Como ya queda descartada la lucha armada para salir de la tiranía de Daniel Ortega, según quienes continúan diciendo que la Guerra Fría terminó y que por lo tanto los viejos esquemas de lucha por el poder también, ―lo que no es cierto partiendo del mismo hecho de que el sandinismo ha continuado desbaratando impunemente a Nicaragua desde 1979―, no queda más alternativa que crear nuevos partidos políticos de derecha y dar la batalla electoralmente.
Pero, ¿cómo hacerlo si ya las paralelas liberales y conservadoras pasaron a la historia, y el mito de los tradicionales partidos liberales ya no existe desde la identidad del votante identificado con esa ideología en los gobiernos pasados? ¿O, será posible que surjan nuevas corrientes ideológicas y de pensamiento que sean capaces de romper con el actual panorama de dominación extrema orteguista, o tendrá la diáspora una iniciativa diferente con tanto divisionismo sin sólidos liderazgos?
Ante tantas interrogantes, solo una gran verdad subsiste: el patrimonio gigante de la gran masa liberal, roja sin mancha, de campesinos y productores del interior del país, del obrerismo urbano y capas medias y populares en su gran mayoría, más un segmento de profesionales e intelectuales. Después no hay nada más a nivel de cifras traducidas en votos.
Pero esa masa liberal de derecha ha sido olvidada incluso por sectores y excandidatos que en las elecciones de 2021, antes de caer presos la marginaron erróneamente y al día de hoy, ningún dirigente político o líder con garras triunfalistas desde el exterior (que no lo hay aún ni dentro ni fuera del país dicho sea de paso) se ha percatado de semejante detalle.
Este hecho ha obligado a que miembros de esa base que mantienen intactas, pero sin cabeza, sus estructuras, empiezan a aliarse con liberales formados en el exterior, sobre todo en Estados Unidos y otros que han arribado a este país en este turbulento exilio incrementado a partir de 2018, lo que hasta el momento ha resultado exitoso pese a los inconvenientes geográficos normales, y al cuido que debe tenerse ante la chivatería rojinegra oficialista.
Es comprensible que por ahora no puedan revelarse nombres de quienes están al frente de esta iniciativa unionista que lleva a la vanguardia al liberalismo. Pero lo grato es saber que se trata de personas que han sabido hacer valer sus grados de honradez, que no han vivido de ningún salario estatal o partidario y que en momentos de ofensivas ambientales como con los huracanes, han demostrado su solidaridad.
¡De eso se trata también la política! Es un deber histórico y presente hacerlo. Se debe continuar con esa agenda y deben construirse muchos más puentes desde esa primera conexión que viene gestándose desde el 2022. Es lógico pensar que deberá hacerse mucho más, pero ese es el pivote, que, junto a otras fuerzas de menor índice votante, conservadores, socialcristianos, contras y, debe decirse también, contando además con el voto de los disidentes generales descontentos con todo lo que huela a sandinismo.
Para que este revivir del voto histórico liberal sea una contundente realidad en unas próximas elecciones, con actitud ganadora, se deben hacer muchas cosas, entre ellas intentar despertar esa mística política electoral, similar a la de 1990 con doña Violeta Chamorro y la UNO; presentar un plan real de Gobierno basado en la esencia liberal clásica y contar con el apoyo incondicional de la comunidad internacional. De otra manera resultaría imposible.
El liberalismo sigue siendo la garantía para la recuperación de la democracia, por eso es tan importante razonar con la cabeza cada paso que se dé en este naciente relevo generacional, el cual debe descontaminarse del atavismo y caudillismo reinante que, incluso, ha perforado con sus actitudes a supuestos líderes de la llamada sociedad civil. De ser así las cosas se abren nuevas esperanzas con los pies en la tierra.
Queda por verse ahora, si se es capaz con una nueva corriente liberal de derecha, unida y fortalecida con esa inmensa agrupación campesina del interior de Nicaragua, mandar al diablo de una vez y para siempre al gamonalismo, al caudillismo, al Estado-botín y a los vicios que siempre han sido el soporte de la agenda de esa clase política ya agotada.
El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos.