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Algunos le llaman indigente, vago o hasta drogadicto, pero Alexis dice que él no es nada de eso. “Estoy viviendo la vida que yo quiero”, menciona Alexis Pantoja, mientras relata cómo fue que tomó la decisión de dejar todo y dedicarse a vivir en la calle.
Alexis se considera un peregrino, que va de un lado a otro sin rumbo fijo y capaz de dejar la vida en donde lo atrape la noche. Su travesía lo ha llevado a vivir, por ahora, en San José, la capital costarricense. Cuando ya no se sienta bien en esa ciudad, se moverá, dice. Sabe que muchas personas no pueden entender su manera de vivir, pero él trata de explicarlo con una canción:
No todos los que vagan están perdidos
Las zorras tienen cuevas y las aves nidos
Pero yo no tengo ni donde caer dormido
Me dicen errante por caminar libremente
Aunque soy peregrino me llaman indigente
Bebedor de vino, que tengo demonios, y demente
Por el momento, Alexis está viviendo en un espacio que una organización le ha dado y también da clases de piano a otras personas en condición de calle como él. Tiene 43 años, ha escrito dos canciones, se ha presentado en algunos conciertos en Costa Rica y aspira, en algún momento, grabar un disco con sus canciones.

“Bohemio”
Alexis nació en Honduras, en un pueblo llamado Valle de Ángeles, el 21 de mayo de 1980. Su familia vivía en Estelí, pero migraron al vecino país debido a la guerra que estaba iniciando en Nicaragua.
Era el tercer hijo de la familia y a los pocos días que nació Alexis, decidieron regresar por un tiempo, de manera que Alexis vivió en Nicaragua sus primeros seis años de vida hasta que nuevamente se fueron para Honduras con su madre, Mercedes Padilla, pero su padre, Fernando Pantoja, se quedó en Nicaragua trabajando en el ingenio San Antonio.
Con mucho esfuerzo, el padre de Alexis logró comprar una casa en Managua, a inicios de los noventa y la familia regresó al país en 1995.
En Honduras, Alexis estudió hasta tercer año de secundaria y terminó el bachillerato en Managua. Luego, decidió estudiar Ingeniería en Sistemas en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Relata que siempre fue buen estudiante, pero esa carrera no era la que verdaderamente le llamaba la atención y que la escogió sin revisar bien de qué se trataba.
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En 1998, Alexis empezó a tocar el piano en una iglesia evangélica a la que asistía con su familia. Cuando manejaba lo básico, se aventó a tocar por su cuenta y después, ingresó al conservatorio de música de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) en donde terminó de afianzar sus conocimientos.
Cuando ya había terminado la universidad, en una ocasión, Alexis estaba saliendo de una sala de cine y se encontró con una vieja amiga. En la plática, la mujer le consultó que si estaba interesado en trabajar en una línea aérea y él respondió que sí. Su amiga consiguió que lo contrataran en American Airlines a los pocos días. En ese momento, Alexis se separó de la música.
Estuvo tres años trabajando para esa aerolínea brindando atención al cliente. A veces le tocaba atender a los pasajeros en el mostrador o en la sala de abordaje, y en otras le tocaba lidiar con las personas a las que se les perdía la maleta en el vuelo.

Después, Alexis renunció y empezó a trabajar en un call center por unos nueve meses, luego se fue a trabajar a otro por dos meses, luego a otro por un mes, y así estuvo porque, según él, no era su mundo y le gustaba más trabajar en el aeropuerto así que volvió a solicitar empleo en algunas aerolíneas hasta que Copa Airlines lo contrató.
Para esa aerolínea trabajó un año y medio, y luego pasó a trabajar con Volaris por unos meses hasta que quedó desempleado. Su hermano menor, Fabio Pantoja, le propuso que se fuera con él para Estelí porque iba a abrir un hostal y quería que Alexis le ayudara con la administración. Él aceptó.
El hostal funcionó unos pocos meses porque después estalló la crisis política de abril de 2018, entonces los hermanos Pantoja no tuvieron más opción que cerrar al ver que no estaban generando suficientes ingresos para sostener el negocio.
Alexis relata que, tras el fracaso del hostal, su hermano Fabio decidió migrar hacia Honduras, y él se quedó solo en Estelí. Podía regresar a Managua a vivir con su familia o buscar trabajo en una empresa, pero a sus 38 años de edad, decidió quedarse viviendo en la calle porque sentía que necesitaba algo que lo llenara espiritualmente.
Explica que buscaba plenitud en su vida para sentirse bien consigo mismo y que desde muy joven había querido experimentar qué se sentía vivir en la calle y dejarse llevar por la vida. “Ahí empezó mi vida más hippie, o más bohemia”, comenta.

