El récord de más ponches para una temporada con 220 está poder de Diego Raudez desde 1983. Julio Espinoza acumuló 1,449 “fusilados” en su carrera y esa marca ha estado firme desde 1994. Así que cuando se hable de ponchadores quizá habría que iniciar mencionando a estas dos figuras legendarias del beisbol nacional.
Sin embargo, el más feroz ponchador que ha desfilado por los montículos nacionales es Elvin Orozco, el corpulento lanzador derecho originario en la comarca Apompuá, Ciudad Darío, Matagalpa, quien además de liderar la liga tres años seguidos en este rubro, tiene la mejor frecuencia entre todos los carabineros pinoleros.
Firmado en 2006 por los Yanquis de Nueva York, Elvin consiguió cifras espectaculares en la Liga de Verano en República Dominicana: 18-2 y 2.69 con 180 ponches en 160.1 innings en sus cuatro temporadas, pero dificultades para mejorar la velocidad en sus envíos fueron disminuyendo sus oportunidades de avanzar largo.
Así que en 2009 se unió al Matagalpa y con 1-1 y 6.83 no lucía prometer en el Pomares. Al año siguiente no le fue tan bien y cerró con 5-9 y 3.89, pero en 2011 se movió a Madriz y le fue peor: 2-11 y 4.62. Y tampoco prometía mucho como ponchador: 75 en 87.1 innings con 43 bases. No ganaba, no dominaba y no ponchaba.
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De vuelta a Matagalpa en 2012, Orozco cerró con 7-8 y 2.71 y ahí llegó lo mejor: 148 ponches en 129.1 innings, es decir, una frecuencia ponchadora de 10.29, con la que dejó atrás el récord nacional de 9.96 establecido por Adolfo Álvarez del Rivas en 1980, cuando les cruzó el tercero a 186 bateadores en 168 episodios.
Elvin llevó su ferocidad a la Final y le metió 20 ponches al Bóer en 14.1 innings y ayudó a Matagalpa a ganar el campeonato, siendo el Jugador Más Valioso. En 2013 se puso más bravo: 12-4 y 1.45, con 177 ponches en 148.2 innings. La frecuencia de ponches por cada nueve episodios la mejoró ahora 10.74, un nuevo récord.
Para entonces ya era un “as” en la Selección Nacional. Ya se había fajado fuerte contra los cubanos en varias ocasiones y entre los rastros que iba dejando, le metió 14 ponches a los Dantos en seis episodios. Y luego a Madriz le propinó 19 en nueve innings, quedando a la orilla del récord de Raudez de 20 ponches en un juegos.
Orozco se defendía con una respetable recta, un feroz cambio de velocidad y una curva de arco grande por encima del brazo. Empezó hablarse que estaba trabajando mucho desde el Pomares, la Profesional y la Selección. Que su velocidad había bajado. Aún así, en 2014 tuvo 13-6 y 2.42 con 174 ponches en 160 entradas.
Ese fue su tercer liderato seguido en ponches y también el último, porque, aunque en 2015 con intermitencias cerró con 9-0 y 1.73, “solo” ponchó a 84 en 67.2 innings y otro Elvin, García, el zurdo de Santa Cruz, Estelí, acumuló 99 para terminar arriba. Su brazo se afectó y a pesar de varios intentos, ya no pudo volver a brillar.
Solo Porfirio Altamirano, otro matagalpino como Orozco, logró más lideratos en ponches en años seguidos. El “Guajiro”, un fuera de serie, lo consiguió en cinco campañas seguidas: 1974 (190 en 235 innings), 1975 (147 en 204.1), 1976 (156 en 233.2), 1977 (143 en 177.1) y 1978 (129 en 180.1), período en el que tuvo 90-41.
La diferencia entre Orozco y Altamirano, sin compararlos porque no hay comparación, es en la frecuencia: Elvin tuvo una frecuencia de 9.28 ponches por cada nueve episodios en su carrera (784 en 760 innings) y Porfirio acumuló 873 “aniquilados” en 1,174 innings, para un ritmo de 6.69 ponches por cada nueve entradas.
Así que la mejor frecuencia ponchadora para una temporada es de 10.74 “fusilados” por cada nueve innings de Elvin en la campaña del 2013 (177 en 148.1 innings). Y durante una carrera de al menos 750 innings, Orozco tiene un ritmo de 9.28 ponches por cada nueve episodios (784 ponches en 760 innings). Asombroso.
Nunca sabremos qué pudo haber ocurrido si Orozco ha tenido mejor fortuna en el beisbol profesional de Estados Unidos, pero a nivel local está claro que ha sido el más feroz ponchador de bateadores que se ha visto, aunque Raudez, Espinoza y Porfirio sean siempre con los que se inicie la conversación sobre bateadores abanicados.