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La religión del Estado y el demonio

Remontarse a la aparición de los demonios en la historia es un asunto arduo. No hay modo de saber si hubo alguno antes por no haberse encontrado indicio al respecto. Lo que conocemos es el arte rupestre de entre 45,000 y 10,000 años a.C. representando figuras zoomorfas, antropomorfas, de cacería o geométricas, pero nada más que eso.

Sabemos, sin embargo, por estudios arqueológicos y antropológicos realizados con el patrocinio de distintas instituciones especializadas, que desde la invención de la escritura los demonios son referidos como seres sobrenaturales, pero no malignos. De hecho, desde los albores de las civilizaciones mesopotámica, egipcia, india o maya, lo que ahora llamamos demonios eran seres (sobrenaturales) de procedencia incierta o creados por otros dioses, aunque no eran siniestros. Al contrario, podían ser espíritus protectores, y probablemente de ahí vienen las prácticas de la llamada magia blanca, distinta de la magia negra.

La estatua del dios Marduk, protector de los babilonios, era sacada de su templo por los sacerdotes una vez al año, no la de su esposa, para colocarla en otro templo fuera de los muros de la ciudad. Días después la regresaban al templo principal tras haber afirmado su dominio y sus beneficios sobre el territorio circundante. La estatua de Marduk fue respetada por Ciro el Grande de Persia después de la conquista de Babilonia en el siglo VI a.C., y liberó a los hebreos de su cautiverio.

Por otro lado, en la evolución de su cultura y de sus mitos, los griegos inventaron a Zeus como dios supremo que tiraba rayos cuando se enfadaba, pero igual hacía cosas buenas según plegarias y ofrendas, como los babilonios a Marduk y los persas a Ahura Mazda. Una cosa es cierta según el mito, Zeus no tenía moral ni escrúpulo alguno para hacer lo que le venía en gana porque era el más poderoso de los dioses y estaba por encima de la ley. Solo su esposa Hera le cobraba sus infidelidades.

Los romanos clásicos tampoco tuvieron demonios malévolos en sus conceptos religiosos y culturales. Eso no significa que no hubiese conocimiento de la maldad, pero era considerada un acto personal y no inducida por un ser maléfico. Entonces ¿quiénes inventaron a los demonios de hoy?

En todo el mundo antiguo, incluyendo Mesoamérica y más al sur, las sequías, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, enfermedades y demás calamidades naturales eran atribuidas a dioses según sus competencias primigenias. (Cuando el terremoto de Managua de 1972 vi a un hombre de rodillas en la calle con los brazos alzados gritando que era en castigo por nuestros pecados).

Ha sido desde el judeocristianismo que nos ha llegado la creencia en seres maléficos llamados demonios, diablos, Lucifer y en última instancia Satanás, el jefe de todos los ángeles rebeldes creados por el mismo Yahvé. “El Demonio y sus atributos maléficos se van forjando entre las paredes de monasterios, conventos y abadías. Allí, teólogos y clérigos van aislando sus particularidades y características, germinando poco a poco la imagen aterradora que del Demonio llegó a tenerse. El Demonio se convierte desde la Baja Edad Media en un obsesivo y potente símbolo evocador de pecado y perdición”. (Víctor Vacas Mora, Morfologías del mal. El demonio en el viejo y el nuevo mundo).

El demonio por ende es una invención foránea a las creencias y tradiciones ancestrales de las grandes culturas locales. El baile de Los Diablitos ejemplifica la sátira por la descrecencia de las ideas de la religión española sobre el mal. Aquí no había venido Satanás, lo trajeron de afuera, y aunque si bien es cierto que los ritos de sangre eran una constante, no tenían nada que ver con el diablo.

Ahora resulta que los sacerdotes de la religión del Estado utilizan en su liturgia al diablo ante su exigua feligresía, diciendo que los demonios son los otros, pero no están dispuestos a exponerse ante religiosos entrenados y certificados para realizar exorcismos, más bien los persiguen, los silencian, los encarcelan o los deportan.

El condecorado en la plaza en el ritual del 19 de julio pasado habló en inglés, no por los Estados Unidos sino que por Inglaterra. Es súbdito de la Corona Británica en un territorio insular de no más 400 kilómetros cuadrados y 110,000 habitantes. Son islas del Caribe que el imperio español les cedió al imperio inglés en el siglo XVIII y hoy son una monarquía constitucional (parlamentaria), como en el Reino Unido. La reina de Inglaterra es representada en las islas por un gobernador inglés nombrado por la reina misma, a quien jamás tildan de imperialista, mucho menos de demonio. Lo anterior significa que hoy cualquier otro territorio británico de ultramar, por más pequeño que sea, podría declarar su independencia con el inglés como idioma oficial y la reina de Inglaterra como su soberana, sin ser menoscabo de nada ni incitación del demonio.

 Abjasia, Osetia del Sur, Crimea y las provincias del este de Ucrania se han declarado independientes de la República de Georgia y de la República de Ucrania respectivamente, pero por incitación rusa con el ruso como idioma oficial. Ahora Rusia pretende ir a la conquista de toda Ucrania para rusificarla, pero Rusia jamás en su historia ha sido expansionista según los sacerdotes de la religión del Estado. Aparentemente para ellos los rusos son ángeles no demonios.

P.S.: El patriarca de la iglesia ortodoxa de Moscú podría ser invitado oficialmente a venir a Managua a catequizarnos sobre el origen del bien y del mal, aunque sea en ruso.

El autor es doctor en Derecho.

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