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El río Bravo es uno de los principales obstáculos de los migrantes ilegales centroamericanos para llegar a Estados Unidos. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

El río Bravo, “testigo” de la desesperación de los nicaragüenses

Si es tan peligroso, ¿por qué los nicaragüenses se atreven a cruzarlo? Diez de ellos han muerto en sus aguas este año. Se trata de una salida “desesperada” a los problemas en el país, explica un sociólogo

El último rumor es que echaron cocodrilos al río Bravo, dice un periodista mexicano, para agudizar el temor entre los migrantes y que no se atrevan a cruzarlo buscando llegar a territorio estadounidense.

Las autoridades de Estados Unidos han encontrado en el río, de unos 100 metros de ancho en las zonas de cruce, una herramienta para tratar de impedir que los migrantes penetren a su territorio.

La corriente de agua le pertenece a Estados Unidos, país que construyó una presa que abren y cierran constantemente para que las personas no puedan calcular en qué momento el caudal del río está bajo o alto.

Cuando las personas ven seco, tratan de cruzar. Inmediatamente las autoridades norteamericanas abren las compuertas y el agua se pasa llevando a la gente, explicó a la Revista DOMINGO el periodista mexicano Rufino Menera, quien tiene meses investigando, desde el lado mexicano, lo que pasa en el río Bravo.

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“El que no sabe nadar se ahoga”, manifiesta Menera, quien lamenta que en los últimos meses la mayoría de las personas ahogadas son de nacionalidad nicaragüense. “Eso (ahogamientos) no estaba pasando tanto. Ahora es más seguido y les ha tocado más a ustedes (nicaragüenses)”, comenta el periodista mexicano.

En lo que va del año 2022, especifica una publicación del diario La Prensa en la red social Instagram, “al menos 10 nicaragüenses han muerto intentando llegar a Estados Unidos a través del Río Bravo”.

Según varios medios digitales, como Expediente Público, un total de 41,074 nicaragüenses fueron reportados por las patrullas fronterizas en el primer trimestre de este año 2022 y, de seguir esta tendencia, la cifra será mayor a la registrada en 2021, cuando, según autoridades estadounidenses, 50,722 nicaragüenses trataron de entrar a Estados Unidos.

Por otra parte, más de 24 mil nicaragüenses solicitaron asilo en EEUU en primeros 3 meses del año fiscal 2022, según publicó el portal 100 % Noticias.

“Un intento desesperado de buscar una salida”

La crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018, los estragos causados por la pandemia del Covid-19, la incertidumbre de no saber qué pasará en Nicaragua y que no se ven cambios positivos ni en el corto ni en el mediano plazo, están llevando a los nicaragüenses a dejar el país cueste lo que cueste, explica un sociólogo, quien pidió anonimato a la Revista DOMINGO.

A pesar de los peligros que representa irse “mojado” a los Estados Unidos, los nicaragüenses “hacen un intento desesperado de buscar una salida a los problemas que hay en Nicaragua. Están dispuestos a jugársela. Es un síntoma de que hay una anomia a seguir viviendo en el país”, comenta el sociólogo.

Para la fuente, la salida de los nicaragüenses se puede comparar, guardando las distancias, con el suicidio, porque hay una desesperanza en Nicaragua. “Las personas ven que se cierran las oenegés, que el queso está caro. Hasta un limón es caro. Encarcelan a la gente. Hay mucha incertidumbre, no se sabe cómo va a terminar esto. Las personas no se adaptan a esos cambios bruscos”, indica.

La crisis económica, política y social que atraviesa Nicaragua ha incrementado la migración. LA PRENSA/ ARCHIVO

El experto en relaciones humanas compara la situación actual de los nicaragüenses con la que han vivido en la última década los salvadoreños, quienes prefieren morir en el “éxodo” hacia Estados Unidos que a manos de un marero.

El impacto que tiene el fenómeno migratorio entre los nicaragüenses actualmente es “grotesco” porque se trata de una “expulsión violenta”, un “desarraigo forzado”, algo que en Nicaragua se vio a partir de 1979, pero, en este momento es peor porque se le suman otras agravantes, como la poca capacidad de producción agrícola, debido a fenómenos naturales, que existe entre el campesinado nicaragüenses, afirma el sociólogo.

“Racismo”

El periodista mexicano Rufino Menera no se encontraba a la orilla del río Bravo cuando ocurrió el ahogamiento del migrante nicaragüense Calixto Rojas, exlocutor de Radio Darío, de León, quien se había ido al exilio debido a amenazas de simpatizantes orteguistas.

Rojas falleció a la vista de autoridades estadounidenses y mexicanas, además de otros migrantes, pero nadie lo auxilió.

