En un municipio de Managua, doña «Paula» cumplió una vez más su promesa: compartir un plato de comida con los niños de su barrio cada 7 de diciembre, en honor a la Inmaculada Concepción de María. La nicaragüense es fiel devota de esta celebración, y desde hace 13 años, en su casa, no ha faltado el altar y el grito de «¿Quién causa tanta alegría?»
La devoción por la madre de Jesús es lo que ha hecho que doña Paula (nombre usado para proteger su identidad), no deje de celebrar esta fecha especial, aún cuando la carestía de la vida ha afectado por igual el bolsillo de las familias nicaragüenses. Dice que ha tenido que «ajustar» esta festividad, pues hace 13 años celebraba la Purísima (rezo) «en grande» los 8 de diciembre, sin embargo, hace cinco años empezó a «gritarla» los 7 de diciembre, y actualmente se ha quedado con el rezo y convivio con los niños.
«En la celebración de la Purísima mucha gente (de su familia) aportaba dinero y se gastaba en sillas, más pólvora, más cantidad de cosas, regalábamos plástico, caramelos, frutas, pero como ya la gente no daba y las cosas iban más caras, entonces opté por hacer la Gritería hace unos cinco años porque ahí uno se ahorra ese alquiler de sillas y ajustás las compras de las cosas a tu presupuesto», comenta doña Paula.
Pero la celebración volvió a cambiar en el 2020, cuando el esposo de doña Anita sobrevivió al covid-19. «Mis hijos y yo le pedimos a la Virgen María que nos ayudara con mi esposo cuando enfermó gravemente de covid, teniendo fe y que lo sanara. Nosotros prometimos, si lo sanaba, dar comida a los niños en honor a ella. Esa es la promesa de ahora, ya no se celebra como antes ni se grita porque las cosas están más caras también», se sincera la ciudadana.
La feligresa confiesa que hasta el año pasado, sus cinco hijos aportaban para esta fecha, pero este año la migración y el desempleo afectó a su familia, lo que la obligó a prepararse con los gastos de la celebración desde unos meses antes de diciembre para que, una vez llegado el tiempo de las compras, su bolsillo no se resintiera. Sin embargo, este año los ahorros no alcanzaron para compartir con los 150 niños que llegaron en años anteriores. Esta vez, solo fueron 60 niños.
El esfuerzo de toda una familia
Este año, los nietos y bisnietos de doña Marcelina juntaron sus esfuerzos para celebrar la Gritería y continuar con la tradición que dejó hace 29 años la matriarca de la familia. En el 2021, los parientes de doña Marcelina sufrieron migración, desempleo y bajas en sus ingresos, por lo que les fue imposible honrar esta festividad.
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La carestía de la vida que sufre Nicaragua amenazó este año con que esta familia tampoco pudiera «gritar» este 7 de diciembre, sin embargo, «pese a que no estaba tan planeada, se decidió a última hora celebrarla por la tradición y porque a pesar de que es un año difícil como país, como familia incluso, estamos sanos, tenemos trabajo y hay más razones por las que agradecer y compartir un poquito», manifiesta una de las bisnietas de doña Marcelina.
Para poder hacer la Gritería, ocho miembros de la familia aportaron y ajustaron la lista de cosas a regalar para reducir gastos. Eligieron artículos de consumo y para uso del hogar a los cuales las familias nicaragüenses que se acerquen a cantar con devoción pudieran sacarles provecho en casa. «Buscamos cosas que gusten o sean útiles para personas de distintas edades, desde juguetitos sencillos hasta café, fósforos… cosas que la gente ocupa», dice.
La limitación de los recursos económicos es una situación que enfrentan todos los nicaragüenses, y que se ve reflejada, incluso, en la cantidad de altares que preparan las familias. Según una de las bisnietas de doña Marcelina, en años anteriores se podía ver altares en los siete andenes en su barrio, pero ahora solo en dos andenes preparan altar, incluyendo donde vive esta familia.
Los ahorros del año
Doña «Esmeralda» apartó las ganancias que le dejó en todo el año la venta de cloro para poder realizar la Gritería en honor a la Virgen María un año más en su casa. Una celebración que, aunque cada vez es más costosa, es parte de la tradición que heredó de su mamá y ahora la comparte con sus dos hijas, nietas y nietos.
Este año, la Gritería de doña Esmeralda y sus hijas superó el desempleo y el encarecimiento de los productos. «Se ha gastado menos porque se ha comprado menos. Antes comprábamos para 700-800 personas, ahora compramos solo para la mitad», expresa la ciudadana.
La nicaragüense señala que aunque las ganancias de su venta fueron de cuatro mil córdobas, ella dispuso de otros mil córdobas de lo que recibe de su jubilación, puesto que una de sus hijas no pudo colaborar por falta de ingresos.
«En total fueron cinco mil córdobas, pero solo en productos. La pólvora, las flores, eso lo puso una de mis hijas. Dios primero el otro año puedan apoyarme mis dos hijas», dice doña Esmeralda, quien agregó que esta vez, además de comprar menos productos, también prescindió de otros, como el arroz.
Un año más, el fervor mariano de miles de familias nicaragüenses se impondrá en una noche de cantos, tradiciones y gorras, a pesar de la crisis sociopolítica, económica y migratoria que enfrenta el país desde 2018.