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Antes de que lo echaran preso, Santos Camilo Bellorín solo se preocupaba por su familia, sus tierras y por su equipo de beisbol favorito: Los cañoneros de Somoto. Toda su vida la había vivido en la comunidad Guasuyuca, municipio de Pueblo Nuevo, departamento de Estelí, pero desde febrero pasado, la dictadura de Daniel Ortega lo desterró a Estados Unidos y ahora trata de sobrevivir en Nueva Jersey.
El cinco de noviembre de 2021, este campesino fue encarcelado y posteriormente condenado a 11 años de prisión por ciberdelitos, y el 9 de febrero de 2023 fue desterrado a Estados Unidos junto a otros 221 presos políticos. “Yo no entiendo por qué me hicieron esto”, repite Santos Camilo. No lo entiende porque él no sabe usar un teléfono, tampoco se mete en política y le parece injusto que lo hayan detenido después de arriesgar su vida cumpliendo el Servicio Militar de los años ochenta.
Santos Camilo vivió su infancia en pobreza extrema. Desde muy pequeño, su padre Candelario Bellorín le enseñó a trabajar en agricultura y hasta los 11 años le pudieron comprar su primer par de zapatos. A los 17, fue enviado a cumplir con su Servicio Militar, en el año 1984, y una vez que lo desmovilizaron, se dedicó al trabajo de campo y, de vez en cuando, apoyaba en campañas políticas a Arnoldo Alemán.
Este campesino dice que en sus 58 años de vida jamás utilizó una red social y tampoco sabía cómo utilizar un teléfono. “Si hasta cuando nos mandaron para acá (Estados Unidos) en el hotel nos dieron un celular y quien me estuvo ayudando para usarlo fue don Noel Talavera, que fue preso político también, pero eso ya fue aquí”, dice, y todavía se le sigue dificultando guardar un número de teléfono o tomarse una fotografía.

En Nueva Jersey, vive solo en un cuarto que consiguió alquilar hasta hace poco que empezó a trabajar, pero su principal preocupación en este momento es pagar una cuenta de 1,200 dólares que le está cobrando un hospital por una ocasión en que llegó solicitando atención de emergencia.
Lo que más le duele, fue dejar a su familia y sus tierras. Cuando lo desterraron, la Policía trató de tomarse sus propiedades, pero la familia las vendió antes de que él fuera enviado a Estados Unidos porque sin él no podían trabajarlas y necesitaban el dinero para sobrevivir. “Ya en Nicaragua no tengo nada. Solo a mi familia” lamenta.
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El gobierno de Daniel Ortega dice que usted tiene habilidad para la tecnología
Yo soy un campesino que me he dedicado a trabajar la tierra y de tecnología no sé nada. No tenía computadora y tenía un celular pero que eran de esos que llaman “chicleros”. No tenía ni Facebook, ni internet, ni nada. Más bien cuando necesitaba poner un número de teléfono me ayudaba un hijo mío y siempre me decía: aprenda papá, aprenda.
Y la política, ¿le llama la atención?
Yo no me metía en nada de política. Desde que Arnoldo Alemán hizo pacto con Daniel Ortega yo le dije a mi familia que nos retiráramos de eso porque la política era un negocio, no miraban por el pueblo. Uno daba el voto para que en Nicaragua viviéramos en tranquilidad, pero siempre seguían en lo mismo. Y cuando Daniel Ortega ganó ya nos habíamos apartado de eso. Con Enrique Bolaños todavía lo estuve apoyando, pero no voté por él porque en una campaña dijo que nos arremangáramos las mangas y nos pusiéramos a trabajar y eso no me gustó porque lo miré como que nos quería decir: vayan y trabajen, no estén esperanzados en un gobierno. Así lo tomé yo.
Usted hizo Servicio Militar en los ochenta
Sí, yo fui un cumplidor del Servicio Militar. Anduve dando mi fuerza y mi juventud en una guerra dispuesto a morir. No tuve la oportunidad yo de entenderme con las chavalas, si no que fue una juventud más que todo temerosa. Yo tenía un hijo y mi señora estaba embarazada y por eso no era apto para ir a la guerra porque yo tenía que hacerme cargo de la familia, pero ellos les valió y me llevaron. Anduve por la zona de Yalí, Jinotega, todo eso.
¿A qué edad se casó?
Me casé a la edad de 16 años y a los 17 ya me llevan para el Servicio Militar. Ya después esa señora y yo nos dejamos por varios motivos y conocí a mi otra señora que es con la que estoy hasta ahora y tuvimos dos hijos varones. Con la primera no hemos perdido la amistad y tuvimos dos hijos también.
¿Cómo fue su infancia?
Vivía en un círculo cerrado porque no tuve eso como todo joven que salía a las ciudades o a la calle. Era bien temeroso porque en ese entonces los padres lo criaban a uno bien miedoso. No tenía muchas relaciones con demás jóvenes o con otras chavalas. No tuve eso de chilear, platicar o abrazar una chavala. Siempre trabajaba con mi papá en agricultura y caminaba descalzo porque no teníamos para comprar zapatos. Fue hasta como los 11 años que tuve mis primeros zapatos.

