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Los recuerdos que Aníbal Toruño tiene de su hogar en sus primeros años son de pobreza. Su padre, su madre y los cuatro hijos vivían en un cuarto que les prestó un tío. Muchas veces no había qué comer. Se recuerda lamiendo las paredes de taquezal de la casa en busca del sabor salado que tenía el barro. O la vez que se le rompió en pantalón en la escuela y los otros niños se burlaron de él al quedar en evidencia que andaba “cayambuco” porque no había para comprar calzoncillos.
Pero también recuerda a su padre, don Juan Toruño, como un terco emprendedor. Un herrero que se metió a estudiar radiotécnica. Y que, puesto manos a la obra, hizo un trasmisor artesanal que parecía una caja de lustrar, y con el cual empezó a mandar mensajes a los vecinos de la cuadra, en el barrio Guadalupe, de León, allá por el año 1949.
Esa fue la semilla de Radio Darío, la emisora que una turba de encapuchados quemó el 20 de abril de 2018. Toruño acusa directamente a Daniel Ortega de ese crimen. “Nadie más que él podía aprobar un atentado de ese nivel”, dice. Y va más allá: asegura que la intención era asesinarlos, porque quienes le prenden fuego sabían que él y otros trabajadores estaban dentro.
La quema de la Radio Darío es solo uno de los muchos hechos de una persecución implacable en su contra, dice Toruño. Lo asediaron, lo agredieron, le confiscaron sus propiedades y le bloquearon sus cuentas bancarias, entre otras más acciones represivas.
Aníbal Toruño, de 64 años, está en el exilio y fue despojado de su nacionalidad nicaragüense por el régimen. Ahora busca como reinventarse, dice. En esta entrevista analiza su vida, y trata de explicarse la saña con que Ortega lo ha perseguido.
¿Qué pasó con Aníbal Toruño para los años 70 y 80?
Estaba estudiando en la UCA. Me gradúo de Administración de Empresas y en esos momentos estaba el servicio militar y le dije a mi papá que yo no quería ir a la montaña. Me solicitan una visa para Estados Unidos y me la niegan porque yo califico para el servicio militar. Decidí irme ilegal.
¿En algún momento simpatizó con el sandinismo?
Yo lo aprendí de mi padre, porque se involucró muchísimo y fue un luchador en contra de Somoza. Estuvo exiliado. Luchó siempre contra la dictadura de Somoza. Se involucró en Olama y Mollejones. Estuvo preso. Lo torturaron. Entonces yo veo en mi papá los ideales y aprendí a entender que la dictadura era mala y que Somoza robaba, y que tenía presos políticos. La radio ponía música revolucionaria. No tardó mucho tiempo sí en darse cuenta de que estábamos en frente de otra cosa que no tenía nada que ver con sus ideales y principios.
¿Cómo fue el regreso del exilio?
Eso fue en 1998. Viví 13 años en Estados Unidos. Tuve un solo trabajo. Pasé de barrer, limpiar, pintar, reparar, a ser miembro del consejo de la gerencia, porque me valía que tenía cultura, aprendí un tanto de inglés. Pasé trece años allá, pero yo nunca me fui de Nicaragua. Me dieron residencia (de Estados Unidos). Y cada vez que regresaba a Nicaragua se me salían las lágrimas. Yo nunca abandoné Nicaragua. Nunca desempaqué. Con la mamá de mis hijos decidimos regresar a Nicaragua, sin saber que estábamos regresando al inicio de lo que ahora conocemos y nos llevó a estar de nuevo en el exilio. No volví la vista atrás.
¿Que comparación hace entre este exilio y el primero?
En el primero estaba muy joven. En este ya estaba más preparado, hablaba inglés, tenía mis papeles y documentos legales, era más conocido. Y la internacionalización de Radio Darío, como un ícono y como un objetivo que Daniel Ortega perseguía de una manera maniática, sin explicación alguna, me da la oportunidad de poderme refundar de alguna manera y poder seguir generando contenido.
Con otros periodistas fundamos Voces en Libertad y buscando formas de no terminar de la misma manera que había terminado en el primer exilio: barriendo, haciendo limpieza. Además, son 64 años, y a estas alturas del juego yo no puedo hacer algunos trabajos. En este segundo exilio yo tenía radio, tenía negocios y yo seguía viviendo de esos negocios. Podíamos seguir generando ingresos. Mi exilio me lo mantenía lo que yo generaba internamente. Eso lo supo Ortega, por eso paso lo que pasó.
¿Y qué comparación puede hacer entre la dictadura de Somoza y la dictadura de Daniel Ortega?
Letales las dos. Pero he sentido más personal esta parte. Cuando hacen el atentado, y la explosión es inmensa, nos escapamos de morir. El atentado llevaba como objetivo matarnos. Por lo tanto, lo sentí mucho más personal y dirigido. Mientras que en la otra dictadura era a mi padre, que era un hombre de mucho vigor, el estaba al frente. En esta segunda etapa soy yo quien vive. Y se vuelve corporal, doloroso.
