El Diario LA PRENSA publicó el jueves 13 de abril una crónica sobre los migrantes nicaragüenses a Estados Unidos (EE.UU.), titulada “La realidad del ´sueño americano´: presión, adaptación y sobrevivencia”.
La crónica destaca la tragedia humana personal de Carlos Vallejos, el ciudadano nicaragüense originario de Rivas que se suicidó en el lugar donde vivía precariamente, en la localidad de Sun Valley, California.
“El hombre llegó a ese país con la ilusión de cumplir sus sueños —se escribe en la crónica—, pero ahora sus parientes, quienes se encuentran en Nicaragua, lloran su pérdida.” Es que “la migración está dejando una estela de muerte por muchas razones”, asegura una organización humanitaria de EE.UU. que ayuda a los migrantes.
Se dice que quienes emigran a EE.UU. de cualquier manera lo hacen atraídos por el “sueño americano”, por la esperanza de encontrar en ese país grande, rico y poderoso, el bienestar, la tranquilidad y la felicidad que en su propia patria se les niega. Pero según una psicóloga que trabaja en atención a los migrantes y que opinó para LA PRENSA, “el ´sueño americano es una ilusión o falacia”. Esto porque la realidad de la vida en EE.UU. para los migrantes, salvo excepciones de los afortunados, es muy diferente a lo que soñaban.
Dan Restrepo, quien fuera asistente especial del presidente Barack Obama y director para Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, opina en un reciente artículo publicado por el diario El País, de España, que “las personas migran por innumerables razones: supervivencia, huir de la persecución política, buscar refugio frente a la violencia criminal, querer reunirse con la familia o buscar una vida mejor. A pesar de la variedad de motivaciones… la mayoría comparte al menos una cosa en común: la creencia de que en Estados Unidos les espera una vida mejor, si es que pueden llegar hasta aquí. Es una creencia igual de fuerte que la de los que llegaron generaciones atrás a darle forma a este país”.
Ciertamente, el “sueño americano” no es una idea nueva. Como dice el periodista estadounidense Alex Crane, el sueño americano “tiene una historia tan larga como los Estados Unidos: de cierta forma, el país nació por el ‘Sueño Americano’. Los primeros colonizadores de Nueva Inglaterra llegaron en busca de libertad religiosa”. Pero además con la esperanza de pasar de la pobreza a la riqueza “por medio del trabajo duro, el coraje y la determinación”.
En aquella época, igual que ahora, los migrantes nicaragüenses, los que llegaban de Europa a EE.UU. huían de la discriminación, la opresión y la miseria, para establecerse en una tierra de libertad y oportunidades. No llegaron para disfrutar una prosperidad ya existente, sino para construirla, para crear la riqueza de EE.UU. y por ende la de sus propios sueños, ciertamente que por el trabajo fatigoso, el valor personal y la determinación de enfrentar y vencer todos los obstáculos que enfrentaran.
Ahora son otros tiempos y la realidad es muy distinta. En la actualidad los migrantes no llegan a EE.UU. para posesionarse de tierras vírgenes que hay que roturar y hacer producir. Como dice el periodista Crane antes citado, ahora, “al llegar a los Estado Unidos, muchos (migrantes) esperan cada día en una esquina en busca de trabajo y pasan hambre para poder enviar dinero a sus familias al otro lado de la frontera”.
Y a muchos otros les va peor que eso, como al nicaragüense de Rivas que en su extrema desesperación por no encontrar el tal “sueño americano”, optó por suicidarse. Por eso la psicóloga citada por LA PRENSA dice con amargura que el “sueño americano” es una falacia.