Después de la guerra, ¿a qué se dedicó?
En ese tiempo quedaron muchas armas en manos de gente que andaba en las milicias y después cuando terminó la guerra, hubo mucha gente que se fue con los grupos de los recontras. Me buscaron para que me fuera con ellos, pero yo les dije que no, que yo ya había estado en una guerra y no quería estar en otra guerra enmontañado ¿Para qué? Si ya había ganado doña Violeta.
Entonces me quedé dedicado a la agricultura hasta el día en que me llevaron preso. Yo trabajaba en una manzana que tengo, una manzana de café y le ayudaba a mi esposa con una pulpería que ella tiene. Vivíamos con muchas dificultades. Ella sacaba fiado de las distribuidoras y con lo que sacábamos íbamos pagando.
¿Tiene vicios?
Ahora ya no. Antes si tomaba bastante licor, pero ya después estuve en un grupo de alcohólicos anónimos por 12 años. Caminábamos en las calles invitando a muchos jóvenes que estaban en el vicio del alcoholismo y llegamos a tener hasta 40 jóvenes. Tengo bastante experiencia en lo que es lo de alcohólicos anónimos. Después el grupo se desintegró y nos fuimos quedando solos. Ya después me quedé solo trabajando en agricultura.
¿Lo golpeó en su vida el alcohol?
Sí, el alcoholismo me llevó a casi vivir de la caridad pública, pero gracias a Dios me levanté. Dejé de tomar a los 35 años. Llevo más de 20 años de no tomar.
¿Dónde estaba usted cuando estallaron las protestas de abril en 2018?
Yo estaba en mi casa, en Guasuyuca. Un vecino puso una bandera azul y blanco en la comunidad frente a una cancha, pero yo no le puse mente porque yo no sé con qué intención puso eso. A mí me llegaron a invitar a una protesta, pero yo les dije que no, que conmigo no contaran porque no morí en una guerra y voy a morir protestando. Ya después no me volvieron a buscar.
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¿Qué estaba haciendo cuando se lo llevaron preso?
Yo caí preso un día antes de las elecciones (de 2021). Yo estaba en mi casa, en chinelas, descansando y ayudándole a mi esposa a vender cuando llega un capitán de la Policía y me llama. Yo como cordero manso fui y me dijo que lo acompañara porque me querían hacer unas preguntas en la delegación. Yo me fui con él en la patrulla y todo bien, pero cuando llego a la delegación de Pueblo Nuevo, ahí me ponen las esposas y me quitan mis cosas. Yo les pregunté que porqué me enchachaban si yo no había cometido delito, y me dice uno: es que tenemos un informe que te tenemos que agarrar. De ahí me llevan para Estelí y estuve preso tres días.
¿Le dijeron cuál era el motivo de su detención?
No me dijeron. Pero después de esos tres días, yo me voy a mi casa tranquilamente. Como a las seis de la noche yo estaba acostado y llegaron otra vez. Le dijeron a mi señora que yo tenía que firmar un documento de que estuve preso porque me había ido sin firmar y que si no firmaba me iban a echar preso otra vez, entonces tenía que ir a firmar ese documento a Pueblo Nuevo. Al día siguiente me fui con mi hermano y con un hijo mío a ver cuál era el documento que iba a firmar. Ahí mismo me agarraron, me montaron a la camioneta y me llevaron a Estelí.
¿En Estelí que le dijeron?
Me interrogaron varias veces. Me decían que yo recibía plata de Estados Unidos, que de una organización. Me dijeron que yo había regado unas boletas contra el gobierno, que en la comunidad yo hice una reunión para hablar en contra del gobierno, y después me hicieron un juicio injustamente.
¿Cómo lo trataron en la cárcel?
Había días que yo no dormía nada porque me metían con muchos borrachos, pandilleros y un día unos pandilleros empezaron a golpear a todos los presos. A mí no me hicieron nada sí. Yo sentía que los policías los metían ahí para que me golpearan, pero no me tocaron. Después me movieron al Sistema Penitenciario y estuve en una celda con muchos reos de mal carácter, que tenían mucho tiempo en la cárcel y me miraban con mucho odio. Estaba en una celda como de 6 metros cuadrados y había hasta 32 presos. Había un calor sofocante. Estar ahí no se lo deseo a nadie.
Ahí mismo estaba el baño, y el manjol donde íbamos a hacer las necesidades. Pasábamos apretados. Había unos presos que machucaban al otro, pero no había como pasar. Una vez, uno se enojó conmigo porque le prensé el pie, pero no había cómo pasar. Ahí pasaba aguantando hambre y dolor porque una vez me sentía enfermo con un dolor en el corazón y hasta como ocho días después me dieron una pastilla.
