A un padre

La paternidad puede ser adquirida de manera accidental, casual o irresponsablemente   sorprendiendo a sus autores; los que sin saber que hacer actúan por ensayo y error, lo que conlleva al éxito o al fracaso en sus productos, ello se refleja cuando vemos niños en las calles, desamparados, huérfanos, abandonados, sin hogar, deambulando por las calles en búsqueda de techo, abrigo y alimento.

Ser padre debería incluir responsabilidad, amor, bondad, dedicación, creatividad, poder, orgullo, superioridad, omnipotencia; enfrentando un sentido biológico versus un sentido religioso.

Para algunos el Día del Padre es considerado solo consumismo, un negocio que implica una reunión familiar donde se reforzarían  los vínculos entre padres e hijos. Hay que decir que  los padres no siempre están interesados en reconocimientos, tal vez siendo concientes de su manera de actuar frente a sus hijos  y piensan que realmente no los necesitan ni lo merecen  y que nadie está obligado a dárselos.

Si tiene a su padre vivo y está cerca de usted bríndele lo que usted pueda darle, almuerzos, cenas, paseos, fiestas, regalos, poemas, chocolates o tarjetas de felicitación. Si falleció trate de visitar un cementerio, colóquele flores y ore por él  o tenga un encuentro con él más íntimo o espiritual; porque de seguro él reza por usted donde se encuentre. Si están distanciados llámelo, no deje pasar esta oportunidad para la reconciliación y el perdón mutuo, podría ser la última.

Si no se conocieron, piense  que fue bueno, por que no está en usted juzgarlo pues recuerde que usted seguro será juzgado por sus hijos; no escupa al cielo que en la cara no le caiga.

A los padres ausentes en la familia, no por motivos de muerte, la ausencia de recuerdos en la mente de sus hijos, sin memoria de ellos será castigo suficiente.

Vivimos en un  complejo mundo de relaciones psicológicas, sociales y familiares, polarizadas que van desde un abandono total hasta un acercamiento familiar casi mimetizado entre padres e hijos, con complejos nudos y vínculos familiares que generan en las personas extrañas relaciones los que muchas veces desarrollan personalidades patológicas y enfermizas; desde las totalmente dependientes, las de carácter psicótico, los bipolares en sus fases maniaco depresivas, sin olvidar las que llevan al suicidio producto de un entramado psicológico diverso, que va desde una simple pero compleja relación entre padres e hijos, que por el momento algunos terapeutas no se encuentran en capacidad y de  intervenir.

En  tiempos de altos índice de feminicidios producto de celos fundados e infundados, de un  machismo extremo, donde se requiere de especialistas que nos expliquen la causalidad de los problemas, diagnostiquen e intervengan así como brinden un tratamiento que busque la habilitación o rehabilitación de las personas, por qué hoy hay tantos o más feminicidios que antes producto de relaciones familiares afectadas en sus diversos esquemas referenciales de la mente no explorada o desafecta de atención.

Porque cabe  preguntarse ¿a  quién le interesa intervenir en la salud mental de una sociedad sin brújula, sin destino, sin norte, sin fin?

El autor es maestro de educación especial, psicólogo y escritor peruano.

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