¿Van por buen camino los Ortega Murillo?

¿Van por buen camino los Ortega Murillo? ¿Caminan hacia una existencia estable y feliz, o se arriesgan a cosechar amarguras, como las predichas por su hermano Humberto? Para contestar hay que conocer primero qué camino han elegido. Es decir, preguntarnos ¿cuál es la meta política que persiguen o el modelo de gobierno y sociedad que tienen en mente? Y, ¿cuáles son sus planes para asegurar la continuidad de su régimen, ahora que están en el umbral de la ancianidad?

Aunque es difícil conocer con precisión lo que se cocina en el alma y mente de ellos, sus acciones sugieren fuertemente el camino que, hasta el momento, parecen haber elegido: hacer de Nicaragua un Estado cuasitotalitario, con cero oposición, libertades y organizaciones independientes; un país donde todo el poder esté concentrado en una dinastía familiar con poderes de monarquía absoluta. En el frente económico respetar el capitalismo, como en China, pero con un sector privado sin voz ni voto, y un empresariado sandinista dominante con crecientes ventajas competitivas.

En el frente internacional el camino elegido ha sido la ruptura total con el Occidente democrático (Estados Unidos y la Unión Europea) y el abrazo total a sus peores enemigos o rivales: Rusia, Irán, Corea del Norte y China. En cuanto a su continuidad todo sugiere que planean asegurarla heredando el poder a sus hijos, posiblemente Laureano o Camila, con una menor posibilidad de que Daniel quiera dejarlo a su controversial esposa. El esquema requiere seguir comprando la lealtad de las fuerzas armadas —único sostén de un régimen con poca legitimidad y mucha impopularidad— a través de cuantiosas regalías y el nombramiento directo de sus altos mandos.

Siendo este el camino de la pareja gobernante, volvamos a la pregunta inicial: ¿Qué consecuencias o complicaciones podrá tener? ¿Es un buen camino? De nuevo, si bien aquí ya no estamos analizando señales presentes sino posibilidades futuras, todo parece indicar que es un camino riesgoso. Rifarse con los enemigos de Estados Unidos y Occidente es parecido a poner todos los huevos en la misma canasta y en cierta forma atar las fortunas del régimen a gobiernos con un futuro político incierto. A Putin le puede ir peor en Ucrania. Irán puede estar cerca de una confrontación mayor con Israel y Estados Unidos, ahora que está en vísperas de tener bombas nucleares. Queda China, país muy egoísta en sus políticas de inversión extranjera y capaz de giros inesperados en política exterior, como lo evidenció su reciente voto contra la invasión de Ucrania.

El ostracismo internacional es otra consecuencia de este camino de alineamiento total con Rusia y confrontación a Occidente democrático —mil veces insultado y demonizado por la pareja— aumentado además por la imposición de una dictadura total, represiva y abiertamente anticatólica. Esto ha llevado a muchos choques diplomáticos, al desprestigio, a la pérdida de importantes fuentes de financiamiento y a la multiplicación de sanciones que pueden agravarse. También está llevando a un estancamiento en las inversiones privadas que, junto con lo anterior, imposibilitarán disminuir la pobreza.

La pareja podrá sortear estos escollos económicos; podrán mantener a la población sometida por mucho tiempo con cárceles, expulsiones y Akas, pero no se librarán, ni ellos, ni los círculos cercanos que los rodean, de una vida cada vez más confinada. Ya no pueden, ni podrán, viajar libremente por los países occidentales, como tampoco transar en sus sistemas bancarios, o mandar sus hijos o familiares a estudiar o curarse en ellos. También tendrán que cuidarse de los odios que multiplican sus políticas represivas y los castigos a sus opositores. Vivirán con el temor de que la más pequeña procesión desate la furia popular y seguirán aumentando las escoltas de sus hijos y nietos. Aislados en el Carmen, que desde hace rato parece una zona en guerra, no dormirán tranquilos sabiendo que dentro de sus propias filas pululan quienes los detestan y que, a medida que envejecen, salivarán por sustituirlos algunas de las fieras que les sonríen.

Afortunadamente se pueden desandar los caminos. Un relámpago, una inspiración, una inteligencia, o la campanada sonora de circunstancias cambiantes, puede que los lleve a vislumbrar rutas mejores. Ojalá. Mejor para ellos y para Nicaragua. Todavía hay tiempo.

El autor, el expatriado doctor Humberto Belli, fue ministro de educación y es sociólogo e historiador aficionado. Publicó el libro Buscando la Tierra Prometida; historia de Nicaragua 1492-2019, disponible en librerías locales y en Amazon.

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