Un grupo de jóvenes bailan en una discoteca de Managua. Óscar Navarrete/LA PRENSA

La juventud de los años ochenta: fiestas, escasez y guerra

Los años ochenta fueron muy duros para Nicaragua, y a los jóvenes de aquel entonces les tocó vivir entre el Servicio Militar y la escasez, además de su misma agitación juvenil. Te contamos cómo vivió esa década aquella generación.

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La noche que a Julio Moncada lo llegaron a reclutar para el Servicio Militar, estaba en una fiesta con su novia en Masaya. Era agosto de 1986, y celebraban el cumpleaños 16 de uno de sus cuñados cuando llegó un vehículo del Ejército y tirando la puerta irrumpieron en la sala de la casa.

“A ver, ¿dónde están sus tarjetas?”, dijo uno de los militares. Julio no tenía su tarjeta de inscripción del Servicio Militar porque a sus 17 años no había sido llevado a la guerra. Él junto a otros cuatro jóvenes más, incluido el cumpleañero, fueron llevados a una base militar para entrenarlos y después mandarlos a la montaña a combatir a la contra. Su novia, se quedó llorando y gritando que lo soltaran. “¡Callate! ¿querés ir vos también?”, le gritó uno de los militares, cuenta Moncada.

“Era una cosa horrible. No se podía andar tranquilo en la calle porque ahí andaba uno con la cosa de que se lo iban a llevar”, relata Moncada. En septiembre de 1983, fue aprobada la ley del servicio militar obligatorio para hombres entre los 18 y los 40 años de edad, pero en la práctica, se llevaban hasta a jóvenes de 15 años, dice Moncada.

Un grupo de cachorros cumpliendo el Servicio Militar en las montañas de San Ramón. ARCHIVO

En los ochenta la juventud no estaba tranquila en las casas, ni en los colegios, universidades, discotecas, estadios, parques, y hasta en las carreteras había operativos militares revisando vehículos para que no se les escapara ningún posible recluta.

Los jóvenes prácticamente fueron perseguidos para llevarlos al Servicio Militar. Los buscaban las autoridades militares y también los miembros de la Juventud Sandinista y otras organizaciones del Frente Sandinista.

Los jóvenes eran retenidos y se les pedía la tarjeta de inscripción para el servicio militar y el que no la portaba iba preso o se lo llevaban a oficinas de reclutamiento. En Managua, la oficina estaba por donde hoy es Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER). A esa oficina le llamaban “Prevención” y había varias de esas en todo el país.

Además de eso, los jóvenes tenían que lidiar con la escasez de la época después del bloqueo económico que Estados Unidos impuso a Nicaragua. Escaseaba de todo. Comida, artículos de limpieza e higiene personal, ropa, cigarrillos, leche, y había un límite de cosas que se podían comprar en las tiendas. Hasta las cervezas escaseaban. En los bares y restaurantes se servían las cervezas racionadas: una, dos o más, dependiendo el abastecimiento de la semana o el día.

En medio de todo esto, de vez en cuando algunos jóvenes organizaban fiestas en sus casas y también había algunas discotecas en zonas de Managua como Bello Horizonte y Camino de Oriente. “Lo mejor estaba en Camino de Oriente sí, pero ya después se vino para abajo”, relata Moncada.

La discoteca Lobo Jack quedaba ubicada en Camino de Oriente. LA PRENSA

La escasez

El embargo económico a Nicaragua se dio en 1981, cuando Ronald Reagan asumió la presidencia de Estados Unidos. Para entonces todavía se podían encontrar algunos productos como la leche en polvo, los cigarrillos, o la pasta dental Colgate. Para 1982, la escasez ya empezó a ser evidente.

Los estantes de los supermercados se comenzaron a llenar con productos nacionales. De acuerdo con reportes periodísticos de la época, también se importaban productos de México, España y Bulgaria.

Reyna García recuerda que en los años ochenta ella estudiaba en la Universidad Centroamericana (UCA) y relata que, en ese centro universitario, para después de 1985, casi solamente mujeres había en las aulas y los pasillos porque la mayoría de hombres, tanto estudiantes como profesores, estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio, y los estudiantes que quedaban, se quejaban por la falta de alimentos.

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Para entonces, cuenta García, en lugar de Gerber, se podían encontrar algunos productos similares traídos desde de la Unión Soviética y una pasta dental nacional llamada Dentex y un desodorante marca Toque Final. También había pastas dentales de Bulgaria, así como sopas deshidratadas, gelatinas y artículos de cocina.

