Antecedentes
En América Latina se advierte un proceso destinado a introducir profundos cambios en el quehacer de sus instituciones de educación superior, de manera que estas respondan más adecuadamente a los desafíos que la educación terciaria tiene que enfrentar en un mundo donde los fenómenos de la globalización y de la emergencia de la sociedad del conocimiento imponen nuevos derroteros a la educación superior de nuestro continente.
Podemos entonces afirmar, que estamos presenciando una nueva etapa en la vida de nuestras Casas de Estudios Superiores, que hoy día suele denominarse como “procesos de transformación universitaria”. Se distinguen de las “reformas universitarias” de las décadas pasadas, en el sentido que esta vez el énfasis está dirigido, más que a la forma de organizar el gobierno de la universidad y su estructura académica, al mejoramiento de la pertinencia y calidad de la enseñanza que imparte y a la renovación profunda de sus métodos pedagógicos, de manera de asegurar que en los procesos de enseñanza-aprendizaje el acento se traslade al aprendizaje y, por lo mismo, se centren en el sujeto que aprende.
Estos procesos de transformación generalmente se inician con la adopción de la “gestión estratégica” como el instrumento para mejorar el desempeño administrativo general de la Universidad, la cuidadosa elaboración de diagnósticos institucionales y académicos, acompañadas de ejercicios de autoevaluación institucional, que permiten identificar las fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades de la Universidad, definir su Visión y su Misión institucional, su Modelo Educativo y Académico y diseñar las políticas y estrategias que le permitirán el mejoramiento constante de su calidad y pertinencia.
Generalmente, estos procesos de transformación se llevan a cabo en las etapas siguientes:
a)Definición del Proyecto Educativo, que suele estar, o debería estar implícito en la declaración de fines y objetivos de la ley orgánica y estatutos de la Universidad.
b)Definición de su Visión de futuro y de su Misión actual.
c)Definición de su Modelo Educativo, sobre la base de los más avanzados aportes de la psicopedagogía y de las ciencias cognitivas sobre cómo aprenden los estudiantes y en congruencia con su Visión y su Misión.
d)Definición de su Modelo Académico, que facilite la realización de su Modelo Educativo. El Modelo Académico implica una redefinición de las estructuras organizativas y administrativas, mediante un proceso de reingeniería académica e institucional, de manera que las estructuras académicas faciliten la puesta en marcha del Modelo Educativo y el proceso de gestión sea un apoyo adecuado y eficiente para el mejoramiento de la calidad y pertinencia de las funciones básicas de docencia, investigación y extensión.
e)Rediseñar su Currículo Universitario, de tal forma que en él se plasmen los propósitos del Modelo Educativo y Académico.
f)Elaborar y aprobar el Plan Estratégico de Desarrollo, que contenga las políticas, estrategias y acciones que permitirán alcanzar la Visión de mediano y largo plazo, incluyendo en el mismo los procedimientos de retroalimentación que permitan a la universidad responder a los cambios constantes que se dan en los contextos nacional e internacional.
Señalábamos antes que las Universidades tienen que responder a los cambios de la sociedad contemporánea y a los cambios en la naturaleza y en la generación del conocimiento. Asistimos, afirma Gibbons “al surgimiento de nuevos modos de producción y difusión del conocimiento, caracterizados por la reflexibilidad, la interdisciplinariedad y la heterogeneidad, que comienzan a reemplazar las formas tradicionales de las disciplinas”. La tradición académica del siglo XIX y buena parte del XX, está signada por la disciplinarización y profesionalización del conocimiento. Y si bien no es posible la interdisciplinariedad sin el dominio de las disciplinas, cada vez más el trabajo interdisciplinario se impone en el quehacer académico.
La naturaleza del conocimiento contemporáneo, que cambia y se enriquece constantemente, conduce a la adopción del paradigma educativo del “aprender a aprender” para seguir aprendiendo durante toda la vida. El énfasis en los aprendizajes está asociado a la necesidad de auto educarse permanentemente para seguirle la pista al conocimiento y asegurar la actualización de nuestras competencias, habilidades y destrezas.
Estos desafíos del aprendizaje conducen a las respuestas académicas que forman el núcleo de los procesos actuales de transformación universitaria y que deben inspirar los Modelos educativos y académicos. Esas respuestas promoverían lo que algunos analistas demandan: una verdadera revolución en el concepto y quehacer actual de nuestras universidades. Las respuestas incluyen:
- La adopción de los paradigmas del “aprender a aprender”, de “aprender a emprender” y del “aprender a desaprender”.
- El compromiso con la educación permanente.
- Énfasis en los procesos de aprendizaje más que los procesos de transmisión del conocimiento.
- El nuevo rol de los docentes, ante el protagonismo de los discentes en la construcción de un conocimiento significativo.