¿Hay o había un objetivo de asesinarlo?
En el caso del atentado, el objetivo principal, porque sabían que estábamos ahí, era matarnos. En el balance de los costos-beneficios determinan que hay que eliminarme y ese fue mi momento. Falló. Murieron dos de los atacantes. Fue horrible. El ataque de Daniel Ortega a mi es personal y frontal. Sin sentido.

¿Usted responsabiliza personalmente a Daniel Ortega?
Daniel Ortega. Nadie más podía haber asumido la responsabilidad de un atentando de ese nivel. Tuvo que haber sido con el visto bueno del Carmen, de otra manera nadie lo puede hacer.
Ha habido una saña contra Aníbal Toruño. Hablaba de una personalización de la represión.
Hay cosas que muy poco se saben. Me desmenuzó. Me quitó unidades móviles, motos, licencias. El caso de la casa solariega de mis hijos, el caso de la radio… Yo siento que tiene un problema patológico hacia mí. No entiendo esa atracción fatal que tiene Ortega contra mi persona. Yo soy humilde y sencillo. No es verdad que yo tengo la dimensión o la altura como para decir que este hombre sí puede poner en problemas al Estado o al gobierno de Nicaragua. Es desmedido. ¡Cómo goza él haciendo cosas que a la distancia me hacen sufrir! Él está tratando de triturarme mental y corporalmente.
Usted ha señalado algunos nombres como ejecutores de esas agresiones: comisionado Fidel Domínguez, Filiberto Rodríguez…
Fidel Domínguez no estaba todavía para el ataque a la radio, pero él fue responsable de otros ataques. Él hizo personalmente los allanamientos a mi casa, a la radio. Filiberto Rodríguez ha estado en todas las destrucciones de la radio que yo tengo memoria. Tránsito Téllez, Manuel de Jesús Alvarado, Evertz Delgadillo, Manuel Calderón… Estás hablando de gente totalmente fanatizada. Hay personas que yo nunca las he dicho, como Oscar Toruño, que terminó con las manos quemadas porque tiran el mortero a la radio cuando todavía hay gente de ellos adentro. Hay una serie de personas que salieron quemadas como este Oscar Toruño que le quedaron las manos deformadas porque él estaba adentro. Cuando yo regreso, en el 2019, ellos me vigilaban constantemente. Yo los veía.
Ahora usted está en el exilio y siguen persiguiéndolo: le han confiscado propiedades, cuentas…
Él (Ortega) trata de alcanzarme. Cuando comenzaron a leer los nombres de los 94 a quienes les quitaron la nacionalidad, estaba seguro de que yo estaba ahí, por el nivel de obsesión que Daniel Ortega tiene conmigo. Confiscaron una propiedad que está a nombre de mis hijos, quebraron el muro que tiene Radio Darío, las antiguas instalaciones, y comienzan a meter material de construcción. Se rumora, no lo puedo confirmar, que ahí harán una estación de policía. Pero lo que sea, al final es un abuso porque no hay un proceso en mi contra. A mí no me notificaron, no me preguntaron, no pasé ningún proceso de comunicación para que pueda suceder una cosa de esas.
¿Hay alguna acusación en su contra?
Fui llamado a declarar en el caso de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. Ya estaba fuera del país.
¿Acusación contra Aníbal Toruño ha habido?
No que yo sepa. No.
¿Cuál es su situación actual?
Sin vergüenza puedo decir que estoy reconstruyendo mi sueño a pedazos. Volver a inventarme y reiniciar. El exilio es lo más duro y difícil que uno pueda vivir y yo soy, en principio, un radiodifusor. Un hombre que siente, que vive la radiodifusión. Estoy en eso, estoy en la reinvención. Hoy el medio no es lo mismo. Nos quitaron las licencias. Las dos radios que eran mías , Radio Darío y La Guarachera. También se lleva en ese en ese impulso la emisora de mi sobrino y la emisora de mi hermano, que no estaban involucrados en absoluto.
Esto puede durar mucho más tiempo de lo que pensás y tenés que reinventarte. Yo soy una persona que cree en la empresa privada, en la radio, en un medio libre que pueda generar contenido y que pueda mercadear, y que le pueda vender un anuncio a cualquier empresa.
¿Cuando dice reinventarse significa reinstalar Radio Darío afuera?
Así es. Nosotros comenzamos una transición tratando de entender este tema de lo digital. Bueno, vamos a lo digital. Pero te das cuenta que no es verdad que Radio Darío puede seguir en la transición vendiéndose como Radio Darío, porque es una cuestión digital, multimedia, y estás en otra cosa. Yo lo que vendía era audio. Yo no vendía ni imagen ni foto ni videos. Entonces me doy cuenta que esa transición es más compleja. Ahora lo vamos a llamar Darío Medios, ya no lo podemos seguir llamando Radio Darío. Ahora es un paraguas, multimedia, incluyendo las radios.