Los cigarrillos eran producidos por la Tabacalera Nicaragüense (TANIC). Se vendían sin filtros y se podían encender por cualquiera de los dos extremos. Cuando se estaba terminando el cigarro, la persona podía quemarse la boca. También era popular el ron  “extra seco” de la Flor de Caña.

Ron Extra Seco de venta en la Diplotienda. ARCHIVO

Para entonces, el gobierno sandinista entregó una tarjeta de racionamiento en la que se establecía cuáles eran los productos que se podían comprar y las cantidades de los mismos que podían entregarse al portador. No importaba cuánto dinero llevaba la persona, pero por más que pagara, no se le podía vender más de lo indicado en la tarjeta.

Los estantes de la mayoría de supermercados permanecían vacíos a excepción de los de la Diplotienda que era un supermercado bien abastecido y donde el acceso era restringido y solo se podía comprar en dólares.

El gobierno sandinista emitía unos bonos que se le entregaba a los altos funcionarios para que compraran en la Diplotienda. Inicialmente, en ese lugar solo podía entrar personal diplomático acreditado en Nicaragua y los nicaragüenses autorizados mediante una tarjeta que entregaba el gobierno sandinista.

Tiempo después, la Diplotienda abriría sus puertas para todo el que portaba dólares. Ahí se encontraban licores, electrodomésticos, ropa importada y varios artículos que desde hace tiempo no se veían en Nicaragua por el bloqueo económico.

Como en el país no había aceite, el gobierno empezó a traer grasa de ballena para cocinar, que originalmente sería utilizada para hacer jabones. La grasa de ballena, una vez que se enfriaba, parecía esperma de una cándela, de manera que muchas personas consumían sus alimentos rápido y sin dejarlos enfriar.

ARCHIVO LA PRENSA

Para entonces, dice García, estaban muy de moda los overoles. “Usábamos unos pantalones como con un paletón que les decían “pachucos” y los zapatos chinos”, comenta. Estos zapatos chinos eran populares en Nicaragua por las películas de Bruce Lee, y como no había insumos suficientes para confeccionar calzado, no había de otra más que usarlos.

Además, el cuero que había entonces estaba destinado para la fabricación de botas del Ejército Popular Sandinista. Otra cosa que estaba de moda eran unas camisas manga largas de colores chillantes marca Rodolfo y unos pantalones con zipper.

Entre jóvenes

Tanto García como Moncada coinciden en que, si los jóvenes de los ochenta querían ir a una discoteca para divertirse, las mejores opciones estaban en Managua, exactamente en las zonas de Camino de Oriente y Bello Horizonte.

Para entonces, la discoteca Lobo Jack era una de las más famosas y exclusivas de país. Tenía una pista de baile brillante casi de frente a una enorme pantalla donde la gente podía verse a sí misma bailando. También estaba la discoteca Infinito que ponía música disco, pero también salsa y baladas. Como esta zona era muy concurrida por los jóvenes, era muy común que los agentes de Prevención pasaran buscando a jóvenes para llevárselos a cumplir con el Servicio Militar.

También estaba el Bolerama, donde los jóvenes llegaban a jugar boliche, además de la pista de patinaje y había maquinitas de juegos como Pacman y Tennis. En esa zona de Camino de Oriente también había salas de cine, restaurantes y mujeres dedicadas a la prostitución.

En otra zona de Managua, en Bello Horizonte, los jóvenes también visitaban la discoteca Pink Panther y también empezaron a ponerse de modas las “discomóviles” que llevaban luces y el ambiente de discoteca hasta las casas. Otra discoteca famosa en Managua, era la Tom Cat que quedaba en la entrada de la colonia Primero de Mayo, y también la Blue Soul, que quedaba por la Carretera Norte.

Desodorante Toque Final. ARCHIVO

Por otro lado, los jóvenes también hacían sus propias fiestas en casa y ponían música en la radio. Para entonces las radios más populares eran la Radio Nicaragua, que era la oficial, pero también estaban otras que pasaban los hits del momento como Radio La Cachorra y Stereo Revolución. En ocasiones, los jóvenes grababan en casetes las canciones para que les quedara la música y escucharla cuando quisieran, pero muchas veces también quedaban grabados los anuncios de las radios.

En Managua también había muchos cines. Según Moncada, algunos pasaban películas pornográficas. Moncada también recuerda que para entonces era difícil conseguir condones producto de la escasez. “Casi no había condones en ese tiempo. Eran complicados de conseguir”, relata. Cuando regresó del Servicio Militar, en 1988, fue a visitar a su novia a quien tenía poco más de dos años de no verla, desde que se lo llevaron mientras celebraba el cumpleaños de su cuñado en Masaya. “De ahí salió mi primer hijo”, bromea.

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