La invasión rusa a Ucrania ha sobrepasado su 14 mes. Lo que el señor Putin llamó operación especial, es decir un operativo que en su mente y en la de sus consejeros debió durar un par de semanas nada más para anexarse por la fuerza la Republica de Ucrania, se ha convertido en una invasión costosísima para su gobierno (el de Putin) y ante la imposibilidad de obtener la victoria esperada, ha optado por la destrucción.
Son incontables los edificios gubernamentales, domiciliares, bibliotecas, museos, colegios y estaciones ferroviarias las que han caído bajo el impacto de las bombas lanzadas desde territorio ruso. Además, por supuesto, de las víctimas causadas por dichos impactos y la consecuente migración de las poblaciones afectadas.
Ese ha sido hasta hoy el precio que han tenido que pagar los ucranianos en la defensa de su libertad y soberanía. En cuanto al gobierno ruso el costo militar ha sido altísimo, pues ha quedado de manifiesto ante el mundo que el oso no tenía colmillos.
Voy a dejar hasta allí el comentario bélico, pues el verdadero motivo de este escrito es resaltar la importancia del diálogo en la solución de conflictos. Aunque antes de desarrollar dicho tema, permítanme comentarles que el costo económico de la llamada operación especial ha sido inmenso para el gobierno y el pueblo ruso, por el congelamiento de cantidades exorbitantes de dinero depositados en bancos de otros países, de oro, las incautaciones de numerosos bienes de allegados al gobernante que se cuentan por miles de millones, el congelamiento de precios de su gas natural y petróleo, también les ha hecho perder toneladas de millones de dólares y ya no digamos de su maquinaria bélica, la que ha sido diezmada en una buena parte.
Ese es el escenario de esa guerra entre Rusia y Ucrania y en la que una gran parte de los países del orbe han decidido involucrarse como mediadores para tratar de detenerla. A la fecha China, Francia, los países africanos, el Vaticano, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Brasil y la Unión Europea (UE) entre otros, se han enfrascado en una ofensiva para lograr poner fin a dicho conflicto.
De entre todos estos países últimamente sobresale China. Su propuesta de 12 puntos incluye: Respetar la soberanía de todos los países: «La soberanía, la independencia y la integridad territorial de todos los países deben ser defendidas de manera efectiva», señala el documento. Abandonar la mentalidad de Guerra Fría. Cese al fuego de ambas partes. Reanudación de las conversaciones de paz. Resolver la crisis humanitaria: en este punto, China aboga por «la seguridad de los civiles debe protegerse de manera efectiva y deben establecerse corredores humanitarios para la evacuación de civiles de las zonas de conflicto». Protección de civiles y prisioneros de guerra. Mantener seguras las centrales nucleares. No usar armas nucleares. Facilitar las exportaciones de cereales: para lograr este objetivo, China propone que «todas las partes implementen la Iniciativa de Granos del Mar Negro firmada por Rusia, Turquía, Ucrania y la ONU. Detener las sanciones unilaterales. Mantener estables las cadenas industriales y de suministro, y «oponerse al uso de la economía mundial como herramienta o arma con fines políticos» y finaliza promoviendo la reconstrucción de los daños ocasionados por el conflicto.
Esta propuesta se encuentra estancada, pues el presidente de Ucrania exige que se especifique que el territorio ucraniano sea respetado incluyendo devolución de Croacia, anexada mano militari por Rusia en 2014. En cuanto a Rusia, el señor Putin sabe que un cese de hostilidades en donde quede de manifiesto la imposibilidad de anexarse territorio ucraniano sería el final de su reinado que ya dura más de diez años y el desmoronamiento de la supuesta supremacía militar rusa.
Yo por mi parte apuesto al igual que los líderes de los países comprometidos con el diálogo, a que ese conflicto llegue a su fin lo más pronto posible. Por supuesto que con el territorio de la República de Ucrania intacto, de la post guerra ya nos ocuparemos después.
El autor es comentarista político, directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.