo al delegado del Vaticano que al momento de escribir este artículo se encuentra en Rusia tratando de mediar en nombre del papa Francisco, su permanencia en la presidencia de Rusia se podría ver muy afectada por no decir otra cosa. Esperamos que entre en razón y entienda que las invasiones para anexarse territorios de otros países son cosas del pasado.

El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

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