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Repatriar un cuerpo puede costar hasta 8,000 dólares. AFP

El drama de repatriar a un ser querido

Más de 30 familias nicaragüenses están tratando de repatriar los cuerpos de sus seres queridos en este momento. Los costos son altísimos. El dolor de no poder despedirlos se prolonga por meses, casi años, y el principal obstáculo es: el cónsul Samuel Trejos, aseguran.

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Lesther Castillo Jarquín tenía tres motivos para migrar. Uno de ellos tiene seis años, y los otros dos son un par de gemelitos que están por cumplir dos. Ahora están en la orfandad porque su padre murió ahogado en el río Bravo, en la frontera entre México y Estados Unidos.

El tío de los niños, Norvin Castillo Jarquín, dice que “todos los corazones de mi gente están partidos en pedacitos” por la muerte de Lesther, y también porque no han podido sepultar su cuerpo ni despedirse por última vez antes de que descanse bajo tierra para siempre.

“Es un ciclo” que la familia no ha podido cerrar, comenta Norvin, porque el cadáver todavía se encuentra en una morgue de Estados Unidos ya que el cónsul de Nicaragua en Houston, Samuel Trejos, no ha firmado y sellado los documentos necesarios para que el cuerpo pueda ser repatriado.

En la misma situación están más de 30 familias, dice Justin Ochoa de la organización Texas Nicaraguan Community (NTC). Según un reporte hecho por la revista Magazine, 71 nicaragüenses murieron en su búsqueda del “sueño americano” y otros siete se encuentran desaparecidos, solo en el 2022.

El caso de Lesther es uno de ellos. Al igual que el de Francisco Javier Téllez quien el próximo 18 de febrero estará cumpliendo un año de haber fallecido ahogado en el río Bravo y todavía no ha podido ser repatriado.

Lesther Sotero Castillo Jarquín tenía 28 años cuando falleció ahogado en el río Bravo. ARCHIVO

Cinco minutos antes de que Lesther cruzara el río Bravo habló con su hermano Norvin, quien ya se encontraba en Estados Unidos desde hace cinco meses. Ese 26 de mayo, uno de los acompañantes de Lesther le confirmó que su hermano se había entregado a las autoridades estadounidenses.

Otro de los acompañantes de Lesther llamó a Norvin tres días después y le contó que su hermano no estaba retenido, si no que había muerto ahogado en el río. Le dijeron que sí logró cruzarlo, pero se regresó a ayudarle a alguien que estaba teniendo problemas para cruzar. El buen gesto de Lesther le costó la vida. La corriente lo arrastró y su cuerpo fue encontrado días después.

Desde entonces, Norvin ha estado tratando de repatriar el cuerpo de su hermano, pero ocho meses después de la tragedia, todavía no ha podido. “Yo no pensé que era tan complicado el proceso. Pensé que iba a buscar el cuerpo, lo reconocía, me lo entregaban, buscaba el dinero y lo repatriaba”, dice el hombre mientras suspira como para tratar de reprimir la impotencia de que su hermano esté todavía en un cuarto frío, y no descansando en paz, en su tierra y con su familia.

La morgue de Eagle Pass se encuentra llena de cadáveres de migrantes que esperan a ser reconocidos y repatriados. AFP

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Las trabas del cónsul

Repatriar un cuerpo sería menos difícil si el cónsul nicaragüense, Samuel Trejos, colaborara, comenta Justin Ochoa de Texas Nicaraguan Community (TNC). Esta es una organización de nicaragüenses que viven en el estado de Texas y que ha brindado ayuda humanitaria a los nicas que llegan a Estados Unidos y apoyan en casos de repatriaciones.

Ochoa explica que el proceso ideal sería que cuando las personas sepan que su familiar falleció en su camino a Estados Unidos y sepan que está en una morgue de Texas, vayan a reportarlo como desaparecido al Ministerio de Gobernación (MIGOB) en Managua. La familia deberá proporcionar el nombre completo y señas particulares que tenga como tatuajes, cicatrices, lunares o demás.

Esta información se le envía al cónsul y cuando la reciba deberá mandar un reporte a la morgue donde se presume está el cuerpo, en el cual indique los datos que la familia dio al MIGOB. Con eso, la morgue procede a buscar el cuerpo y una vez que lo encuentran extienden el acta de defunción que deberá ser firmada y sellada por el cónsul para que el cuerpo pueda salir por el aeropuerto.

