La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania cumple un año este viernes 24 de febrero. Es una guerra sucia, porque las fuerzas armadas rusas, sobre todo la aviación y los drones, atacan principalmente a la población civil indefensa en las escuelas, hospitales y edificios de viviendas.
Esta guerra es el principal acontecimiento internacional en lo que va del siglo XXI, y quedará marcada en la historia igual que las agresiones de los imperialismos occidentales de los siglos pasados, cuyo lugar ocupan ahora las nuevas potencias imperialistas, Rusia y China.
Al cumplirse un año de esta guerra de Rusia contra Ucrania —a la que ya había agredido militarmente en 2014, arrebatándole la península de Crimea y otros territorios fronterizos—, son muchos y diversos sus aspectos relevantes que vale la pena mencionar y analizar.
Pero en Nicaragua, por la situación política imperante lo que se debe destacar es la capacidad de resistencia de Ucrania, mejor dicho, del pueblo ucraniano, que ya le ha propinado una gran derrota estratégica a la gran potencia rusa, muy superior en territorio, población, economía y fuerzas armadas.
El presidente autocrático de Rusia, Vladímir Putin, creyó que lo de Ucrania más que una guerra sería una rápida operación militar; que en unos cuantos días pondría de rodillas al gobierno y el pueblo ucranianos; que todas las provincias fronterizas serían anexadas a Rusia, y que en Kiev sería instalado un gobierno obediente a los designios e intereses de Moscú.
Pero se equivocó de plano. Ucrania no solo ha resistido durante un año sino que ha propinado contundentes derrotas a los invasores rusos.
El Occidente libre y democrático (Unión Europea, Reino Unido y la OTAN, Estados Unidos y Canadá) no se quedó impasible, como cuando ocurrió la agresión militar de Rusia a Ucrania y la anexión de Crimea, en 2014.
Esta vez el mundo libre hizo propia la agresión rusa contra Ucrania, y sin involucrarse directamente en el conflicto bélico, o sea en el terreno de la contienda, ha proporcionado al gobierno y pueblo ucranianos un gigantesco respaldo económico y logístico militar —además del político y las contundentes sanciones a los agresores—, sin el cual la Rusia imperialista hubiera alcanzado fácilmente los objetivos de Putin.
Ucrania —el pueblo ucraniano— ha pagado un enorme precio por su heroica resistencia a la agresión rusa. Miles de muertos tanto militares como civiles; gran destrucción de infraestructuras, masacres de la gente civil inocente que sufre los incesantes bombardeos. Y lo seguirá pagando no se sabe por cuánto tiempo, porque la guerra no parece acercarse a un pronto final.
Los amigos de la Rusia de Putin, como China comunista y el Brasil de Lula da Silva, pretenden que Ucrania se rinda con hipócritas propuestas de acuerdos de paz que dejarían los territorios ocupados militarmente en poder de Rusia. Pero el único acuerdo que aceptan el gobierno y el pueblo de Ucrania es uno que implique la salida de las tropas rusas del territorio ucraniano, y la liberación de todos los territorios ocupados, incluyendo Crimea.
En la Nicaragua de los años 20 y 30 del siglo pasado, Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional lucharon durante 6 años, hasta que obligaron al imperialismo de EE.UU. a sacar del país sus fuerzas de ocupación militar.
En la actualidad, los ucranianos apenas llevan un año de resistencia contra el imperialismo ruso. Pero tienen la decisión de resistir hasta alcanzar la victoria, siempre y cuando el Occidente libre y democrático mantenga y aumente el respaldo material, económico y militar a los heroicos ucranianos que luchan por su independencia y la soberanía nacional, por la libertad y la democracia que les quieren arrebatar.