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El 19 de septiembre de 2014 es la fecha que Jenny González jamás olvidará. Ese día, estaba entrando a un quirófano con la pierna inflamada por un tumor cancerígeno que le apareció en la rodilla y los médicos le dijeron que no había más remedio que cortarla. Era apenas una niña de 13 años.
Cuando salió de la operación, sintió un enorme alivio porque había pasado meses sintiendo un terrible dolor en aquella pierna, pero todavía le faltaban dos años más de tratamientos y quimioterapia para eliminar todo rastro del cáncer en su cuerpo. Fue una batalla dura, dice, y hoy, con 21 años y a pesar de los obstáculos que le ha puesto la vida, esta joven ha empezado a trabajar como modelo y está estudiando una carrera universitaria.
Sin embargo, Jenny tiene en frente una nueva barrera que superar. La prótesis que usa para caminar necesita ser reemplazada después de cuatro años de uso, debido a que está dañada y le provoca dolores en la espalda. El problema es que una nueva prótesis cuesta aproximadamente 50,000 dólares.

Un dolor en la rodilla
El próximo 26 de junio, Jenny estará cumpliendo 22 años. Ella nació en 2001 en Jinotega y es la mayor de las dos hijas que tuvo doña Esperanza Picado. Recuerda haber sido una niña muy activa que le gustaba jugar haciendo competencias con sus amigas, corriendo y escondiéndose.
Desde muy pequeña le encantaban los eventos de belleza y pasarela, de manera que, cuando estaba en la primaria participó en un certamen llamado Miss Chiquitita. Para entonces, estudiaba en el colegio Gabriela Mistral y era de las mejores estudiantes.
Su infancia fue bastante común, valora, y nunca se enfermó de gravedad hasta que, de la nada, un día sintió un dolor en la rodilla izquierda. Era inicios de 2014. Ella estaba por entrar a la secundaria, y cuando el dolor apareció, su madre la llevó en varias ocasiones a pasar consulta al hospital de Jinotega, pero los médicos solamente le recetaban medicamentos para el dolor.
“Ellos (médicos) solo decían que estaba creciendo, que se me estaban estirando los tendones. Fueron meses de lucha para que un médico me valorara realmente”, relata Jenny.
Con mucho esfuerzo, su madre logró pagar una consulta en una clínica privada y el médico le dijo que tenía un tumor benigno, no canceroso, llamado osteocondroma. Para retirar ese tumor, el doctor les recomendó ir al hospital, así que se fueron nuevamente al centro hospitalario de Jinotega y con el nuevo diagnóstico le dieron una cita para hacer la operación.
El día de la cirugía, los médicos no sacaron el tumor, si no que solamente tomaron una muestra para hacer algunos análisis. Desde entonces, Jenny no pudo caminar porque tenía la rodilla demasiado inflamada y no era capaz de flexionarla o apoyarse sobre ella. El malestar no la dejaba dormir y un día que llegó a una cita para la evaluación tras la cirugía, tuvieron que hospitalizarla de emergencia.
Una semana después de estar hospitalizada en Jinotega, decidieron trasladarla al hospital La Mascota, en Managua, en donde estuvo ingresada por dos semanas. “Me ponían morfina y no se me quitaba el dolor”, relata.

Luego de quince días en La Mascota, los médicos finalmente pudieron descifrar cuál era el verdadero problema en la pierna de Jenny, pero como era una niña de 13 años, la noticia sería muy dura para ella, así que una psicóloga fue quien le explicó “hasta con dibujitos”, que tenía cáncer y que le debían amputar la pierna para poder salvarle la vida.
El tumor que le habían detectado en la rodilla anteriormente no era benigno, si no que era un osteosarcoma, que es un tipo de tumor cancerígeno que empieza a formarse en los huesos. “Fue muy fuerte para mi madre que estaba ahí y para mí porque yo no sabía qué era un cáncer. No sabía nada”, recuerda Jenny aquel momento.
En un inicio, ni ella ni su familia querían que se le amputara la pierna, pero varios días después, Jenny no mejoraba y el dolor más bien se intensificaba, así que aceptaron que se llevara a cabo el procedimiento.

