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Mis recuerdos del Centro Nicaragüense de Escritores

El Centro Nicaragüense de Escritores nació por iniciativa del poeta Luis Rocha Urtecho, quien propuso la creación de una asociación de escritores. La iniciativa del poeta Rocha fue respaldada por los entonces diputados Rogelio Ramírez Mercado, Onofre Guevara, Rosario Antúnez, mi persona y el propio Luis Rocha, también diputado.

Se redactó un proyecto de ley que le diera personería jurídica a la asociación, con el nombre de “Centro Nicaragüense de Escritores”.

La Asamblea Nacional aprobó la personalidad jurídica del Centro el día 23 de marzo de 1990 y, posteriormente, en el Protocolo N° 21 de la abogada Yadira Centeno, aparece que, para la constitución del Centro, comparecieron, en aquel momento, los escritores Luis Rocha Urtecho, Julio Valle Castillo, Daisy Zamora Solórzano, Ernesto Cardenal Martínez, Vidaluz Meneses Robleto, Orlando Núñez Soto y Carlos Tünnermann Bernheim.

En dicha escritura se estableció que “la Asociación sería de duración indefinida, sin fines de lucro, con patrimonio propio para atender los costos necesarios y alcanzar la realización de sus fines”. Se dice también que la entidad: “Es una asociación no gubernamental, siendo sus principales objetivos la creación de una base material para que sus miembros puedan dedicarse a la investigación y la creación, promoción y defensa de los derechos de autor de sus miembros”. Posteriormente, los Estatutos del CNE confirmaron todo lo anterior y le imprimieron el aspecto organizativo y lo referente a su gobierno y administración. Estos datos aparecen en el libro del poeta Luis Rocha, bajo el título dariano: Un solo haz de energía ecuménica, publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores.

El primer presidente del CNE, electo por la asamblea general, fue el padre y poeta Ernesto Cardenal, quien ejerció la presidencia por varios años. Al decidir el poeta Cardenal no aspirar a un nuevo período, quien estas líneas suscribe fue electo presidente del CNE, cargo que desempeñó por varios años. La licenciada Luz Marina Acosta ejerció por muchos años, con eficiencia, el cargo de directora ejecutiva del CNE. También fueron presidentes del CNE los escritores Luis Rocha, Anastasio Lovo, Manuel Martínez, Franklin Bordas, Michele Najlis y Karly Gaitán. Estas dos últimas hicieron todo lo posible para que el CNE siguiera funcionando sin la cooperación noruega y con recursos limitados, procedentes de la venta de los libros editados por el CNE.

El 26 de febrero de 2021, la junta directiva del CNE decidió cerrar operaciones por falta de recursos económicos, pero conservando su personería jurídica, de la que ha sido despojado recientemente, tras 31 años de existencia.

El proyecto más importante que auspició el CNE fue su programa editorial, que surgió a raíz de una visita que hizo a Noruega la poeta quien entró en contacto con la Asociación Nacional de Escritores Noruegos. Los noruegos decidieron apoyar la edición de libros de autores nicaragüenses y así fue como se firmó un convenio con ellos, quienes asumieron los costos de la edición de los libros de autores nicaragüenses.

El programa editorial lo asumió luego el propio Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno noruego. Este programa permitió la edición de un total de 147 títulos diferentes, de los cuales 81 corresponden a libros de poesía, 39 de cuentos, 24 novelas y 3 obras de teatro. Verdadera hazaña editorial.

Lo más interesante de este programa fue que editaban los libros mediante concurso y el jurado lo formaban miembros del CNE. Muchos jóvenes escritores lograron la publicación de su primer libro gracias a este programa. Varios de ellos fueron después reconocidos como nuevos valores de la literatura nicaragüense.

Otro proyecto importante fue la edición de la revista literaria El hilo azul, que estuvo dirigida durante diez años por el premio Cervantes, Sergio Ramírez. Cuando Ramírez, por sus múltiples compromisos, declinó la edición de la revista, la asumió quien escribe este artículo. Los dos últimos números de la revista fueron dedicados a Mariano Fiallos Gil y a Mariana Sansón Argüello y María Teresa Sánchez. En total fueron 20 números dedicados a los mejores escritores nicaragüenses, comenzando con Claribel Alegría. La colección de la revista es un valioso panorama de la literatura nicaragüense contemporánea.

Otro importante logro del CNE fue la promoción del primer Premio Nacional de Poesía Ernesto Cardenal in memoriam, concurso que ganaron los poetas Berman Bans y Carlos F. Grigsby en las categorías de: “Juventud, divino tesoro” y “La vida consciente”.

Uno de mis más gratos recuerdos del CNE está en las cenas navideñas, a las que asistían la mayor parte de los miembros del organismo para compartir un suculento nacatamal. Estas cenas se transformaban en verdaderas tertulias literarias, donde se generaba un intercambio muy interesante entre escritores consagrados y jóvenes valores de nuestra literatura.

Entre los muchos libros que se publicaron, varios de los cuales, especialmente las novelas, fueron incluidos en las lecturas obligatorias de los cursos de literatura en los colegios e institutos de secundaria. Algunos de los títulos editados por el CNE merecieron, por su demanda de los lectores, varias ediciones.

Hay dos libros que para mí fueron muy gratos por razones personales. Se trata de Huésped del olvido, de la poeta María Teresa Sánchez y Vertical en el silencio, de la poeta María Lourdes Centeno.

María Teresa Sánchez es, hasta ahora, el único intelectual que en Nicaragua ha ganado cuatro veces el Premio Nacional Rubén Darío. María Teresa Sánchez es una de las mejores poetas intimistas de nuestra literatura. Su poesía es un canto que alcanza gran altura lírica y emotiva, tiene un sello muy personal y una reconocida calidad. En ella predominan los temas del amor, la pesadumbre, la tristeza y la soledad. El Centro Nicaragüense de Escritores, para rescatar del olvido a esta figura de la literatura nicaragüense, publicó, bajo el título Huésped del olvido, una breve colección de composiciones en verso y en prosa, escritas en los últimos años de su vida, tan pródigos en tristeza y abandono, dominados por el inevitable presentimiento de la muerte. “Un día vendrá, lo presiento día a día./ …ahora soy una perfecta huésped del olvido”.

Sobre María Lourdes Centeno, Rosa Carlota Pereira escribió, en el prólogo para la segunda edición de su poemario, aún inédita, lo siguiente: “Por su brevedad y sutil surrealismo, la poesía de María Lourdes nos recuerda a Mariana Sansón. Pero sus poemas son muy propios y están llenos de sus vivencias, que ella transforma, de una manera muy original, en lenguaje poético. Están impregnados de metáforas; son poemas concisos, transparentes (como su pintura), de un gran lirismo y sumamente evocadores. En realidad, uno los lee y no puede evitar que se desate la imaginación, o que se apodere de nuestro espíritu una necesidad de reflexión sobre los grandes misterios de la vida y de nuestro futuro trascendente”. “Aquí, / vertical en el silencio / hecha una copa de besos / me tomarás”.

El autor fue uno de los fundadores y presidente del Centro Nicaragüense de Escritores.

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