¿Por qué felicitamos a quien cumple años y no le damos el pésame? Simplemente porque nacer lo consideramos un gran bien. Nosotros felicitamos a quienes han recibido o ganado algo bueno: “Te felicito porque pasaste el examen”. Y lo hacemos con los cumpleañeros porque, consciente o inconscientemente, pensamos que la vida es una bendición, un extraordinario regalo.
En realidad, lo es. Existen algunas almas tristes que piensan que la vida es un asco o una desgracia. Pero son minoría. La inmensa mayoría, por muchas dificultades que enfrenten, prefieren vivir que morir. Y por muy buenas razones. La existencia es uno de los dones más grandes que nos ha dado Dios. Aún el ateo puede reconocer su belleza o valor. Vivir es una oportunidad única de amar y ser amado; de ver y disfrutar la belleza y frutos de la creación, de mejorar el mundo con nuestro trabajo e ideas. Para el cristiano es la oportunidad de conocer y amar a Dios y ganarse el cielo sirviéndolo a Él y a sus semejantes.
Por todo esto las fiestas de cumpleaños son buenas y deben celebrarse con auténtica alegría, pues son un homenaje a la vida y un reconocimiento de lo feliz que ha sido salir con vida del vientre de la madre. Es bueno reflexionar que esta es una oportunidad que no todos han tenido. Los niños abortados han sido privados del gozo de ver el sol, sonreír y gozar la creación. Al que cumple años bien le podríamos decir: “Te felicito porque no te abortaron”. Quien está leyendo este artículo, puede agradecerles a sus progenitores que lo hayan dejado vivir hasta el final del embarazo, a menos que prefiera estar muerto o no haber nacido.
La expresión feliz cumpleaños es indudablemente un sí a la cultura de la vida y un rechazo a la cultura de la muerte. San Juan Pablo II hizo muchas referencias a la lucha entre ambas. En la primera están quienes celebran los nacimientos y luchan por el respeto a la vida desde su concepción hasta su final natural. También quienes luchan por la paz. En la segunda quienes buscan facilitar y financiar tanto los abortos como la eutanasia, y frenar la natalidad. También quienes promueven las guerras.
Mañana 15 de noviembre nacerá, según las naciones Unidas, el bebé número ocho billones. Para la cultura de la vida es algo digno de celebración, para los de la muerte todo lo contrario. La razón de la discrepancia, de acuerdo con el columnista del WSJ, William McGurn, está en cómo responden a la pregunta: ¿son buenos los seres humanos? Entendiendo por buenos no solo en cuanto actúen decentemente, sino en cuanto aporten o no al planeta.
Los pesimistas, o antinatalistas, tienden a considerar al ser humano como una simple boca más que alimentar. El primero en pensar que su multiplicación restaría, más que sumaría, bienestar al planeta, fue Maltus en el siglo 19. Él preveía que el aumento poblacional excedería el de los alimentos. Esto no ocurrió. Pero creencias similares continúan hoy. Liu Zhenmin, de la ONU, afirmó recientemente que muchos nacimientos hacían más difícil combatir la pobreza, el hambre y la desnutrición. Otros, por el contrario, consideran al ser humano como portador de una mente extraordinariamente creativa, con mucho que aportar. En línea con San Juan Pablo II, creen que la fuente de riqueza no está en los recursos naturales, sino en la mente humana.
La evidencia respalda estas últimas posiciones. Por siglos el petróleo dormía inútil bajo el subsuelo hasta que los ingenieros de occidente enseñaron a extraerlo y refinarlo. La iniciativa y creatividad del hombre ha logrado portentos. En 1850 un obrero en Inglaterra tenía que trabajar 2 horas 50 minutos para comprar una libra de azúcar. Hoy sus contemporáneos lo hacen con 35 segundos. Es tiempo, escribe McGurn, de rechazar el absurdo de creer que un país se enriquece cuando una vaca tiene un ternero, pero se empobrece cuando una madre pare un niño.
De aquí que Elon Musk y muchos economistas, concluyan diciendo que “no hay suficiente gente —como ya se ve en Europa— y que “el mundo se tambaleará sin más bebés”. Cada ser humano que nace trae consigo una gran capacidad de mejorar el planeta. Cada uno es, como dijera Madre Teresa de Calcuta: “Un regalo del Señor”. Hay pues muchas razones para festejar los cumpleaños.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019. Disponible en librerías y en Amazon.