En la calle
Cuando Alexis tenía 23 años se preguntó por primera vez: ¿qué se sentirá dormir en la calle?
Para encontrar una respuesta, se fue a dormir a una playa solo. “Amanecí todo picado de cangrejos”, relata. Fue algo contemplativo, explica, sin consumir drogas ni alcohol. Solamente llegó, se acostó en la arena, se arropó con una manta y ahí durmió.
Varios años más tarde, tras el cierre del hostal de su hermano, sintió que era el momento de su vida para hacer lo que siempre había querido, así que empezó a vivir en las calles de Estelí. Comía lo que podía, se bañaba cuando conseguía un baño prestado, y algunas veces, amigos y conocidos le daban un espacio donde quedarse en sus casas, pero cuando no, le tocaba dormir en una acera, en un puente, o donde demandara la ocasión.
Para él, la experiencia de aquellos años fue como “un proceso de autoconocimiento”, dice. Mientras vivía en la indigencia, empezó a consumir drogas. “En ese tiempo empecé a incursionar en el uso de la marihuana, que yo no la considero una droga, la veo como una medicina y de hecho la considero sagrada”, comenta.
Hubo un momento en que su madre, muy preocupada al ver a su hijo en la calle, le propuso que se fuera a vivir con ella a Managua. Alexis aceptó. Consiguió trabajo nuevamente en un call center, pero renunció al mes y nuevamente se fue de la casa. Sentía que la calle se había convertido en su vida.
Alexis decidió regresar a Estelí. Dice que es su ciudad favorita, en donde vivió momentos duros y felices, donde empezó su reencuentro espiritual y es el sitio donde tiene muchos amigos y personas que lo conocen. “Le mando un saludo a mis amigos de Estelí”, bromea durante la entrevista.
Después de estar un tiempo en las calles de Estelí, Alexis decidió empezar a viajar por algunos pueblos del país, visitando amigos, conocidos y a personas acabadas de conocer durante el trayecto. No tenía un rumbo fijo, dice, si no que solamente seguía su instinto.
A como podía, conseguía dinero para viajar. Vendió varias de sus cosas o pedía limosnas, y cuando se dio cuenta, ya estaba en Los Chiles, en la frontera con Costa Rica. Ahí, cuenta, su instinto le indicó que debía seguir hacia el sur, de manera que cruzó por veredas y empezó a moverse por territorio costarricense.

En Costa Rica, Alexis también tenía algunos amigos así que iba aprovechando para visitarlos. De la frontera se movió a un pueblo llamado Santa Cruz y estando ahí se quedó sin dinero para movilizarse. Él quería llegar a Atenas donde un viejo conocido que le daría posada unas noches.
Alexis buscó la manera de contactarse con su madre y ella le envió algo de dinero para que continuara con su viaje, hasta que llegó donde su amigo en Atenas. Como necesitaba ingresos, Alexis empezó a trabajar en labores de campo, pero solo duró dos meses. Recogió lo necesario y siguió su viaje hacia Limón, en el caribe costarricense.
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En Limón, Alexis durmió un par de noches en la calle hasta que dio con un alberge que era administrado por unas monjas católicas en donde se quedó por un buen tiempo. En ese refugio le daban alimentación.
Peregrinaje
Para Alexis, todo su viaje ha sido un “peregrinaje”, y su última estación, hasta el momento, ha sido San José, la capital costarricense.
Él llegó a San José en febrero de 2022 y tras unos días en una cuneta, encontró un refugio administrado por la municipalidad, pero que tiene cupos limitados por noche, de manera que no siempre podía quedarse ahí.
En la calle fue haciendo amigos y conocidos, y una persona le habló del proyecto Chepe Se Baña, el cual se trata de un lugar en donde se brinda ayuda a personas que viven en la calle. Alexis se interesó y un día de septiembre del año pasado fue a buscar el proyecto y dio con la Escuela de Artes Héroes, que es parte de la misma organización.
En esa escuela, Alexis fue recibido y se sintió cómodo. Se encontró con otras personas en condición de calle que también tocaban algún instrumento musical, que pintaban o que practicaban otro tipo de artes.
Ahí le dieron la oportunidad de tocar el piano, el cual dice que no tocaba desde que salió de Nicaragua en 2021 y ha aprendido a tocar guitarra. “La música para mí es como esa novia que aunque la dejés, sabés que ahí está y volvés con ella”, menciona.

Alexis ya lleva cinco años viviendo en la calle. Desde enero de 2023, ya no duerme en el refugio de la municipalidad, si no que la organización le ha dado un espacio en donde puede quedarse hasta que él quiera.
Desde hace un mes, Alexis empezó a dar clases de piano en esa escuela de artes. Dice que en este momento de su vida se siente bien en donde está y aunque sigue consumiendo marihuana, dice que ya no es como antes. “Ahora solo cuando estoy con los amigos”, comenta.
Sin embargo, el peregrinaje de Alexis no ha terminado. Él dice que cuando ya no se sienta bien en ese lugar, lo más probable es que se vaya a otro lugar a como ha hecho desde que inició su viaje en Estelí.
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