Mientras su compañero se aferra a un pilar de un puente, Calixto Rojas se ahoga a la vista de varios testigos. LA PRENSA/Captura de video

Menera explica que las autoridades migratorias de Estados Unidos tienen prohibido prestar ayuda a los migrantes que intentan cruzar el río Bravo. Si alguno de ellos lo hace, puede ser acusado de tráfico de migrantes.

Por el lado mexicano, no hay prohibición. La única explicación que Menera encuentra para que no se le haya ayudado a Rojas es “racismo”.

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“Lo de Calixto Rojas fue algo de gente sin corazón. Yo no estaba en ese momento”, expresa el periodista mexicano, quien con ayuda de drones publica videos de los migrantes en su página Lo que otros callan Piedras Negras”.

Las otras tragedias

Los otros nicaragüenses que en este año 2022 han muerto en el río Bravo son, según el recuento de La Prensa: Angélica Silva, de cuatro años de edad; Luis Jiménez y su hijo Louis; Edgar Centeno Palacios, de 27; Gabriela Espinoza Pérez, de 22; Felicita Lucrecia Soza, de 49; Neyling Rizo, de 26, y Calixto Rojas.

Cada una de esas historias son desgarradoras. La niña Silva murió cuando la corriente la arrastró mientras iba en los hombros de un migrante y al lado de ella iba su mamá Angélica Mendoza. Cuando la mujer se recuperó, ya que también había sido arrastrada por el caudal, y llegó a la orilla estadounidense, solo escuchó que su hija gritaba “mami, mami”. La pequeña fue hallada diez días después.

Funeral de la esteliana Neyling Rizo. LA PRENSA/ CORTESÍA

Centeno y Rizo le pagaron al mismo coyote, pero, en la noche en que intentaron cruzar el río, ambos fueron arrastrados por la corriente junto a otras dos personas. Según el medio Despacho 505, el coyote engañó a la familia de Centeno diciéndoles que había llegado bien, hasta que el cuerpo fue hallado 10 días después.

Espinoza quería ganar dinero y mejorar la casa de su mamá. Falleció en las aguas tres días antes de su cumpleaños. Un pescador intentó rescatarla, pero cuando la alcanzó ella ya estaba fallecida.

Soza era diabética y cuando intentó cruzar estaba muy débil. No había ingerido alimentos ni bebidas porque, antes de ahogarse, estuvo retenida por las autoridades mexicanas durante 14 horas.

Los cuerpos de los Jiménez, padre e hijo, fueron encontrados flotando. Eran padre y abuelo de una niña de tres años de edad.

El río

Para Rufino Menera, quien ha vivido cerca del río Bravo la mayor parte de su vida, las muertes de migrantes en el mismo se producen desde que “Estados Unidos le robó 10 estados a México”. Según un reportaje de la BBC de Londres, los migrantes mueren ahí con mayor frecuencia desde finales de 1990.

En la actualidad, esas muertes se notan más debido a los medios digitales, pero antes ocurrían en silencio, en la oscuridad, explicó el antropólogo Jason de León a la BBC.

La frontera entre Estados Unidos y México es de aproximadamente 3,100 kilómetros y casi la mitad de la misma es el río Bravo, que queda de lado estadounidense.

De León indicó a la BBC que la parte más mortífera de la frontera ha sido históricamente el desierto de Arizona, pero, con los controles migratorios aumentados en esa zona, el río Bravo ha adquirido mayor relevancia, provocando el aumento de muertes de migrantes en sus aguas.

Una de las zonas del río Bravo por donde cruzan migrantes ilegales. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

Sobre el río Bravo hay puentes, pero también controles migratorios. Los migrantes ilegales deciden pasar nadando.

El periodista Rufino Menera señala que el problema es que muchos migrantes son “correteados” por las autoridades mexicanas y cuando llegan al río no tienen tiempo para “pensarla” y se meten en las aguas con todo y ropa sin conocer bien el río, el cual tiene muchos desniveles.

El río, indica Menera, en algunas partes tiene piedras altas, sobre las que se puede caminar sin riesgo de sumersión, y en otras es profundo.

Además, en otras ocasiones, cuando los migrantes ven bajo el nivel de las aguas tratan de cruzar, pero se abren las compuertas de la presa y el caudal aumenta inmediatamente. “Abrir y cerrar la presa es un cerco que tiene Estados Unidos para que los migrantes no se arriesguen a pasar”, manifiesta Menera.

“Últimamente dicen que le echaron cocodrilos. Dicen, no me consta”, expresa Menera, quien agrega que, a pesar del temor, los migrantes se muestran “desesperados” y siguen pasando el río.

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