La rebelión popular autoconvocada que estalló el 19 de abril de 2018 terminó con la derrota de la población sublevada por la desigualdad de fuerzas y la represión despiadada del régimen, que la aplastó a sangre y fuego.
Pero no obstante su derrota y trágicas consecuencias, la rebelión de abril de 2018 es uno de los capítulos más importantes de la convulsa historia política nacional.
En realidad, es enorme la significación histórica de aquella malograda rebelión nacional de abril de 2018, que alzó las banderas de la libertad, la democracia y la justicia. Y que encendió las esperanzas de la gran mayoría de la población que vio la posibilidad real de regresar a Nicaragua al camino de la democracia, imperfecta, pero democracia al fin.
Hasta ahora no se ha escrito la historia de la rebelión de abril de 2018, solo crónicas periodísticas y testimonios que serán la base o materia prima de los historiadores profesionales, que en su debido momento la escribirán con la objetividad y rigor científico necesarios.
Es que —como dicen las personas que saben de estas cosas— la historia en su definición más simple y básica es el relato escrito fidedigno y sistemático, de los hechos acontecidos. Y ante hechos trascendentales y épicos como los de abril de 2018, la ciencia histórica aconseja que se deje pasar el tiempo necesario para que se calmen las pasiones. De esa manera se puede escribir la historia con objetividad y equilibrio, poniendo cada hecho y a cada quien —a héroes y villanos— en el lugar que justamente le corresponde.
Escribir la historia es muy riesgoso por la gran dificultad que significa narrar los hechos como ocurrieron exactamente. El historiador no inventa hechos y situaciones, como los novelistas, pero los describe según su manera de entender lo que pasó. Recrea en su mente los hechos basándose en las crónicas y los relatos de los protagonistas y testigos. Pero no puede dejar de interpretarlos según su criterio particular y subjetivo.
Como sea, la historia de la rebelión de abril de 2018 es necesario escribirla para que, como dijera el antiguo griego Herodoto considerado padre del arte y la ciencia histórica, “no se pierda la memoria de las grandes y maravillosas hazañas”. Pero también, añadimos nosotros, para que no se olviden los grandes crímenes de los malvados.
Otro de los ilustres personajes de la antigüedad, el romano Cicerón, dijo que la historia es necesaria porque es “luz de la verdad, testigo de los tiempos, maestra de la vida”. Lo cual no es solo por la narración de los hechos tal como ocurrieron, sino también por su análisis que permite poner de manifiesto las razones profundas que los motivaron. Y que sirvan a la gente y sobre todo a las nuevas generaciones para que aprendan las lecciones del pasado.
En el caso de la rebelión de abril de 2018, la historia enseñará que los ciudadanos pacíficos se rebelaron sin que nadie los organizara e impulsara a hacerlo, hasta dar la vida muchos de ellos, por la falta de libertad, justicia y democracia. La misma causa que motivó otras grandes rebeliones y revoluciones anteriores, triunfantes o fracasadas.
Y enseñará la historia de abril que otros estallidos sociales parecidos volverán ocurrir en el futuro, mientras no se erradiquen los males que provocaron aquellos trágicos, memorables y aleccionadores acontecimientos que ahora cumplen cinco años.