Cada día que pasa, la situación en Nicaragua empeora. Me levanto diariamente con la esperanza que algo cambie para bien, que surja una luz esperanzadora para todos los nicaragüenses, que se abran espacios reales para encaminar al país por el camino correcto, sin embargo, las noticias que llegan son desoladoras: más de cien mil compatriotas se han entregado en la frontera de Estados Unidos huyendo del país, se realizaron unas votaciones que nadie reconoce y con unos resultados que dejan la boca abierta, cacería interna dentro del partido gobernante, la Iglesia Católica sigue perseguida y la canasta básica continúa elevándose. No obstante, hay algo todavía aún más preocupante, mientras corra más tiempo con un sistema autodestructivo, la reconstrucción de la nación será una utopía, algo irrealizable.
Es evidente cómo la paranoia de perder el poder termina devorando a los hijos del sistema. Últimamente no se ve a nadie tranquilo, tienen miedo hasta de sus mismos partidarios. Aunque la erosión interna es una realidad, el miedo y la presión sobre los trabajadores y resto de nicaragüenses por la fuerza lo sostienen en el poder. Hay muchas personas que decidieron renunciar a trabajar para una institución dirigida por tipos inhumanos, pero hay otros que se mantienen por la necesidad, eso lo podría entender, aunque no lo comparto, no obstante, me indigna cómo personas extremadamente pobres apoyan ciegamente esas arbitrariedades. En Nicaragua hay un pequeño porcentaje de millonarios amasando fortunas, beneficiándose del estado, mientras la mayoría sufre las consecuencias.
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Una organización llamada Urnas Abiertas que se dedicó a fiscalizar las elecciones municipales anunció que hubo un 82.7 por ciento de abstención, según una nota publicada en La Prensa. ¿Se imaginan ser gobernados por una minoría? Eso está sucediendo en el país y del 17.3 por ciento que fue a votar muchos fueron obligados por ser trabajadores del Estado. Siento que el pueblo nicaragüense nos habla en silencio, igualmente pasa con los números preocupantes de la migración de compatriotas hacia otros países, estamos perdiendo una oportunidad sagrada que era una población joven, nuestra juventud ya no se ve viviendo en el país por ese panorama desalentador y busca raíces en el exterior.
Ojalá que un día a corto plazo pueda despertar con una sensación diferente y ese nudo en la garganta desparezca para que la reconstrucción del país no sea una utopía, sino una realidad.