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22 de enero de 1967: “La paz nace de la justicia”

Este título, La paz nace de la justicia, puso el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, a su editorial del domingo 22 de enero de 1967.

     Esta es una fecha trágica, pero gloriosa en la historia política de Nicaragua, del siglo XX y de siempre. Ese día, hace 56 años, efectivos de la Guardia Nacional (GN) de la dictadura dinástica somocista reprimieron a balazos un intento de sublevación popular, durante una manifestación de campaña electoral de la oposición democrática.

     Esa manifestación fue el cierre de campaña electoral de la Unión Nacional Opositora (UNO), cuyo coordinador era el doctor Chamorro Cardenal y el candidato presidencial el líder conservador Fernando Agüero Rocha.

     Las elecciones serían y fueron el domingo 5 de febrero. La oposición cívica participaba en la campaña electoral bajo la bandera de la UNO, pero no había garantías de que los comicios serían justos y transparentes.

Por eso la dirigencia opositora decidió que la gente participante en la masiva manifestación del 22 de enero se mantuviera en la calle, en la Plaza de la República y a lo largo de la Avenida Roosevelt en el centro de Managua; hasta que el Estado Mayor de la GN bajara a dialogar y acordar el establecimiento de un gobierno provisional que preparara las condiciones para que pudieran realizarse elecciones libres y limpias.

En el editorial de LA PRENSA del domingo 22 de enero que mencionamos arriba, el doctor Chamorro Cardenal hizo un llamado indirecto, pero claro a la GN, sobre el deber histórico que debía cumplir en favor del pueblo nicaragüense:

“Las Fuerzas Armadas son para proteger los derechos del ciudadano        –escribió el doctor Chamorro Cardenal— y entre esos derechos está el de manifestar libremente, sin coacción, su voluntad a través del voto secreto, y también el derecho a que ese voto secreto, se cuente limpiamente”.

Pero no hubo reacción positiva del alto mando militar a la petición opositora y de las masas populares que estaban en la calle, perdiendo la oportunidad de restaurar la república democrática y evitar la catástrofe del derrocamiento armado del somocismo, que a los primeros en aplastar fue a ellos mismos.

Lo que ocurrió fue que alguien de los manifestantes opositores disparó un arma de fuego matando a un teniente de la GN, la cual respondió ametrallando a la multitud con un saldo de muertos y heridos que nunca se determinó. Aquel hecho sangriento pasó a la historia nacional como “la masacre del 22 de enero”.

El doctor Chamorro Cardenal y otros dirigentes de la oposición fueron encarcelados, pero solo durante un mes y medio. Y al salir de la cárcel escribió el editorial Antes de volver a empezar, publicado en LA PRENSA del 15 de marzo de 1967, en el cual expresó entre otras cosas lo siguiente:

“El 22 de enero no fue planeado como un acto de subversión armada, pero resultó la expresión de valor más extraordinaria del pueblo nicaragüense en los últimos años. Esa experiencia debe advertir a todos… que en nuestro pueblo existe una decisión inquebrantable por lograr un nivel de vida democrática aceptable…

“Nicaragua, a mi juicio —siguió diciendo—  necesita una gran amnistía, o sea un gran olvido de sus sistemas electorales. Necesita dar la espalda a un método anticuado y absurdo, para instalar otro nuevo, que evite la irremisible llegada cada cuatro o cinco años, de las siete plagas de Egipto”.

Pero la lección histórica del 22 de enero no se termina de aprender. La recomendación del doctor Chamorro  Cardenal fue atendida en las elecciones de 1990, pero después de solo 16 años de democracia, volvimos a retroceder. Y las plagas de Egipto siguen azotando a la desventurada nación nicaragüense.

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