Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa. LA PRENSA/ARCHIVO

Monseñor Álvarez sobre sacerdotes jesuitas asesinados en México: «Hemos perdido a dos hermanos producto de la descontrolada violencia»

El obispo señaló que "la venganza y el odio solo genera un espiral de violencia". Por su parte monseñor Silvio Báez exhortó a que "no nos acostumbremos nunca a ser reprimidos y silenciados" producto de la intolerancia

El obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de Diócesis de Estelí, monseñor Rolando Álvarez, lamentó este domingo el asesinato de los padres Javier Campos Morales y Joaquín César Mora, pertenecientes a la Compañía de Jesús en México. Durante su homilía, en la que destacó que el amor de Cristo no excluye a los otros amores, abogó por el perdón.

«Insistimos en el amor y el perdón, en que la venganza y el odio solo genera un espiral de violencia, en que al mal se le responde a fuerza del bien. En estos momentos nos solidarizamos con la hermana iglesia mexicana y la Compañía de Jesús hemos perdido como iglesia a dos hermanos jesuitas asesinados producto de una descontrolada violencia en ese hermano país», manifestó monseñor Álvarez.

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Los religiosos fueron asesinados el 20 de junio, en el templo de la comunidad de Cerocahui, Chihuahua, en México. Un día después, la Compañía de Jesús a través de un comunicado demandaron que «de forma inmediata se adopten todas las medidas de protección para salvaguardar la vida de nuestros hermanos jesuitas, religiosas, laicos y de toda la comunidad de Cerocahui».

A la vez que «condenamos estos hechos violentos, exigimos justicia, y la recuperación de los cuerpos de nuestros hermanos que fueron sustraídos del templo por personas armadas».

«La paz es posible»

Enseguida el religioso desde la Catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa indicó que junto a la iglesia mexicana claman «la paz es posible, la paz tiene que ser posible». Añadió que quien pone la mano en el arado quien «busca el bien común, sigue trabajando en hacer las cosas con bondad y misericordia», y también expresó que lo hace «el que está dispuesto a aprender de los errores e intentar de nuevo para dejar de cometerlos, en un arduo camino de gracia y conversión, la paz, la justicia, la libertad y santidad».

Finalmente agregó que «el rencontrarnos con la gracia de Dios entre nosotros, el rencontramos con la gracia de Dios unos a otros, emprendamos juntos también nosotros con firme determinación la búsqueda de nuevos horizontes, así sea».

Monseñor Báez: «No nos acostumbremos nunca a ser reprimidos y silenciados»

En esa misma línea, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, desde la Iglesia de Santa Agatha en Miami, Florida, abogó por el amor y no el odio y que en medio de los rechazos y contrariedades «no nos cansemos nunca de hacer el bien a los demás».

«Jesús no quiere que seamos vengativos e intolerantes (…) No se construye el mundo eliminando a quien no piensa como nosotros, debemos poner siempre en primer lugar el valor del respeto a los demás, del amor más allá de toda diferencia. No debemos olvidar la condición de hijos de Dios, de todo ser humano, independientemente de sus ideas, conductas, e incluso de sus pecados», manifestó el obispo.

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Además indicó que el odio e impaciencia produce separaciones, venganzas, sospechas, violencia, resentimiento y enemistad. Partiendo de lo anterior dijo que la solución a los grandes problemas sociales y políticos no es «eliminar a quien es distinto, en una sociedad sana deben resonar todas las voces, nadie debe ser acallado por pensar diferente al resto de las personas».

Monseñor Báez precisó que quien reprime y encarcela para silenciar a quienes resultan incómodos por su forma de ser y pensar «es un enemigo de la vida, alguien que expresa su cobardía aplastando las conciencias libres». Dijo además que «no nos acostumbremos nunca a ser reprimidos y silenciados».

Exhortó a que «luchemos para que en nuestro corazón, en nuestras palabras e instituciones sociales no haya nunca espacio para la intolerancia, y la exclusión, pero tampoco nos ataquemos unos a otros. No nos dejemos vencer por las tentaciones e intolerancia».

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