Gerson Snayder Suazo Báez salió del país huyendo en febrero de 2020. La Policía lo perseguía por participar en los llamados «piquetes» de la Universidad Centroamericana (UCA), que eran manifestaciones estudiantiles dentro del campus, donde Suazo destacaba por su oratoria e ímpetu. En ese entonces tenía 25 años y ya había pasado por la cárcel tras participar en las protestas de 2018.
Tras tres años en el exilio, Suazo trabaja como conductor de taxi en Costa Rica, y está tratando de establecer un negocio propio de sublimación, sin embargo, lamenta mucho no haber podido seguir sus estudios de Psicología por la falta de convalidación académica que le negaron en la universidad donde estudió en Nicaragua.
«Se ha hecho creer que porque le están dando la oportunidad de continuar sus estudios a algunos nicaragüenses jóvenes en universidades de Costa Rica creen que eso aplica para todos, pero lo que pasa es que estas personas sí tienen sus papeles que convalidan sus estudios en Nicaragua y eso es algo que piden en los requisitos», explicó Suazo.
Hijo de policía en Nicaragua
Suazo es hijo de un policía que murió en 2015 en un accidente de tránsito. Es originario del municipio de Chichigalpa, departamento de Chinandega. Estudiaba el último año de Psicología en la Universidad Cristiana Autónoma de Nicaragua (UCAN) de Chinandega cuando se unió a las protestas estudiantiles contra el régimen de Daniel Ortega. Fue uno de los jóvenes que estuvo preso por protestar en 2018 y salió de la cárcel en 2019, tras la aprobación de la cuestionada Ley de Amnistía para los presos políticos.

Al igual que los demás presos políticos, nunca volvió a tener una vida normal cuando salió de la cárcel. En su municipio era asediado y perseguido por la Policía, por eso se tuvo que trasladar a Managua, donde siguió participando en las protestas.
En 2019, Suazo volvió a destacar cuando rechazó que utilizaran el nombre de su padre, Juan José Suazo Rivera, para nombrar la estación policial de Chichigalpa. El joven dijo que era una deshonra a la memoria de su papá, porque la Policía de Nicaragua es una institución criminal y asesina.
A inicios de 2020, la Policía circuló afiches con el rostro de Suazo y otros jóvenes con la inscripción «Se busca». El 9 de febrero se conoció la acusación formal de un supuesto robo agravado, la cual fue radicada en el Juzgado Décimo Distrito Penal de Audiencia de Managua, y posteriormente tres jóvenes, que también participaban en los piquetes, fueron detenidos.

Huyó sin ningún documento a Costa Rica
Suazo salió del país con la Policía pisándole los talones, por lo que no pudo llevarse ningún documento a Costa Rica.
«Cuando vine acá no tenía papeles ni trabajo, los trámites para conseguir un documento de estatutos se alargan mucho, ni siquiera el permiso de trabajo», relató Suazo.
Aunque ya ha pasado tres años viviendo en otro país, Suazo aún no se separa de la lucha cívica y la demanda por una Nicaragua diferente. Sigue organizado con otros nicaragüenses exiliados en Costa Rica. El pasado 28 de febrero se encadenó en las oficinas del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) como protesta por el financiamiento que le da esta institución financiera internacional a la dictadura de Daniel Ortega.

Este activismo lo sigue poniendo en la mira del régimen aún estando en Costa Rica, porque hay ocasiones que se ha sentido perseguido como cuando una camioneta se detuvo y alguien sacó un celular por la ventana para hacerle una foto.
«La situación de seguridad en Costa Rica es muy dudosa para los opositores nicaragüenses. Yo he tenido tres ocasiones de acciones sospechosas que miro a mi alrededor, como personas que andan investigándome e igual le ha pasado a otros excarcelados políticos», dijo Suazo.