El problema es que Trejos no está firmando ni sellando las actas de defunción y solo en algunos casos ha enviado reportes a la morgue.

“Si él firmara el documento, ya solo queda entregárselo a la aerolínea para que programe el vuelo”, explica Ochoa, y menciona que cada vez que piden al consulado dar continuación al proceso cuando la morgue entrega el cuerpo, una secretaria les dice: “Yo hasta aquí llego. Ya hice el reporte y eso es todo lo que tengo que hacer”.

Denuncian al cónsul Sanuel Trejos
Samuel Trejos, cónsul de Nicaragua en Houston, Texas. ARCHIVO

En el caso de Lesther, Norvin dice que el consulado no fue de mucha ayuda. Cuando le dijeron que su hermano había fallecido en el río, viajó nueve horas desde Nueva Orleans hasta Eagle Pass, en la frontera con México y después de buscarlo por dos días, finalmente encontró el cuerpo de su hermano en una morgue.

Ese cadáver llevaba la cédula de Lesther en la bolsa de su pantalón, pero para la morgue no era suficiente para identificarlo. La familia reportó a Lesther como desparecido en el MIGOB y le enviaron la información al cónsul a través de un correo electrónico con copia a la familia.

Como Norvin no veía avances en el proceso, fue directamente al consulado en Houston. “No me trataron muy bien la verdad – cuenta- me dijeron que tenía que ser la morgue la que le pidiera los datos de mi hermano. Yo les dije que la morgue me había mandado a mí al consulado, pero me dijeron que no, que ellos (morgue) tenían que mandarle un correo”.

Al siguiente día, el cónsul Trejos lo llamó para preguntarle sobre el caso de su hermano. “Ahí me estuvo diciendo que disculpas, que iba a hacer lo que estuviera en sus manos, pero me quedé esperando”.

Varias semanas después, la morgue le dijo a Norvin que necesitaban una prueba de ADN para entregarle el cuerpo y que los resultados debían estar respaldados y ser enviados por el consulado. La morgue envió un correo a Trejos explicándole la situación y él después llamó a Norvin otra vez.

“Le corté la llamada porque lo que me dijo me pareció irrespetuoso”, indica el hombre. “Acaso yo soy médico para hacerte un ADN. Yo no soy doctor, yo soy cónsul y la morgue está allá”, cuenta Norvin que le dijo Trejos en la llamada.

Norvin estuvo en estos trámites por cuatro meses, hasta que finalmente en octubre, la morgue aceptó tomarle la prueba de ADN ellos mismos, pero le explicaron que los resultados tardarían entre siete meses a un año. Afortunadamente, dos semanas después lo llamaron para decirle que habían reconocido el cuerpo de Lesther según las características físicas que él había dado.

La vía mexicana

Las trabas del cónsul han obligado a las familias y a quienes les ayudan en el proceso a buscar nuevas maneras para repatriar los cuerpos de sus seres queridos. Como el problema es que el cónsul no está firmando ni sellando las actas de defunción para poder sacar los cuerpos, Ochoa indica que han tenido que ser trasladados a México para enviarlos a Nicaragua.

TNC consiguió el servicio de una funeraria mexicana que tiene una subsidiaria en Eagle Pass, donde se encuentran varios de los cuerpos de nicaragüenses fallecidos. Esta funeraria cobra 3,500 dólares por repatriar un cuerpo. Según Ochoa este es un buen precio porque otras funerarias cobran entre 5,500 y hasta 8,000 dólares.

Todo el proceso inicia una vez que la morgue logra identificar el cuerpo. La funeraria envía a los familiares en Nicaragua un formulario que deben llenar y firmar, además de otorgar una carta de aceptación en la cual autorizan a la funeraria para representarlos en Estados Unidos, y que les sea entregado el cadáver. Estos documentos pueden ser enviados por correo electrónico.

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Una vez retirado el cuerpo, la funeraria se encarga de apostillar los documentos y trasladar el cadáver a México. Las familias también deben enviar un poder hecho en Nicaragua con la ayuda de un abogado, y luego enviadopor correo físico hacia México, en donde autorizan a la funeraria para que los represente en este país.

Cuando el cuerpo llega a México, la funeraria debe ir a la embajada nicaragüense para que les otorguen una carta de salida del cuerpo indicando que se cumplen con todos los requisitos sanitarios. Por último, la funeraria se coordina con la aduana mexicana y la aerolínea para entregar el cuerpo y que llegue a Managua.

