Decálogo del maestro, en su día

El 29 de junio se celebra en Nicaragua el Día del Maestro. Esta fecha fue escogida para honrar a Emmanuel Mongalo y Rubio, por una heroica hazaña que realizó el 29 de junio de 1855 en la batalla de Rivas de la Guerra Nacional contra los filibusteros yanquis invasores.

 Mongalo era maestro y según los historiadores cuando terminó aquella guerra con la victoria de las armas nicaragüenses y centroamericanas, volvió a su labor magisterial enseñando geografía e historia con textos escritos por él mismo. Mongalo y Rubio murió muy joven, el 1 de febrero de 1872, cuando apenas tenía 38 años de edad.

La profesión magisterial es enaltecida en todas partes del mundo, desde la más remota antigüedad. En la actualidad, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), recomienda celebrar el Día Mundial de los Docentes el 5 de octubre de cada año, en conmemoración de que en esa fecha de 1966 fue aprobada la Recomendación relativa a la Situación del Personal Docente. Pero no es obligatorio celebrarlo en esa fecha, cada país escoge la propia, como en Nicaragua se escogió el 29 de junio en memoria de Mongalo.

 Se conoce que en la actualidad las maestras y maestros de Nicaragua no pasan por una buena situación, ni material ni espiritual, salvo los que son seguidores del régimen que en cualquier circunstancia están o dicen estar complacidos.

Muchos educadores están en el exilio, o se encuentran en el desempleo porque fueron despedidos a raíz de los acontecimientos sociopolíticos de 2018. Los docentes de las escuelas parroquiales de la Iglesia católica están siendo intimidados por el régimen y reina en ellos la incertidumbre. Los que están en las nóminas ordinarias del Ministerio de Educación (Mined) sufren la penuria de un costo de vida que sube sin parar, mientras sus sueldos permanecen básicamente estancados.

Todos los educadores que respetan su conciencia ética sufren éticamente al ser obligados a degradar la educación con propaganda política, con una ideología sectaria y el fomento del culto a la personalidad de los gobernantes.

Pero el maestro y la maestra que son de vocación y se respetan a sí mismos hasta en las peores circunstancias son leales a la ética de su profesión.

El psicólogo y maestro puertorriqueño Efraím Sánchez Hidalgo define en su libro Psicología Educativa los diez mandamientos del maestro y la maestra válidos para los educadores de todo el mundo. Dicho decálogo del educador establece los siguientes diez compromisos fundamentales del maestro:

“1. Respetaré al alumno en todo momento.
2. Reconoceré en el alumno sus limitaciones, sin asumir una actitud perfeccionista hacia su personalidad y su conducta.
3. Enfocaré la conducta del alumno desde un punto de vista dinámico, procurando descubrir inicialmente la causa que la impulsa.
4. Crearé en la escuela un clima emocional de alegría. Vivir alegremente es vida saludable.
5. Veré en cada alumno un organismo en desarrollo y me afanaré porque este se logre en las mejores condiciones posibles.
6. Conservaré la flexibilidad del alumno descartando hasta donde sea posible todo procedimiento o metodología que estimule la rigidez y la uniformidad.
7. Alentaré al alumno a señalar objetivos que correspondan a sus talentos, capacidades e intereses.
8. Me esforzaré constantemente por mejorar las relaciones humanas del alumno, consciente de que la calidad de estas es el mejor índice de salud mental.
9. Alentaré en el alumno la actividad.
10. En mi relación con el alumno, mantendré una actitud serena y tranquila, sin perder mi dominio emocional”.

Por su función humana y social las maestras y maestros gozan del respeto y cariño de los padres y madres de familia, y de toda la sociedad. Y lo tienen siempre, todo el año, no solo en el día de su merecida celebración.

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