¿Cómo lo trataban los guardias?
Más que todo me trataban de golpista. Yo les decía que estaba preso injustamente porque unos eran ladrones, otros habían matado, pero yo no había hecho nada. Había mucha tortura psicológica porque me mencionaban a mi señora o a mi hijo. Ellos decían que merecíamos estar ahí con los demás presos comunes, que mejor el gobierno le quitara la condena a los reos comunes, pero que a los políticos no nos sacaran, que merecíamos la cadena perpetua.
¿Cómo fue el juicio?
Fue un juicio inventado. Nunca demostraron lo que decían y siempre mintieron y seguían órdenes. Decían que yo había usado las redes sociales para hablar mal de gobierno. Yo la tecnología nunca la utilicé, pero ellos decían que yo había hablado mal del gobierno, que decía que estaba bueno que a Nicaragua le aplicara la Nica Act y montón de inventos que se sacaron que es increíble de creer. El juez nunca me volteó a ver. Su mirada era solo para los policías y la fiscal. Ni me puso atención cuando di mis últimas palabras en el juicio.
¿Qué dijo usted en esa ocasión?
Yo les pregunté que por qué el gobierno me pagaba de esa manera, siendo yo un campesino, trabajador y que había expuesto mi vida en la guerra. Que yo no sabía nada de redes sociales, pero que si me preguntaban por el arado, por los bueyes, por la yuca, yo le iba a contestar porque en eso sí soy profesional. Que era una injusticia lo que cometieron conmigo.
Usted fue condenado a 11 años de cárcel, ¿pensó que estaría todo ese tiempo preso?
Yo me hice la idea de sobrevivir hasta donde pudiera. La familia fue un gran apoyo. Me decían que no perdiera la fe en Dios y que no iba a cumplir los 11 años a como ellos decían.

¿Cómo fue la noche en que lo liberaron?
Me llegaron a sacar junto a los otros tres presos políticos que estábamos ahí y nos dieron una ropa para que nos la pusiéramos. Ahí yo ya sabía que íbamos libre. Nos montaron a un microbús y agarró para Managua. Nos llevaron para La Modelo, nos metieron a un galerón en La Modelo y nos dieron comida. Después nos metieron en un bus, con otros presos, que iba bien tapadito y de ahí nos llevaron para la Fuerza Aérea. El susto mío es cuando veo el gran avión y una gringa que había ahí me abrazó y me dijo que estábamos liberados. Ya de ahí me subí al avión y conocí a Lesther Alemán, a Dora María Téllez, nos dimos las manos y nos saludamos porque había un compañerismo ahí de nicaragüenses.
Mientras iba en el avión, ¿qué pensaba?
Se me venían ideas negativas. Pensaba en que mejor no hubiera nacido o me hubiera muerto en el Servicio Militar porque estaba viniendo a sufrir por algo que no hice, por un juez que te destierra sin corazón, una policía que te inventa cualquier cosa. Es el peor castigo que le pueden hacer a un campesino como yo que dejó a su familia. Dejé a mis hijos, mi señora, mis tierras, y me toca venir a otro país, a empezar de cero. Tenía una vida feliz, y después sentía que mi vida se volvió un infierno.
¿Qué ha sido lo más duro para usted en Estados Unidos?
Lo más duro ha sido empezar de cero y levantarme de nuevo. Tratar de encontrar trabajo y salir adelante. En marzo me enfermé de un dolor en el corazón y fui a una clínica aquí, pero después me llevaron en una ambulancia a un hospital. Yo creí que aquí no se pagaba, pero ahora me están cobrando 1,200 dólares solo por llegar al hospital y un medicamento que me recetaron.
¿Tiene algún problema en el corazón?
No sé. Esa vez fui porque no podía dormir por el dolor en el corazón y me dolía el brazo izquierdo y se me movía solo. En el hospital me atendieron bien, me controlaron el dolor y un doctor me preguntó que si tenía problemas psicológicos y yo le expliqué que había estado preso y que era desterrado del gobierno. El doctor me dijo que esa era una afectación psicológica que yo tenía. Ahora me sigue dando lo mismo, pero ya no voy al hospital ¿Qué voy a hacer si tengo que pagar aquí?
¿Ha podido conseguir trabajo?
Sí, hasta ahorita conseguí un trabajito en una fábrica de jeringas. Voy a hacer cajas y empacar. Me costó conseguir trabajo aquí más que todo por la edad porque todos me decían que a mi edad no rendía, pero menos mal en la fábrica ya conseguí.
¿Qué espera usted para su futuro y para Nicaragua?
Yo espero volver con mi familia y estoy confiando siempre en Dios. Desde el día que me echaron preso, no he vuelto a ver mi esposa. En Nicaragua hubo una guerra de 10 años y la gente siempre decía que no se iba a acabar, pero yo confío en Dios que pronto todo se va acabar y Nicaragua va a ser libre.
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