Everth Cabrera, de 38 años. LA PRENSA/ CORTESÍA

La nueva vida de Everth Cabrera en medio de su recuperación de las drogas y alcohol

Everth Cabrera lució un semblante diferente al que se observaba en las fotos y vídeos de hace cuatro meses previo a su rehabilitación

Sobre un campo disparejo, descuidado y sin reflectores a su alrededor, Everth Cabrera se sintió como pez en el agua. Después de casi tres meses de rehabilitación, el exbig leaguer volvió a pisar un terreno de juego y rodeado por niños que le mostraron una admiración sincera, el nandaimeño está consciente que ha regresado a la vida.   

Hasta hace unas pocas semanas Cabrera parecía correr sin freno hacia la muerte. Atenazado por los demonios de su adicción a las drogas, se había convertido en un peligro para quienes estaban a su alrededor, pero sobre todo para sí mismo, mientras dio la impresión que descendía a prisa a sus infiernos particulares.  

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No obstante, lo abismal de su caída, refuerza el valor de su regreso, emprendido a inicios de año cuando decidió dejarse ayudar por personas bondadosas como Isabel Zeug, y se le introdujo en un proceso de rehabilitación que ha seguido al pie de la letra. Ahora ha tenido un primer contacto con un campo de beisbol y volvió a la vida.  

“Me sentí como que volví a nacer. Fui a una comunidad llamada La Sandino, en Miraflores, Estelí, y poder compartir con los niños y ayudarles un poquito, me hizo sentir muy bien. Es el primer contacto que tengo con niños y me sentí muy identificado con ellos porque así fue como yo comencé a jugar en un campito sencillo”, indica Everth. 

Cabrera jugó también en esos majestuosos estadios de las Grandes Ligas a donde llegó tras un admirable esfuerzo que lo convirtió en un ejemplo de determinación y tenacidad para la juventud nicaragüense, pero allá en la cima lo esperaba la distracción y junto a la fama le trastornaron el sentido de la realidad y sucumbió bruscamente.  

“Cuando miro hacia atrás, hay un sentimiento de pesar en mí por lo que pude haber logrado y no lo conseguí. Llegué a las Mayores y pudo haberme sostenido un mayor tiempo, pero mis malas decisiones me llevaron por los malos caminos y ahora solo me queda trabajar para sacar lo mejor de mí en la tarea que sea”, dice el nandaimeño.  

Firmado por los Rockies de Colorado en 2004, Cabrera llegó a Grandes Ligas en 2009 con los Padres de San Diego, quienes lo consiguieron a través de la regla 5 y lo hicieron debutar en las Mayores directamente desde Clase A+. Alcanzó su punto más alto en 2012, cuando se convirtió en líder en robos de la Liga Nacional y fue al Juego de Estrellas. 

“Lo que alcancé me costó mucho trabajo y ahora me da mucho pesar que pude haber hecho más aún, pero he decidido aprender de las experiencias que he vivido y concentrarme en lo que puedo hacer ahora, porque la verdad, me gustaría ser coach. Y para enseñar y para que te respeten, tengo que tener un buen comportamiento”, reconoce.  

Durante su experiencia en la comunidad La Sandino, Cabrera habló y enseñó a los niños algunas técnicas de beisbol, pero sobre todo les habló de la vida y de lo valioso que es ser un buen ciudadano, mientras los escuchaba e interactuaba con ellos, en una actividad que hará dos veces por semana luego de las vacaciones de Semana Santa.  

“A veces cuando miro algunas imágenes de mi mal comportamiento siento vergüenza y le pido a Dios que me ayude para que no regrese a ese mundo oscuro. Creo que nadie quiere ser mal ejemplo. Ahora mismo me siento firme en el proceso y Dios primero que siga de era manera porque siempre vale la pena vivir”, aseguró el extorpedero.

 A sus 36 años, Cabrera podría tener muchas opciones por delante, más ahora que desea ser coach, pero, sobre todo, tiene una lucha enorme, que es sobreponerse así mismo, a sus propias contradicciones y ser su mejor versión. Por fortuna, va imponiéndose en esta nueva batalla y hay gente a su alrededor dispuesta a ayudarlo.

Deportes Everth Cabrera archivo

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