En un foro realizado por la Universidad de Berkeley de California, los jóvenes opositores y ex presos políticos desterrados, Samantha Jirón y Max Jerez, hablaron de la compleja lucha contra la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua, reconociendo los errores que ha cometido la oposición en el camino de la anhelada unidad.
«Nos ha costado ponernos de acuerdo e incluso como oposición nicaragüense reconocemos las fallas que hemos tenido al unirnos en distintos movimientos, es importante reconocer que de estos errores estamos aprendiendo todavía», manifestó Jirón.
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Jirón, de 23 años, era estudiante de periodismo en Nicaragua. Estuvo presa más de un año por su activismo opositor en contra del régimen orteguista.

Max Jerez, de 29 años, era estudiante de Ciencias Políticas en la cancelada Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli). También estuvo preso más de un año por su oposición a la dictadura de Ortega. Mientras estaba en la cárcel, su mamá falleció sin poderlo ver por última vez, algo que el joven dijo no ha superado.
Jirón y Jerez llegaron a Estados Unidos con el grupo de 222 presos políticos desterrados y desnacionalizados el pasado 9 de febrero. Jirón particularmente aún no se ha podido reunir con su mamá y su hermano que también están en el exilio en Costa Rica.
El foro denominado Primavera 2023 fue moderado por la periodista Tifani Roberts, profesora invitada de la Escuela de Posgrado de Periodismo de la UC Berkeley.
No hay una lucha ideológica en Nicaragua
En el evento, los líderes estudiantiles relataron el contexto en que se dieron las protestas civiles de 2018, en medio de una represión armada que dejó más de 300 muertos, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Los jóvenes explicaron que la dictadura de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo ha querido minimizar la lucha cívica, haciendo creer que se trata de un conflicto ideológico entre izquierda y derecha.
Jerez manifestó que la lucha que se está librando en Nicaragua no tiene nada que ver con diferencias ideológicas, sino que es una demanda de democracia, libertad y justicia frente a una dictadura que mató a más de 300 personas por ejercer su derecho a protestar.
«El régimen de Ortega trata de convencer de que ellos son la izquierda real y todos los que se oponen son la derecha intervencionista vendepatria», dijo Jerez.

Por su parte, Jirón explicó que la misma naturaleza de la oposición que salió a las calles en 2018 la hace tan diversa y compleja, porque cada nicaragüense protestó de manera espontánea, sin ideologías ni partido.
«La oposición es muy variada, porque nació en las calles, nació pidiendo justicia, libertad y democracia, y cuando pedimos estas cosas no importa la ideología política», precisó Jirón.
Jerez pidió a los estudiantes estadounidenses de la Universidad de Berkeley que cuando tengan oportunidad de hablar con sus representantes y legisladores del Congreso de Estados Unidos les hablen de la situación de Nicaragua, para que conozcan la situación de represión que vive el país y legislen en contra de la dictadura de Ortega.
«Es importante que nos ayuden a difundir lo que pasa en Nicaragua, mucha gente cree que nuestro país es el paraíso revolucionario. Lo importante es entender que lo que pasa en Nicaragua es una cuestión de derechos humanos y ayudarnos a poner el ojo sobre este tema», manifestó Jerez.
Estados Unidos encabeza las presiones contra la dictadura de Ortega, con una serie de sanciones individuales a familiares de Ortega y a los funcionarios que han colaborado en las violaciones de derechos humanos. También mantiene actualizado el tema de Nicaragua en los foros internacionales.
Jirón reconoció que en la lucha por presionar a la dictadura, muchas veces ella tiene sentimientos encontrados, porque algunas medidas que se demandan pueden perjudicar a la población, en alusión a la cancelación o revisión del Tratado de Libre Comercio con Nicaragua (Cafta por sus siglas en inglés), lo que según Jirón, dejaría a cientos de nicaragüenses sin empleo en el país.