Las Polkas y Mazurcas pertenecen a un género musical que sobrevive en el norte de Nicaragua o Las Segovias (Matagalpa, Jinotega, Estelí, Somoto y Ocotal).
Se toca con «instrumentos de cuerda» como guitarra, bandolina, vihuela, violín (mico) y el acordeón. Es el resultado de la música que trajeron inmigrantes del centro y norte de Europa (Alemania, Bohemia, Polonia, Austria, Hungría) a partir de mediados del siglo XIX a esta región, la cual nuestros campesinos aprendieron a tocar y a fabricar esos instrumentos. Es muy diferente que la música del Pacífico nicaragüense que está basada en la marimba y la guitarra, siendo la marimba un instrumento musical traído a América por los esclavos africanos que llegaron con los españoles.
Los norteños interpretan esta música y bailes de polkas y mazurcas como “sobaqueados y jamaquellos”, y hacen sus propios instrumentos como guitarra, vihuelas, mico o violín de madera de “talalate”, imitando a los famosos violines Stradivarius de Europa.
Estos maestros artesanos pueden encontrarse en Jucuapa Abajo (don Lucío Pérez), y Cerro de Agua (los Zeledón), ambos en Matagalpa, o en El Coyolito, Saraguasca, Chagüite Grande, El Cuá, La Concordia y San Rafael del Norte en Jinotega (Epifanio López), o en Santa Cruz y El Espino, en Estelí (Felipe Urrutia, Juan Rodríguez) o en Achuapa (Adán Hernández, Mercho Gámez).
Una vez me refirió el maestro de música Humberto Aráuz Mairena (*1903 +1997) que este género norteño casi llega a desaparecer en Matagalpa en los años 1950, cuando un delegado del Ministerio de Educación quiso prohibirlo porque a su criterio no era música nacional, como la marimba. Dichosamente esta censura no alcanzó a Jinotega ni Estelí, donde se siguió interpretando sin problemas. En Matagalpa se conservó solamente en los poblados como San Dionisio, Susulí, Piedra Colorada, Pacsila, Piedra de Agua, etc.
Ha sido preservada en estos tres departamentos, en Jinotega por compositores como el ingeniero Cedrik Dallatorre (nieto de un inmigrante austríaco), Simeón Úbeda, Alberto Monzón Fornos, Ramón Irías, Adán Zeledón; en Estelí por artistas como Felipe Urrutia (*1918), en Achuapa por Adán Hernández (*1917), y en Matagalpa por cantautores como Hipólito Ordóñez (*1912, El Madroño), Orlando López Arteta, Ramón Salmerón, Chavelo Tercero, y el grupo Cumaica del doctor Omar Avilés, Mercho González, Leonel Baldizón, Melico Sequeira y Carlos Pérez. Ciudadanos como Cedrik Dallatorre, Alejandro Floripe, Ulises González, Carlos Mejía Godoy, Tilma Úbeda, Osmar Torres, Simeón Rizo Castellón, Jairo Méndez, Francisco Meza, Ulises González, Sergio Simpson y el suscrito, han hecho esfuerzos para rescatar y promover este género musical norteño.
Las polkas y mazurcas tienen nombres muy pintorescos que reflejan la vida y costumbre campesina, como La perra renca atribuida al cantautor jinotegano Salvador Gutiérrez, La flor de pino (anónima), El grito del bolo de Adán Hernández; Ojos negros de Cedrik Dallatorre, La café amargo de Felipe Urrutia, La chancha flaca interpretada en la Misa Campesina por los hermanos Mejía Godoy, El perro seco de Orlando López, El colacho de Hipólito Ordóñez, El perro guapo de Chavelo Tercero en Matagalpa, La revienta cinchas de Mercho González. Unas tienen líricas, otras son solamente música, pero todas son alegres y optimistas.
El baile de la música de polkas y mazurcas es muy movido y vistoso, las muchachas norteñas luciendo vestidos largos con pañoletas de colores brillantes, con la sonrisa en sus labios y flores en su cabello han sorprendido a los visitantes del Pacífico de Nicaragua y a turistas extranjeros en estas bellas montañas segovianas.
Insto a los profesores de baile y de folclor a salvar, capacitar y dar esa conocer esta música, baile y folclor norteño para enriquecer el tejido artístico nacional, “antes que se pierda ante la invasión de música extranjera de mariachis, y rancheras de las roconolas como casi sucede en los años 50”, según me refirió don Felipe Urrutia.
Las líricas de las mazurcas son graciosas, como esta: “Juana, de qué te sirve preparar la cama con cintas y festones si no te dejan dormir las niguas en los talones”.
El autor es historiador