Recientemente, con la llegada a Estados Unidos de los excarcelados, he visto que se ha intensificado la discusión entre las organizaciones de nicaragüenses fuera de nuestras fronteras sobre cuál es la mejor manera de enfrentar el problema social que padecemos. En esta ocasión la opinión de dos nicaragüenses a los que tengo en alta estima, además de mucho respeto, se refirieron al tema en altas y claras voces.
Me refiero al poeta y político Ariel Montoya y al comandante Luis Fley, más conocido como comandante Johnson en las filas de la gloriosa Resistencia Nicaragüense. Ambos triunfadores, el poeta Montoya exsecretario del presidente Enrique Bolaños, y el comandante Johnson altamente reconocido en las filas de la Contra.
El pasado 14 de abril en este mismo medio el poeta Montoya hacía la siguiente mención: La historia de los diálogos en Nicaragua, como la reelección presidencial, tiene oscuros precedentes. En el contexto actual y a cinco años de la insurrección de 2018, las circunstancias imponen ser realistas y descobijados de toda aventura sin pies ni cabeza, como la lucha armada, pues nadie la apoyaría geopolíticamente hablando y la oposición como tal no logró presentar auténticos líderes que hayan sido capaces de arrastrar masas y mover el piso político con nuevas caras, que atraparan la imaginación colectiva del interior, de la diáspora y de la comunidad internacional.
Se podrá estar de acuerdo o no con esta afirmación, pero a mi juicio no se puede soslayar. De igual manera y yendo un poco más allá vi que se refirió al tema el comandante Johnson al hacer un llamado a la unidad para estar listos cuando exista la oportunidad de unas elecciones confiables por llamarlas de alguna manera; y al igual que el poeta Montoya hablaba de lucha cívica dejando atrás el sueño de otras formas de lucha que viven haciendo quienes jamás han luchado.
Mi opinión al respecto es que, en realidad, en las pasadas elecciones del 2021 los precandidatos presidenciales fracasaron en alcanzar la unidad y demostraron no tener la mínima imaginación para valorar de a qué y a quien pretendían enfrentarse. El resultado ya lo conocemos, así que me ahorro las elucubraciones.
De igual manera compro las opiniones de Ariel Montoya y Luis Fley, en lo referente a las posibilidades de una solución a la antigüita, pues hasta la fecha no veo a ningún líder poniéndose al frente de la misma. Esto nos deja una única salida y es la vía cívica y si los suspirantes presidenciales quieren tener un mínimo de oportunidad cuando ese momento llegue, tienen forzosamente que ser capaces de unir criterios y voluntades de los de afuera y los de adentro. Hago la salvedad, que el diálogo que nos lleve a las elecciones que todos esperamos, se dará hasta que al presidente y la copresidenta les ronque o los astros cambien de posición.
Para finalizar deseo referirme nuevamente a la alocución del comandante Johnson, en la que hacía un llamado a la unidad de todos. Eso incluye, según sus palabras o mejor dicho la interpretación mía, a los puros, los impuros, oportunistas politiqueros, microfoneros y a los que a estas alturas siguen creyendo que la política no les da de comer sin darse cuenta que, si bien no les da, pero les quita o le limita la comida y otras cosas más esenciales al ser humano.
Sé que habrá más de uno que tampoco estará de acuerdo con lo que escribo en esta ocasión, al igual que no aprobaron lo dicho por Ariel y Johnson. Con esos no voy a gastar saliva ni tinta. Pero al resto los invito a observar con lupa a los furibundos, a los que a diario despotrican contra unos y otros. Como dice el dicho, a los que están en contra de los que están a favor, y a favor de los que están en contra y que dan la razón a las palabras del poeta Pablo Antonio Cuadra cuando dijo: Donde hay dos nicaragüenses opinando en política hay división.
Analicen qué hacen en realidad estos por Nicaragua.
Mientras tanto la disyuntiva, parafraseando la famosa frase de William Shakespeare, sigue siendo: dialogamos o no dialogamos, esa es la cuestión.
El autor es comentarista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.