Luis Somoza

¿Merece Luis Somoza Debayle, el hijo mayor del dictador Anastasio Somoza García, ser contado entre los mejores presidentes de Nicaragua del siglo XX? Su figura es controversial, como lo fue Moncada, pero no tanto por su conducta como por su apellido. Su pecado de origen fue ser Somoza, hijo de un dictador que había mandado por veinte años, matado a Sandino, dado dos golpes de Estado y amasado una gran fortuna.

Al heredar la Presidencia el 28 de septiembre de 1956 —horas antes del fallecimiento de su baleado padre— gracias a una asamblea sumisa, la oposición lo rechazó. En su discurso inaugural había anunciado un nuevo rumbo democratizador. Pero casi nadie le creyó. Para muchos, fuera y dentro de Nicaragua, Luis era el engendro inaceptable de una dictadura dinástica, realidad escandalosa agravada al quedar a cargo del ejército su hermano Anastasio quien presidió la cacería —y torturas— de muchos opositores acusados con o sin razón, de complicidad en el magnicidio.

Heredero de esta mala fama, el joven presidente —32 años— enfrentaría varios intentos de derribarlo violentamente. El primero fue un plan para bombardear casa presidencial, urdido por los conservadores Emiliano Chamorro y Luis Cardenal, con diez pilotos de la Fuerza Aérea. Fracasó por una delación, pero a diferencia de su padre, que tras enfrentar en 1954 un complot parecido había eliminado a más de una docena de militares implicados, esta vez no corrió la sangre.

 Luis no tenía un ánimo vengativo sino conciliador. Como una señal otorgó en junio de 1957 una amnistía que se extendía hacia atrás al año 1950 y cubría también a los posibles implicados en el asesinato de su padre. También permitió una amplia y efectiva libertad de expresión. Las filosas páginas del Diario LA PRENSA, dirigido por Pedro Joaquín Chamorro, tronaban contra su gobierno. Incluso con subversivos mensajes, como cuando Luis Cardenal escribió que las guerrillas de Fidel Castro señalaban la “fórmula infalible para derrotar las dictaduras”.

 Buscando apaciguar los ánimos, Somoza ofreció a la oposición recortar su período a dos años, celebrar elecciones supervigiladas por la OEA, prohibir la reelección y despolitizar el ejército. Mas Cardenal y Chamorro, asidos al sueño romántico de imitar a Castro, rechazaron la propuesta por “extemporánea”. El 31 de mayo de 1959 desembarcaron aéreamente en los llanos Olama y Mollejones del departamento de Boaco con una tropa de 110 jóvenes conservadores. Se rindieron en las primeras dos semanas.

 Estando prisionero Chamorro, Somoza lo llamó y sentándolo en la silla de su despacho le preguntó qué haría si se hubiesen invertido los papeles: Chamorro presidente y Somoza prisionero. Una versión dice que contestó “joderte”. Lo que hizo Somoza fue decretar, 11 meses después (17 junio 1960), otra amnistía que liberaba a los insurrectos.

Luis no aspiraba a seguir los pasos dictatoriales de su progenitor. En agosto de 1959, y a despecho de su hermano Anastasio, realizó una reforma constitucional que prohibía la reelección presidencial e incluso la candidatura a parientes del presidente dentro del cuarto grado de consanguinidad o afinidad.

Mas seguían las conspiraciones. Cinco meses después de la amnistía de 1960 un comando conservador asaltó los cuarteles de Jinotepe y Diriamba buscando levantar la nación. Otra vez fracasaron. De nuevo, en junio de 1962, Somoza los cobijó con otra nueva amnistía total e incondicional. Luis realizó también cambios constitucionales muy importantes: hizo vitalicios a los magistrados de la Corte Suprema, que de por sí tenían fama de excelentes e imparciales, fortaleciendo así su independencia, y estableció el voto secreto —antes los votantes hacían fila en el partido de su escogencia—. También tuvo el mérito de otorgar la autonomía universitaria en 1958 concediendo más de lo que las autoridades pedían. Estas proponían que el presidente eligiera al rector de una terna presentada por ellos. Somoza les dijo que lo hicieran ellos solos. Amén de todas estas iniciativas su gobierno logró en 1962 un crecimiento económico récord del 10.2 por ciento anual.

Muchas cosas más se podrían escribir. Algunas luminosas, como la creación del Banco Central y la firma del Mercomún. Otras oscuras, como la famosa masacre de julio de 1959 en que un pelotón de la GN mató a cuatro estudiantes en León. Al finalizar su período se fue a casa. Allí le tocó lidiar con el empecinamiento de su hermano en ser presidente. “Subir a Tacho”, le confió a sus amigos, “va a ser fácil, lo difícil va a ser bajarlo”. Luis sabía también que con el podían naufragar sus intentos democratizadores.

 El 13 de abril de 1967, 17 días antes que Tacho subiera, su corazón se detuvo. Quizás no quería seguir latiendo en la próxima toma de posesión.

El autor es sociólogo e historiador fue ministro de Educación y autor del libro Buscando la Tierra Prometida, historia de Nicaragua 1492-2019, disponible en librerías locales y en Amazon.

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