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han pasado desde el arresto de nuestro gerente Juan Lorenzo Holmann, y la toma de las instalaciones. Nuestra Redacción está hoy en el exilio. ¿Vas a permitir que la dictadura se salga con la suya?

Un crimen a castigar

Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de haber bombardeado un centro penitenciario causando la muerte de cerca de medio de centenar de reclusos y heridas a más de 120, el hecho está bajo investigación y es de esperar que por la magnitud de los acontecimientos los responsables sean sancionados con severidad. 

Los presos, con independencia del delito cometido, son sujetos indefensos, sin embargo, muchos carceleros gustan victimizar a los reclusos, situación que se presenta con más frecuencia en los regímenes autocráticos, agravándose el ambiente cuando las autoridades están inspiradas en pensamientos sectarios y excluyentes como el marxismo, fascismo o el fundamentalismo de cualquier índole.  

La prisión es dura por fuerte que sean las convicciones y los compromisos políticos del presidiario, sin embargo, los déspotas y sus secuaces, tienden a instrumentar sistemas penitenciarios particularmente horrendos con el objetivo de quebrar moral y físicamente al cautivo. 

Además, es preciso decirlo, a la condición de encierro se suman un sinnúmero de factores que afectan gravemente las capacidades físicas y mentales del recluso, lo que motivó a José Martí, un hombre excepcional, que hizo de la prisión su forja patriótica, a escribir: “Porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarán jamás”. En otras palabras, el presidio es un reto de gigantescas proporciones, te envilece, o fragua como ciudadano pleno. 

Los soviéticos, los maestros del coronel de la KGB, Vladímir Putin, fueron los que inventaron el Gulag, campos infernales donde en un periodo prolongado la mortalidad entre los prisioneros alcanzó el 7 por ciento. También convirtieron la sede de su policía política, Lubianka, en el símbolo de la represión de un régimen de naturaleza controladora y hasta tuvieron el cinismo de construir una estatua de bronce de 11 toneladas de peso al maestro del sadismo, Félix Dzerzhinski, fundador de la policía política bolchevique, un sujeto de igual calaña de la de Heinrich Himmler.  

La crueldad de los carceleros soviético quedó plasmada en Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsin, y en otros libros del mismo autor como Un día en la Vida de Iván Denísovich. Son testimonios que reflejan la vesania de regencias que buscan el poder para hacer padecer a sus gobernados. 

Numerosos son los ejemplos a evocar. Los soviéticos no han sido únicos en usar la prisión política como una aproximación a la solución final para la disidencia. Las prisiones chinas son horrendas como describe el periodista Dai Huang, fallecido en el 2016, en su libro Nueve muertes y una vida, el autor estuvo 20 años en un campo de trabajo forzado donde sufrió hambre y serios problemas de salud sin asistencia médica. No olvidemos el sistema carcelario de otro aliado de Putin, Corea del Norte, también caracterizado por “un trato cruel, inhumano y degradante”, como certifica Human Rights Watch.  

Los discípulos y colegas del coronel de la KGB en América sitúan al frente de su sistema de cárceles y prisiones a los más envilecidos de sus esbirros. Amado Rodríguez, 22 años en prisión, recoge en su libro, Cuba, clamor del silencio un testimonio que detalla cómo en la prisión de Isla de Pinos se colocaron miles de libras de alto explosivo para volar la cárcel con todos los reclusos en su interior si se producía un ataque al precinto. Y en Nicaragua, el amigo del Kremlin, Daniel Ortega, viola constantemente los derechos de sus prisioneros aplicándoles torturas muy severas.  

Con absoluta honestidad confieso que tiendo a creer que este vil ataque contra una prisión es responsabilidad de Putin y los genízaros que están haciendo su guerra, porque es un hecho que se corresponde con la maldad de los servicios policiales y carcelarios de donde procede este sujeto. 

Por otra parte, no tiene sentido que el gobierno ucraniano asesine a sus propias fuerzas. Además, en ese reclusorio estaban encerrados efectivos del Batallón Azov, una unidad militar que ha estado combatiendo en la región del Dombás a los separatistas pro rusos desde hace ocho años y que ha sido sindicada de ser pro nazi, la acusación predilecta de la nomenclatura rusa al gobierno de Kiev, con la que pretende justificar su criminal guerra.  

El autor es periodista cubano radicado en EE. UU. Fue preso político en Cuba.

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