Respuesta a HOS: ¡Ninguna tregua santa, general! ¡Memoria, verdad, justicia y reparación!

He leído con detenimiento el artículo de opinión titulado “Tregua santa”, escrito por el general en retiro Humberto Ortega Saavedra, que fue publicado originalmente por el Diario LA PRENSA. En estas líneas, como ciudadano nicaragüense víctima de las tropelías de su hermano y su cuñada, quisiera responderle: ¡Ninguna tregua, señor! Memoria, verdad, justicia y reparación para las víctimas sobrevivientes y los familiares de las víctimas fatales.

Le digo al general Ortega: para que exista una tregua tiene que existir antes partes en guerra, él lo sabe porque fue el jefe del Ejército. ¿A qué guerra implícitamente se refiere? Ni siquiera en términos metafóricos. Él no puede ni siquiera insinuar la existencia de una guerra implícita entre partes, porque no la hay. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos para Nicaragua del Consejo de Derechos Humanos de la ONU habla de un Estado y especialmente de dos funcionarios familiares del general Humberto Ortega: Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes han atacado a la población civil y han cometido crímenes de lesa humanidad.

Como militar, el general Ortega mejor que nadie sabe lo que significa el talle y la gravedad de estos crímenes. No hay partes en conflicto, solo una que, queriendo atornillarse eternamente al poder, ataca sin piedad a todos los sectores de la sociedad, triturando las libertades y los derechos.

La liberación de los 222 no es una concluyente coyuntura. ¿Se refiere el general retirado a un crimen de lesa humanidad que se llama desplazamiento forzado como garantía de “pacto democrático de cohabitación nacional”? ¿Cómo se puede llegar a este punto de distorsión de los hechos? No, el general Ortega debe recordar  que su hermano despojó de su nacionalidad y está confiscando los bienes a los 222 y después arremetió contra 94 nicaragüenses más.

¿Un pacto democrático sobre la base de la sangre y el sufrimiento de los que están en Nicaragua? ¿El general Ortega ha, siquiera, escuchado cómo su hermano se refiere de las personas a las que desterró? Con un régimen autoritario no se puede ni alcanzar un pacto democrático, porque él mismo erosionó, extenuó a la democracia y no se negocia con criminales de lesa humanidad. ¿Se ha puesto a pensar, el general Ortega, en lo que pensarían las madres de los asesinados por las fuerzas policiales de su propuesta? ¡Es un insulto para la inteligencia de los nicaragüenses!

Se refiere a que hay una pugna ideológica. No hay tal pugna, el general sabe bien que hace años que su hermano abandonó las matrices ideológicas y gobierna a pulso de autoritarismo, muerte, cárcel y confiscación. Su hermano y su cuñada no están ubicados en ninguna acera ideológica, porque incluso, una lectura económica de su gobierno resultó ser más neoliberal que cualquiera de sus predecesores.

Que conste: esto lo escribe un ciudadano común que comulga con la izquierda democrática y no autoritaria. Lo autoritario le quita cualquier cercanía ideológica al gobierno que el general Ortega quiere salvar. ¡No hay ninguna pugna ideológica! ¿Dónde nos recogeremos el más de medio millón de nicaragüenses que hemos huido por la violencia de su hermano?

Quisiéramos hacerlo en nuestro país, con nuestras familias. Mas el pueblo católico no puede ni siquiera participar de los ritos procesionales tan vitales para la espiritualidad católica. ¿No observa los ataques sistemáticos a la Iglesia católica que constituyen persecución a una colectividad religiosa en arreglo con el Estatuto de la Corte Penal Internacional?

¿Tregua santa, dice el general? ¡Él escuchó a su hermano llamar “energúmeno” al obispo Álvarez por quien dice alegar en su artículo! Su cuñada quiere destruir la autoridad espiritual de la Iglesia, atacándola todos los días, para transferir esa autoridad indiscutible y consolidada por los siglos a ella y su esposo. ¡Pero no podrán! La fuente del poder estatal es la coerción legítima y la de la Iglesia su prédica del evangelio que denuncia las injusticias. Que el general Humberto Ortega denuncie eso, que denuncie los ataques, que no sesgue su visión de las cosas.

¿Polarización? ¡Esta no es una sociedad democrática! Lo que existe es un gobierno que comete día a día crímenes de lesa humanidad contra el pueblo, no hay polarización donde una de las partes ataca a la otra que en justo derecho debería proteger para doblegarla. ¡No, general! Ni tregua, porque no hay guerra, ni pacto democrático, porque no hay democracia, ni cohabitación, porque medio millón de nicaragüenses hemos sido expulsados, más de 350 asesinados, miles de heridos y más de 3 mil oenegés disueltas y confiscadas!

El general Ortega sugiere un pacto y cohabitación con su hermano, mientras continúa torturando al pueblo que está en Nicaragua, lo ataca, cierra sus espacios y lo encarcela. ¡No se puede negociar con el agresor, ese es un principio básico y él lo sabe! Lo que las víctimas queremos es memoria, verdad, justicia y reparación. Queremos que cesen los ataques al pueblo, que se abran las vías democráticas legales, no a través de pactos, ni amnistías para sumarnos a las nauseabundas prácticas erráticas del pasado, queremos reparación para las víctimas fatales. Que el Estado abandone su discurso de negación de su participación en los crímenes de lesa humanidad desde 2018, discurso que repite su cuñada todos los días al mediodía.

Eso no depende de esa otra parte imaginaria que el general Ortega elucida en su artículo. Todo está en manos del Estado y lo seguirá estando. ¡Memoria para no repetir, verdad para saber cómo sucedieron los hechos represivos, justicia para que los responsables respondan por sus crímenes y reparación para que las víctimas sobrevivientes y los familiares de víctimas fatales puedan avanzar en el camino de la cicatrización de su hondo dolor! ¡Ninguna tregua, general!

El autor es secretario ejecutivo de Calidh y catedrático de derechos humanos.

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