Hay una audiencia de Radio Darío que se ha quedado huérfana porque no tiene acceso a lo digital.
Te mentiría si te digo que mi público es el mismo. Yo no puedo llegar a donde llegaba. Al que persiguen, al rural, al que estaba afuera y, además, gente humilde, sencilla. Me mandaron a la tierra de nadie. Me pusieron a competir con LA PRENSA, con Confidencial, con todos los medios de comunicación que ya tenían una plataforma digital más avanzada. Yo venía de radio. Era audio. Alguien me preguntaba ¿por qué la radio? Porque la radio tiene una penetración en lo rural, en la finca, en la quebrada, en el potrero. Ahí no llega lo digital. El 40% de la población nicaragüense está en lo rural y el que te dije que está resolviendo con lo digital, que está llegando a todo el público en Nicaragua, te está mintiendo.
¿Ha calculado Aníbal Toruño en cuánto ha sido afectado su patrimonio en estos últimos años?
Es mucho de dinero. Las pérdidas materiales han sido cuantiosas, siguen siendo muy grandes. La marca psicológica y emocional que esto trae a mi gente, a mi familia a mis hijos, a los que trabajaron conmigo, eso es dolorosísimo pensarlo porque los vi impactados sicologicamente. ¿Quién te puede compensar de una persona, por ejemplo, como Leo (Cárcamo), que padecía de azúcar, a quien Fidel Dominguez lo agarró, lo golpeó, lo llevó y lo puso desnudo frente a una asamblea? Leo no volvió a ser el mismo. Es decir, esa esa vida se perdió, se perdió la salud. Yo creo que lo material es importante, porque te quiero decir que son 79 años de un patrimonio transparente, de sacrificio, limpio absolutamente. Yo vengo de un patrimonio que lo hizo mi padre y mis hermanos, mis hijos, y es totalmente íntegro.
¿Cómo irle a poner una demanda a Daniel Ortega, mañana o pasado mañana y que sea el pueblo el que deba pagar esto? Y lo que me ha hecho a mi es lo que ha hecho a un montón de gente. La indemnización y la piñata la pagamos vos y yo. Yo no puedo estar tranquilo pensando que alguien me va a compensar con el mismo impuesto de un pueblo pobre que a veces come y a veces no come. Es un montón de plata. Nosotros éramos financieramente sólidos. Han pasado cinco años que nosotros dejamos de producir lo que estábamos eh produciendo. La Radio Darío es el sudor de mi padre. Costó muchísimo. Venimos de Guadalupe, a veces comiendo a veces no. ¡En mi colegio se burlaron de mí porque un día se me rompió el pantalón y no tenía calzoncillo! No había dinero poara comprar calzoncillos.

¿Ha iniciado algún alguna demanda internacional?
Hay, junto con otros colegas, un proceso internacional que yo debo de pensar que deberá de ser luz pública en algún momento. Un proceso muy lento, muy despacio. Yo he estado ahí porque creo que debemos de dar un precedente histórico, para que los dictadores, para que los que pretenden robar, arrancar la libertad de expresión de un medio de comunicación, entiendan que el que se atreva va a sufrir las consecuencias.
Cuando echa la mirada para atrás y revisa todo lo que ha costado esto, el peligro para su vida, el patrimonio robado, y el daño que se le ha hecho a sus cercanos… ¿Valió la pena?
Yo creo que sí. Y valió mucho la pena porque el mundo democrático, o lo que se ha avanzado en otras naciones, no pudiese ser sin el sacrificio, a veces inclusive la vida, de quienes se enamoraron de la defensa de la democracia, de la libertad. Yo tengo que pedirle perdón a mis hijos, a la mamá de mis hijos. Yo he perjudicado a otras personas a las que amo, a las que quiero. Es por esa persecución mía mucha gente ha preferido callar y no ser tan visible. A lo mejor he sido imprudente. Pero algo que me heredó mi papá es que yo nunca me voy a sentir preso de nada y eso lo he prometido en mi vida.
¿Se ve regresando a Nicaragua?
Sí, por supuesto. Yo pienso que hemos subestimado la capacidad de Ortega para prolongar su poder, pero hay dos cosas que son importantes en la vida: uno, es que es pasajero y en algún momento eso va a cambiar. El tiempo es nuestro mejor aliado. Estoy sentado, esperando a que pase, porque le va a llegar el tiempo y su momento. Se olvidan de que son finitos y que nosotros somos transitorios. Nicaragua volverá a ser república como decía Pedro Joaquín Chamorro. Volverá a ser una nación que construya su democracia.
No sé qué tanto de eso vaya a vivir yo, pero es indudable e irreversible. La historia está marcada por eso intentos de quienes quieren sumir a un pueblo en una tragedia como la ha sumido Daniel Ortega. Nosotros tenemos nuestro holocausto, qué significa quemar todo, en griego. ¡Daniel Ortega quemó todo! Y está acusado por asesinatos, torturas, desapariciones. Tenemos nuestro propio holacusto y eso, tarde que temprano, cambia.
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