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Hay nicaragüenses que no se sienten como tal y las fechas patrias les parece como una fiesta menor impulsada por la dictadura. LA PRENSA/ Óscar Navarrete

Los nicaragüenses que no celebran la independencia de Nicaragua

No todos los nicaragüenses celebran la independencia cada 15 de septiembre. Hay quienes lo ven como una “una fiesta ajena”, y otros que ni siquiera se sienten nicaragüenses. “Es un día normal”, dicen.

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Virgilio Hendy empezó y terminó el día en el mismo lugar, recostado en la hamaca que tiene en la entrada de su casa en el territorio Wangki Twi Tasba Raya de la comunidad Francia Sirpi, municipio de Waspán, Caribe Norte de Nicaragua.

Es 15 de septiembre y en el resto del país se celebra la independencia de Nicaragua, pero a Hendy ni le va ni le viene. El hombre de 62 años considera que ese día es como cualquier otro. No es el único misquito que piensa de esta manera, dice.

En su comunidad no se ven los desfiles patrios y los comunitarios no se lo toman como un día festivo, y mucho menos feriado. “Aunque no hay trabajo tenemos que salir a ganarnos la vida porque nadie del gobierno nos va a dar de comer”, señala.

En Rama Cay, una isla enclavada en el Caribe Sur de Nicaragua, la comunitaria rama y abogada, Becky Mc.Cray, dice que en su comunidad y en muchas otras, este día ha transcurrido de manera normal. No solamente este año. “Siempre es así”, resalta.

En la comunidad de Mc.Cray hubo una actividad con bailes y un pequeño desfile, pero los ancianos y personas mayores lo sienten como “una práctica del colonialismo”, dice la abogada, y que lo perciben como algo impulsado por el Ministerio de Educación (MINED) a través de las escuelas públicas.

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“En comunidades donde no hay colegios, no se celebra, no marchan”, indica Mc.Cray, quien desde muy joven se ha dedicado a recorrer las comunidades indígenas del Caribe Sur capacitando a mujeres indígenas e investigando el avance de colonos en la reserva de Indio Maíz.

Hendy y Mc.Cray coinciden en que la mayoría de comunidades indígenas no celebran la independencia de Nicaragua. “Esta celebración no es para los pueblos indígenas, es para los partidos políticos de Nicaragua. 15 y 14 de septiembre es una burla para los pueblos indígenas”, resalta el líder misquito desde su hamaca en Waspán.

Rama Cay es una comunidad indígena en el Caribe Sur de Nicaragua. La mayoría de comunitarios no celebran la independencia de Nicaragua. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Una cuestión de fechas

El 15 de septiembre de 1821, Nicaragua se independizó de la corona española y pasó a formar parte del naciente Imperio Mexicano. Este duró solo unos pocos años, hasta que se conformó la Federación de Estados Centroamericanos, integrada por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Como cada una de las cinco naciones tenía intereses diferentes, poco a poco fueron adoptando el modelo de república independiente. Nicaragua lo hizo en 1838. Para aquellos años, la Costa Caribe seguía bajo el dominio británico y fue hasta 1894, bajo el mandato de José Santos Zelaya, que Nicaragua restableció su dominio en este territorio.

En la actualidad, en las principales ciudades de la Costa Caribe, como Blufields y Puerto Cabezas, el Ministerio de Educación (MINED) y demás instituciones del Estado promueven las fiestas patrias, pero los habitantes no se sienten realmente identificados, explica un sociólogo caribeño que prefiere omitir su nombre.

“¿Cómo van a celebrar la independencia de Nicaragua que fue en 1821 cuando la Costa Caribe ni siquiera era parte del territorio nicaragüense? Eso no le hace sentido a la gente, sobre todo a los mayores que sí conocen la historia”, detalla el sociólogo.

A Virgilio Hendy también le incomoda celebrar las fiestas patrias de Nicaragua cada 14 y 15 de septiembre, y le molesta que los 30 de octubre, en el pacífico y centro del país no se conmemore el día de la autonomía de la Costa Caribe con la misma relevancia. “Creen que es fiesta de pueblo”, critica.

El etnólogo y defensor de los derechos de los pueblos indígenas, Larry Montenegro Baena, expone que los comunitarios ancianos son los que más tienen arraigado este sentimiento en contra del pacífico, mientras que las personas que nacieron en los setentas y ochentas, suelen tener una visión más ligada a la autonomía y “conciben a Nicaragua como un Estado invasor. Ellos ven la celebración de las fiestas patrias como un acontecimiento ajeno a la Mosquitia”.

Por otro lado, las generaciones más jóvenes, de los noventa en adelante, tienen muy presente la discriminación y las desigualdades entre el caribe y el pacífico centro del país, y conocen muy poco sobre la historia de la Mosquitia y su anexión a Nicaragua.

“Ni siquiera en las universidades o colegios de la región se les enseña sobre la historia de la Mosquitia. Lo poco que se maneja de la historicidad regional es que fuimos parte del control británico antes de 1894 y que fuimos incorporados bajo el mandato de José Santos Zelaya. A nosotros solo se nos enseña que la incorporación fue un triunfo patriótico de este caudillo liberal, es decir, nos enseñan que Nicaragua nos libró del yugo británico y que somos parte del estado de Nicaragua y que de alguna manera debemos estar agradecidos por ser ciudadanos de este país”, explica Montenegro Baena.