Modelo y universitaria
Antes de la cirugía, Jenny cuenta que se había preparado mentalmente para perder su pierna. El dolor que le provocaba el tumor era tan fuerte para ella que prefería perder su extremidad. Ese dolor, dice Jenny, lo sintió hasta el último momento.
“A mí me operaron el 19 de septiembre de 2014. Todo ese año desde que empezó yo estuve con dolores fuertes, muy intensos. Fue de la noche a la mañana todo”, cuenta. Cuando salió de la cirugía, Jenny despertó sin una pierna. “Solo sentí descanso porque ese dolor era muy intenso”.
Luego, Jenny tuvo que pasar por un proceso de recuperación en el que estuvo recibiendo quimioterapia y pronto sentiría los estragos. A los 10 días que inició con el tratamiento, empezó a perder el cabello, bajó de peso, se sentía sin apetito, débil y se enfermaba gravemente porque sus defensas llegaban al nivel más bajo. En una ocasión, estuvo en cuidados intensivos por una gripe.
La joven estuvo en ese proceso durante dos años y una vez que terminó el tratamiento, pudo retomar sus estudios de secundaria. Para entonces, ella no usaba prótesis, si no que iba al colegio usando muletas.

En medio de la enfermedad y el tratamiento, a Jenny nunca dejaron de gustarle los certámenes de belleza y el modelaje, y en una ocasión, cuando estaba en cuarto año de secundaria, en el colegio se hizo un concurso de belleza y ella decidió participar. Para entonces ya usaba una prótesis. “Al principio fue muy difícil que las personas me vieran como soy, con una prótesis, pero logré aceptarme y aceptar eso”, menciona.
Después de esa experiencia en su colegio, la contactaron de una tienda de Jinotega paraque modelara con sus productos y al poco tiempo, otra tienda de Managua la contactó con el mismo fin. Con el tiempo, fue conociendo a más personas y más comercios se fueron interesando en que ella modelara e hiciera publicidad con sus productos y en sus redes sociales.
Jenny dice que particularmente en lo que va de este año, ha tenido más ofertas para trabajar como modelo. “No me da pena demostrarme como soy”, comenta.
Por otro lado, la joven también está estudiando la carrera de Farmacia, en el recinto de Jinotega de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). En 2020, ella terminó la secundaria y para entonces tenía el deseo de estudiar Medicina porque quería, de alguna manera, retribuir toda la ayuda y atención que ella recibió.
Sin embargo, esa carrera no se ofrecía en el recinto de Jinotega, y más bien ella hubiera tenido que viajar a la UNAN León para poder estudiarla. Jenny no puede movilizarse mucho por su prótesis y sus cuidados médicos, y por esa razón, decidió estudiar Farmacia, que es la carrera más cercana a Medicina que se imparte en Jinotega. “Así también puedo brindarle mi servicio a una persona enferma que lo necesite”, dice.

Una nueva prótesis
En 2016, la madre de Jenny solicitó una prótesis en el hospital Aldo Chavarría y la joven empezó un nuevo proceso de terapias para fortalecer sus músculos y aprender a usarla. Esa primera prótesis le duró unos dos años hasta que se le rompió y le tocó buscar una nueva. Su madre consiguió que unos conocidos en Estados Unidos le donaran una nueva prótesis, que es la que está usando actualmente.
Esa prótesis donada le ha durado cuatro años, pero ya es tiempo de cambiarla. Jenny explica que la prótesis que ella está tratando de conseguir cuesta aproximadamente 50,000 dólares y para ello está haciendo una recaudación para poder comprarla.
Si usted quiere ayudar a Jenny a recaudar el dinero para su prótesis, puede contactarla al número +50587254047. También puede donar a través de una cuenta de GoFundMe que ella creó para recibir este tipo de donaciones.
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