Ochoa explica que la embajada de Nicaragua en México les ha explicado que ellos no pueden sellar y firmar el acta de defunción porque la persona no murió en ese país, pero sí les pueden extender una carta de salida del cuerpo para que pueda ser repatriado.

El río Bravo suele ser el último obstáculo que enfrentan muchos migrantes antes de entregarse a las Estados Unidos. Muchos son arrastrados por la corriente y no logran sobrevivir. AFP

El otro problema: reconocer el cuerpo

Pero el problema que tienen la mayoría de familias es cuando los cuerpos son difíciles de identificar porque las morgues no quieren entregarlos sin antes estar completamente seguros de que son los verdaderos familiares del fallecido.

En algunos casos, las víctimas llevan su cédula de identidad o sus pasaportes, pero para la morgue eso no es garantía pues en el camino pudieron haber recogido esa identificación que puede ser de otra persona.

“La forense dice que para ella eso no es suficiente, entonces en esos casos la familia tiene que proporcionar las huellas dactilares. Esas las da el Consejo Supremo Electoral (CSE), pero las tiene que pedir el cónsul, pero como no quiere saber nada de estos casos, él solo hace el reporte y listo”, explica Ochoa.

Una forense de la morgue le ha dicho a Ochoa que no puede aceptar ninguna huella que no lleguen del cónsul o de los familiares. En estos casos, han tenido que recurrir a una funcionaria de la embajada nica en México, quien hacía la solicitud de las huellas dactilares al CSE y se las enviaba a los de NTC, para que luego las pasaran a los familiares y ellos se las enviaran a la morgue. Sin embargo, la funcionaria que les ayudaba en esos casos, ya no trabaja en la embajada nica.

Ochoa comenta que también hay casos en que han tenido que ayudarle a las familias a redactar los correos, e incluso crearles una cuenta porque la mayoría son de escasos recursos, sin acceso a internet o que no saben manejar aparatos digitales porque son muy mayores.

Por otro lado, hay casos en los que las huellas dactilares no son suficientes para reconocer los cuerpos, sobre todo porque los cadáveres están muy descompuestos. En estos casos es cuando la morgue solicita una prueba de ADN. “Ahí es donde está el gran problema ahorita”, dice Ochoa, quien calcula que son unas 34 personas nicaragüenses las que necesitan ser reconocidas con estas pruebas.

El problema es que no saben cómo hacerlo sin la ayuda del cónsul.

En muchos casos, los cuerpos están en un estado de descomposición avanzado y es muy difícil para los forenses identificar las características que dan los familiares. AFP

Este problema inició en agosto de 2022, cuando Ochoa llegó a la morgue a consultar cómo avanzaban los casos. Ahí le dijeron que ellos habían enviado varios kits para tomas de muestra de ADN al consulado nicaragüense, para que se encargaran de tomar las muestras y no se atrasara el reconocimiento de los cuerpos. “No hicieron nada. Se quedaron con ellos (kits)”.

En diciembre, TNC consiguió nuevos kits con ayuda de otra oenegé y fueron enviados a Nicaragua para que las familias se hicieran las muestras y las enviaran a Estados Unidos.

Las muestras fueron tomadas por médicos privados y con un abogado que testificó para varias familias. Incluso fueron autenticadas y apostilladas por Cancillería, pero cuando llegaron a la morgue, el cónsul Trejos las desestimó porque dijo que se habían hecho sin su conocimiento.

En este momento, la morgue recién está retomando actividades tras las fiestas de diciembre, y todavía no se sabe si aceptarán las muestras para reconocer los cuerpos. “La gente tiene esperanza de recuperar el cuerpo de su familiar, porque eso es un ciclo que no se cierra así por así”, señala Ochoa.

Esa misma esperanza es la que tiene Norvin y su familia. Lesther era el tercero de seis hermanos campesinos de Boaco. Antes de emprender el viaje se dedicaba a la agricultura, pero soñaba con darle una mejor vida a sus tres hijos.

Ahora, el cuerpo de Lesther se encuentra en una funeraria esperando que se solucione un error en su acta de defunción para poder iniciar la repatriación. El problema es que la morgue no especificó la causa de muerte en el acta.

De momento, Norvin todavía no sabe cuándo podrá ser repatriado su hermano. Todo el proceso ya le va costando 5,500 dólares hasta ahora, dice, pero lo único que le importa es que su hermano regrese a su patria a descansar de una vez por todas. “Yo siento que, ya dándose la repatriación, va a poder haber un descanso”.

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