El medio católico Vatican News informó el año pasado al mundo que “La Purísima es (en Nicaragua) una fiesta en honor a la Virgen María que se celebra con una novena y cuyo momento fuerte es el día de la víspera, el 7 de diciembre, que culmina con la ´Gritería´. Es la fiesta más popular del año para la mayoría de los nicaragüenses”.
Explica el medio del Vaticano, que “La Purísima es el nombre cariñoso que recibe la Virgen María en Nicaragua y hace referencia a la celebración de la Inmaculada Concepción, patrona del país, que se celebra el día 8 de diciembre… La Inmaculada Concepción no se refiere a la concepción de Jesús, sino a la de la Virgen María. El dogma fue proclamado por Pío IX el 8 de diciembre de 1854”.
Pero el culto mariano en Nicaragua es bastante anterior a esa proclamación. Historiadores nicaragüenses registran que cuando en 1522, el explorador español Gil González Dávila llegó a los dominios del cacique Nicaragua, en lo que ahora es el departamento de Rivas, el misionero católico que lo acompañaba estableció un santuario de la Virgen María en donde ahora es San Jorge. Como pudo el religioso explicó a los aborígenes el significado de aquella imagen y creencia, y a ellos les agradó y la acogieron con respeto y simpatía.
Cuarenta años después, en 1562, Pedro Alonso Sánchez de Cepeda, hermano de Santa Teresa de Jesús, pasó por Nicaragua rumbo a Perú y después de pasar por algunas peripecias dejó en el poblado de El Viejo una hermosa imagen de la Virgen María, a la que ahora se venera como Virgen del Trono y es la patrona nacional.
En el siglo XVIII los frailes del Convento de San Francisco, en León, solían rezar la novena de la Virgen con la participación de fieles católicos, a los que al final de las oraciones les repartían golosinas. Pero fue el 7 de diciembre de 1857, cuando el canónigo Gordiano Carranza hizo una enramada en la que puso la imagen de la Virgen Purísima, y animó a los vecinos del pueblo a que hicieran lo mismo en sus casas y que ofrecieran dulces caseros a quienes llegaran a rezar y cantar a la Virgen ante los altares.
Poco a poco la celebración se extendió por todo el país y el mismo pueblo la llamó Gritería. Desde entonces la festividad de la Virgen María no es solo un culto religioso y la celebración más popular de Nicaragua, sino también expresión cultural de los nicaragüenses que devino en uno de los rasgos fundamentales de su identidad nacional.
El sabio leonés Edgardo Buitrago Buitrago (1924-2009) hizo el mejor estudio y descripción literaria de este fenómeno sobresaliente de la religiosidad, de la cultura popular, el folclor, la tradición y la identidad nacional. Al doctor Buitrago se le considera como uno de los principales estudiosos de la obra de Rubén Darío, pero también de la tradición religiosa y cultural de las Griterías.
En su libro Las Purísimas, su forma y origen, publicado en 1959, el doctor Buitrago Buitrago explica: “Purísima es el nombre con el que llamamos en Nicaragua a la Santísima Virgen María en el privilegio de su Inmaculada Concepción, o sea de haber sido preservada del pecado original con el que nacemos todos los humanos, en virtud de estar destinada a ser la Madre de Jesús. La conmemoración de este privilegio ha originado la fiesta popular y nacional de Las Purísimas, así en plural, porque es como un gozo que está en lo íntimo de cada nicaragüense y que estalla la víspera del ocho de diciembre —y aún desde que empieza el mes de noviembre—, como una manifestación de todos a la vez, pero sintiendo propia la alegría y el júbilo de expresión colectiva”.
El doctor Buitrago fue calificado por el doctor Carlos Tünnermann Bernheim —su amigo y compañero de aventuras intelectuales pedagógicas, jurídicas, académicas y literarias—, como un pionero en el estudio e interpretación de la religiosidad popular y la tradición cultural de Las Purísimas.
Asimismo, Pedro Alfonso Morales ha escrito en un ensayo biográfico que el doctor Buitrago fue un “ensayista, maestro, académico, jurista, historiador y folclorista. Humanista integral, realizó una extraordinaria y valiosa contribución a la cultura nicaragüense en diferentes disciplinas, lo que lo convirtió en auténtico héroe cívico”.
Tiene razón. Jorge Eduardo Arellano, autor del libro Héroes sin fusil: 140 nicaragüenses sobresalientes, debería incluir al doctor Edgardo Buitrago Buitrago en una próxima edición de tan magnífica y educativa obra literaria.