Cuando Jonathan Loáisiga pisó Estados Unidos en 2023 había imaginado muchas cosas sobre su futuro con los Yankees de Nueva York. Probó estar listo en el Spring Training y luego jugó dos partidos con Nicaragua en el Clásico Mundial de Beisbol. Una vez iniciada la temporada, los primeros indicios del mánager Aaron Boone sobre el capitalino era que se convertiría en el eje del relevo y tuviera algunos partidos para cerrarlos. Luego de tres desafíos subiendo al montículo, todos los planes de Loáisiga y de los Yankees se fueron a la basura: una lesión en su codo de lanzar lo obligaba a salir.
¿Cómo son tus días en Nueva York desde la lesión?
Mis días a veces son aburridos, a veces no, y ahora que empecé a lanzar el aburrimiento se me está yendo. Estar trabajando solo en recuperarme, fortalecer el brazo y no poder tirar me tenía estresado y ahora que puedo lanzar las cosas están cambiando.
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En algún momento te frustraste y te preguntaste: “¿por qué a mí?”
En un momento si me lo pregunté, por qué todos los años lesionándome. Me sentía bien, venía de trabajar en el Spring Training y en el Clásico. Empecé bien la temporada e iba con buen ritmo y al final son cosas que no controlas. Un día calenté en la serie y estaba normal. Me tocó irme a la casa y estaba en mi cama cuando empecé a sentir una molestia en el codo. Pensé que era algún nervio y dije: “seguro mañana se me quita” y así lancé un par de juegos.
¿Y luego qué pasó?
Estaba tratando e intentando seguir lanzando. Decía que se me iba a quitar si seguía lanzando y nos fuimos para Baltimore y, el primer día de práctica traté de lanzar la pelota y ya no podía, no tenía fuerza, me incomodaba hacer ciertos movimientos. Estrecharme me molestaba, traté y no pude.
¿Tu velocidad se desplomó?
Cuando entraba al juego caliente mantenía la velocidad, tiré 98-97 y cuando volví a salir bajé la velocidad a 95 y 96 y eso no es normal en mí.
¿Se puede aprender algo de las lesiones?
Sí se aprende y nunca se deja de aprender. Me he hecho más fuerte de la mente, porque uno se prepara para venir todos los años y tratar de no lesionarse y por más que me enfoco en cuidarme siempre me pasa, siempre me preparo para no lesionarme y sucede.
Ahora se exige a los jugadores al límite…
Cuando un pitcher lanza 96, los jugadores dicen: “está cómodo”. En Grandes Ligas los pícheres de 95-96 es buena velocidad, pero los bateadores están más adaptados.
¿Qué has hecho para tratar de mejorar y no repetir este tipo de lesiones?
Corriendo a la primera o siguiendo una línea te puedes lesionar. Ahora me he enfocado en hacer más ejercicios de estiramiento para el brazo, piernas y cadera y todo el tiempo me reviso con los doctores. También trabajo tres veces a la semana piernas, dos veces a la semana hago arriba y con los doctores hago poco ejercicio de estiramiento y mantenerme.
¿El hecho que se cayeran tus planes que tanto te afectó?
Principalmente mi meta era no lesionarme, era mantenerme saludable y ayudar al equipo en lo que más pudiera en el séptimo u octavo inning que pienso que era mi labor de este año para llegar hasta el cerrador y, con esta operación, se me fue todo.
¿Cuál es el proceso de ahora en adelante para tu regreso?
El plan es lanzar. Empecé lanzando 60 pies y 25 tiros, el domingo lunes y martes hice 75 pies y hoy hice 60 pies y 40 tiros, y los próximos son 90 lanzamientos. El dolor es normal que sienta porque vengo de una operación, uno debe saber diferenciar dolencias musculares, a pesar que estoy tirando corta distancia, uno se liga por tanto tiempo sin lanzar. Si Dios quiere haría bullpen el 13 de julio y la meta regresar en agosto, la primera o segunda semana.
Entonces tu mayor logro este año es no haberte destruido mentalmente…
Esa es una de las partes que uno aprende mentalmente. Cuando el equipo se va me quedo en Nueva York, vengo a trabajar dos o tres horas máximo y me tengo que regresar al apartamento a encerrarme. A veces no veo los juegos porque llegan situaciones en donde puedo lanzar y ayudar. En los últimos innings no veo los partidos. También afecta estar lejos de la familia, uno aquí tiene todas las comodidades, pero no compra estar con los seres queridos. Cuando hay juego en casa uno entra a las 12 y sale hasta que termina el juego y hay veces que se suspende y sale uno a las una de la mañana y tiene que volver a las 8 de la mañana para el siguiente duelo.