Liz Truss, primera ministra de Reino Unido

Liz Truss renuncia como primera ministra de Reino Unido

"Dada la situación, no puedo cumplir con el mandato para el cual fui elegida por el Partido Conservador", declaró Truss, que se convirtió en el jefe del gobierno británico que menos tiempo pasó al mando del ejecutivo. 

La primera ministra británica Liz Truss anunció este jueves su dimisión apenas seis semanas después de llegar al poder, con lo que el Partido Conservador se ve abocado a una nueva elección interna. 

«Dada la situación, no puedo cumplir con el mandato para el cual fui elegida por el Partido Conservador», declaró Truss, que se convirtió en el jefe del gobierno británico que menos tiempo pasó al mando del ejecutivo. 

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Truss precisó que un nuevo proceso de votación interna será organizado de aquí al final de la próxima semana para elegir a su reemplazante. 

El ejecutivo espera poner fin a la crisis política y financiera desencadenada por la presentación en septiembre de su paquete de medidas económicas, que incluía recortes masivos de impuestos y un colosal apoyo a las facturas energéticas, dos cuestiones que hicieron temer un descalabro en las cuentas públicas.

La primera ministra se enfrenta a la rebelión entre sus filas y desde este miércoles, más de una decena de diputados conservadores pidieron su renuncia

«Liz Truss debe irse lo más pronto posible», sentenció el antiguo ministro conservador David Frost, que anteriormente le brindó un fuerte apoyo, en una tribuna del Daily Telegraph.

«Ya es hora de que acepte [que no está a la altura del cargo] y anuncie su dimisión», coincidió Matt Chorley, otro miembro de la mayoría.

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El jueves por la mañana, la palabra «caos» estaba en todas las portadas de la prensa británica, resumiendo la pesadilla de la votación del día anterior en Westminster. 

El ejecutivo británico pende ahora de un hilo y tras 12 años en el poder, el Partido Conservador parece incapaz de ponerse de acuerdo sobre un nuevo sucesor. Tampoco está dispuesto a enfrentarse a unas elecciones anticipadas que le devolverían a la oposición.

Para los conservadores, el reto ahora es encontrar un sucesor capaz de unir al partido e inspirar confianza en un país que, más allá del caos político, atraviesa una importante crisis económica y social, con una inflación que alcanzó el 10,1% en septiembre, la más alta en 40 años.

Entre los posibles sucesores están Rishi Sunak, Jeremy Hunt, Penny Mordaunt e incluso Boris Johnson, el predecesor de Truss que dimitió acorralado por una serie de escándalos. 

«Disputas patéticas»

El jueves, el líder de la oposición laborista volvió a pedir la celebración de unas elecciones generales. 

Los conservadores están «faltando a su deber patriótico básico de dejar al pueblo británico al margen de sus patéticas disputas», afirmó ante el Congreso de Sindicatos (TUC), en un momento en que muchos movimientos sociales agitan el país ante la crisis del coste de la vida. 

No obstante, advirtió que, dado el «daño» hecho por los tories, «la situación será realmente difícil» incluso con un gobierno laborista.

El miércoles, tras una difícil sesión de preguntas en el Parlamento, Truss manifestó que era «una luchadora» y no «alguien que abandona».  

Pero la jornada se complicó con la dimisión de la ministra del Interior, Suella Braverman, menos de una semana después de la salida del ministro de Finanzas Kwasi Kwarteng. 

Braverman, considerada del ala dura del partido, fue reemplazada horas después por Grant Shapps, exministro de Transporte con Johnson y apoyo de Rishi Sunak (el otro candidato a liderar a los Tories que perdió frente a Truss).

La responsable de Interior alegó como motivo para su dimisión haber usado su cuenta de correo personal para enviar un documento oficial a un colega, pero los medios británicos apuntan sobre todo a las diferencias entre ambas mujeres respecto a la política migratoria.

Por si fuera poco, una nueva controversia se sumó a continuación en torno a una votación relativa al cuestionado fin de la moratoria sobre la fracturación hidráulica, una controvertida técnica para producir gas de esquisto.

Algunos diputados de la mayoría se negaron a votar con el Gobierno, a pesar de las represalias a las que se enfrentan y pese a que Downing Street pidió expresamente que se respetara el voto. Finalmente ganó Truss.

Estos sucesos «son una vergüenza», esta «inestabilidad» es «injusta» para los británicos en plena crisis económica, reaccionó la diputada laborista Yvette Cooper, mientras hacía esta mañana una pregunta en el hemiciclo relacionada con la salida de Braverman.

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