- Adopción de la moderna teoría curricular, aplicable al rediseño de los planes y programas de estudio.
- Redefinición de las competencias genéricas y específicas para cada profesión o especialidad.
- La promoción de una mayor flexibilidad en las estructuras académicas, a fin de promover el trabajo en equipos inter y transdisciplinarios.
- Generalización del sistema de créditos, con una nueva concepción que otorgue créditos al trabajo individual y en equipo de los estudiantes y no únicamente a su presencia en el aula y el laboratorio.
- La estrecha interrelación entre las funciones básicas de la Universidad (docencia, investigación, extensión, vinculación y servicios).
- La reingeniería institucional y la gestión estratégica como componente normal de la administración universitaria y como soporte eficaz y eficiente del desempeño de las otras funciones básicas.
- La autonomía universitaria responsable con una periódica rendición social de cuentas.
- Los procesos de vinculación con la sociedad y sus diferentes sectores (productivo, laboral, empresarial, etc.), en el contexto de una pertinencia social de calidad del conocimiento generado, transmitido y difundido por la educación superior. La universidad, más que relacionarse con la sociedad, debe integrarse plenamente en ella, para garantizar un conocimiento con las características antes dichas.
- Las universidades deben organizarse como instituciones de aprendizaje permanente, abiertas a todos.
- Fortalecimiento de la dimensión internacional del quehacer académico, mediante la incorporación de sus docentes e investigadores a las redes académicas mundiales.
La educación debe promover la formación de individuos cuya interacción creativa con la información les lleve a construir conocimiento. Enseñar es esencialmente proporcionar una ayuda ajustada a la actividad constructiva de los alumnos. Se trata de promover un aprendizaje por comprensión. En cada aula donde se desarrolla un proceso de enseñanza-aprendizaje se realiza una construcción conjunta entre enseñanza y aprendices, única e irrepetible. De esta suerte, la enseñanza es un proceso de creación y no de simple repetición.
Al superarse los enfoques conductistas del aprendizaje para dar paso a los constructivistas, el aprendizaje no es ya un simple cambio conductual, una modificación de la conducta ocasionada por estímulos internos y externos, sino la posibilidad de la autoconstrucción de un nuevo conocimiento significativo. El aprendizaje no es, entonces un producto, sino un proceso (Ángel Díaz Barriga: Didáctica y currículum, Paidós, 2002).
Se dice que el aprendizaje o los aprendizajes representan la esencia de la Universidad contemporánea. La pregunta, entonces es, qué hacer en la práctica docente para generar condiciones para un efectivo aprendizaje de los alumnos. Afirma Ausubel que “existe una relación íntimamente entre saber cómo aprende un educando y saber qué hacer para ayudarlo a aprender mejor”. En definitiva, el aprendizaje es un proceso activo y de construcción de conocimientos que lleva a cabo en su interior (estructura cognitiva) el sujeto que aprende.
El constructivismo, precisamente, sitúa la actividad mental del educando en la base de la apropiación del conocimiento. Un conocimiento nos lo apropiamos cuando lo interiorizamos y lo incorporamos a nuestra estructura mental. El docente deviene en un mediador del encuentro del alumno con el conocimiento. “Educar, nos dice Paulo Freire, no es transferir conocimiento sino crear las condiciones para su construcción”. Y Jean Piaget insiste en decirnos que “el sujeto educando no copia, transforma”. Pero, no olvidemos que el proceso de enseñanza-aprendizaje es una unidad pedagógica compartida y creativa. “Aprender a aprender” supone una capacidad de aprendizaje adquirida al cabo de un período ineludible de aprendizaje con docentes.
Estos nuevos paradigmas educativos y pedagógicos, se fundamentan en los aportes de la psicología y de la ciencia cognitiva sobre cómo aprende el ser humano, y nos conducen a reconocer que el estudiante no sólo debe adquirir información sino también debe aprender estrategias cognitivas, es decir, procedimientos para adquirir, recuperar y usar información.
La nueva perspectiva de la enseñanza universitaria como una actividad investigativa, permitirá dignificar la docencia a los ojos del profesor universitario. El docente es un investigador, no en el sentido de que es un productor de nuevos conocimientos sino en el sentido de que ha logrado construir sus propios conocimientos en la disciplina que enseña, para comprenderla y aprehenderla y estar así en capacidad de enseñarla. El profesor no es más un proveedor de información (en eso lo superan la computadora y la biblioteca), sino que su esfuerzo se dirige a promover y desarrollar los procesos intelectuales de sus alumnos para hacerlos pensar, reflexionar, investigar, estudiar y comprender.
En un próximo artículo voy a referirme más específicamente a lo que constituye el Modelo Educativo y el Modelo Académico.
El autor es educador y escritor. Fue rector universitario y ministro de Educación de Nicaragua.