Las comunidades indígenas han estado históricamente abandonadas por el Estado de Nicaragua. LA PRENSA/ Óscar Navarrete

Por su parte, Mc.Cray insiste en que, a pesar de que algunos lugares de la Costa Caribe sí haya actividades en conmemoración de la independencia de Nicaragua, “no es algo tradicional, sino que lo toman como un compromiso porque es algo a nivel nacional, pero no lo toman como si fuera algo esencial para nosotros como comunidades indígenas”.

La abogada también coincide con el etnólogo Montenegro Baena en que las nuevas generaciones de indígenas no conocen sobre la historia de sus comunidades, pues la educación que reciben en las escuelas no es de acuerdo a sus costumbres, tradiciones y lenguas.

“En las aulas de clases no se les enseña a los jóvenes sobre lo que fuimos, y seguimos siendo porque así es como lo consideramos, que es la región Mosquitia y que fuimos anexados al Estado de Nicaragua. Eso no se les enseña a los niños. Se les enseña más las cosas de la Revolución Sandinista y Cristóbal Colón”, señala la abogada rama.

De hecho, dice Mc.Cray, en las pocas escuelas que hay en las comunidades indígenas, lo que predomina son las banderas del Frente Sandinista y murales con los rostros de Daniel Ortega y Rosario Murillo, además de Carlos Fonseca Amador y otras figuras del partido rojinegro, y no se les habla sobre sus antepasados, los reyes moscos, su territorio ancestral y demás aspectos relevantes que están quedando enterrados en el olvido.

Quieren su propia independencia

El sociólogo que habla bajo anonimato indica que entre las comunidades indígenas existe un rechazo hacia las autoridades nicaragüenses que es generado por el abandono histórico al que han sido sometidas.

“Se sienten marginados, excluidos, e inclusive hay una negación cultural hacia las tradiciones, costumbres o celebraciones. Dentro del imaginario de la gente, cuando se habla de cultura o folklore, uno piensa en Masaya y sus bailes, pero también existe el Walagallo de los garífunas o la Danza del Tigre de la etnia rama”, señala el sociólogo

Lo mismo sucede con las leyendas o cuentos. Los nicaragüenses suelen hablar de La Llorona, La Carreta Nahualt o El Cadejo, “pero muy poca gente sabe sobre las leyendas de sirenas y piratas que tienen algunas comunidades indígenas”, comenta el sociólogo.

Montenegro Baena coincide e indica que los comunitarios indígenas se sienten tratados como “ciudadanos de segundo nivel”, ya que viven en una región abandonada. “No necesitas ser una persona estudiada ni con una capacidad intelectual prominente para darte cuenta. Es una realidad”, expresa.

Estas inconformidades han generado que existan grupos que busquen independizar a la Costa Caribe de Nicaragua. Virgilio Hendy lidera uno de esos grupos separatistas y por ello dice que el único momento que celebrará, será cuando su territorio consiga su propia independencia.

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Según Hendy, llevan varios años buscando reconocimiento internacional de otros países, pero hasta la fecha no han tenido mucho éxito, admite.

Incluso tienen lista la bandera de la Nación Mosquitia para izarla cuando se declare la independencia y dejen de ser parte de Nicaragua.También tienen sus símbolos patrios que son una corona, que representa a los 17 reinados y el modelo monárquico bajo el que se rigieron sus ancestros desde 1630 hasta 1894.

Otros de sus símbolos son una paloma blanca con un pergamino en el pico que simboliza todos los tratados y sus derechos ancestrales, además de un cayuco, un canalete y una flecha, que son las herramientas de trabajo más utilizadas por los indígenas.

Algunos comunitarios dicen que en las escuelas ya casi no se les enseña sobre sus costumbres ni sus lenguas, y se les enseña más sobre la Revolución Sandinista. LA PRENSA/ ARCHIVO

En caso de conseguir independizarse de Nicaragua, el grupo separatista que lidera Hendy planea nombrar un rey y que el Poder Ejecutivo sea dirigido por un primer ministro con su gabinete escogido por una Asamblea General, similar a los modelos que persisten hoy en día en algunos países de Europa.

La Nación Mosquitia también tendría su propia Constitución, su propio Código Penal, su propia moneda y su idioma oficial sería el misquito.

Los separatistas demandan el dominio del territorio ancestral de la Mosquitia, que comprende toda la Costa Caribe nicaragüense y parte del territorio caribeño de Honduras.

El etnólogo Montenegro Baena considera que independizar el territorio de la Mosquitia es un proceso demasiado complejo, pero sí cree que es más realista que Nicaragua se convierta en un Estado plurinacional que reconozca a las diferentes naciones de la Mosquitia, lo cual facilitaría la descentralización y les permitiría administrar sus propios recursos.

En Latinoamérica solamente Ecuador y Bolivia se reconocen como Estados Plurinacionales y también hay otros esfuerzos en México, Guatemala y Argentina para que se reconozcan a las naciones indígenas, mientras en Nicaragua, con la dictadura de Daniel Ortega, ni siquiera se debate sobre este tema.

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