La afición de la Azul y Blanco no respondió a las expectativas ante El Salvador. Este miércoles no la volvió a acompañar como lo hizo en junio y julio en la Liga de Naciones cuando llenó a su máxima capacidad el Estadio Nacional, que está vez lució cerca de la mitad de su aforo — unos ocho mil aficionados—, a pesar que desde dos horas antes del juego ingresaron buses con personas de diferentes barrios de la capital para adornar las gradas como sucedió hace cinco meses. Ahora se esperaba una entrada similar para arropar a los seleccionados después de su gira por Europa y su debut en Asia, pero esa esperanza estuvo lejos de la realidad.
El costo de la entrada era de 100 córdobas, pero la mayoría de esos ocho mil que ingresaron lo hicieron gratis. Desde una hora antes del encuentro, los buses empezaron a ingresar al Estadio Nacional obstaculizando por minutos la circulación vial en la carretera suburbana. La policía de tránsito trató de agilizar el tráfico, sin embargo la demora era inevitable para los que buscaban su destino o pretendían ver a la Azul y Blanco después de tanto tiempo.
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Desde que el mexicano Javier Salinas se hizo cargo del proyecto selección, en junio, decidió regalar boletos para que la Azul y Blanco juegue acompañada de local. La estrategia de marketing consiste, aparentemente, en enamorar al aficionado en estos partidos para que en los cruciales en el futuro sienta la necesidad de ir al estadio y pagar el boleto sobre todo si se mide a un adversario competitivo sin importar la ocasión. Está vez la cantidad disponible de entradas regaladas disminuyó quizás pensando en que la gente respondería tan rápido o para intentar recaudar parte de lo perdido en el viaje a Irán.