Erasmo Ramírez sigue en estado de gracia. Este miércoles volvió a mostrar esa precisión de cirujano que ha caracterizado la mayor parte de su carrera en las Grandes Ligas y colgó otro inning en blanco frente a los Marlins de Miami, quienes derrotaron 2-1 a los Nacionales de Washington. El pinolero fue una máquina de tirar strikes y resultó además muy económico.
Ramírez entró en acción en la séptima entrada con su equipo atrás 2-0 y le entró al toro por los cuernos. A pesar de que admitió un hit, se enfrentó a solo tres bateadores y empleó solo ocho disparos, de ellos seis strikes, para ampliar a cuatro su cadena de actuaciones en las que ha estado impecable en su labor, al extremo de tener 0.00 en 6.1 de trabajo hasta el momento.
Después de deshacerse de Jacob Stalling en batazo violento por segunda, el nica admitió hit de Jazz Chisholm, pero repelió la amenaza al obligar a batear para doble play al venezolano Jesús Aguilar, quien había disparado jonrón en el tercero ante el abridor de los Nacionales, Erick Fedde (1-2), quien perdió la batalla ante el también sudamericano Pablo López (3-0).
En sus cuatro salidas desde que retornó a las Mayores, Erasmo tiene 6.1 innings limpios, de cuatro hits, sin carreras, sin bases y con cinco ponches. Los contrarios le batean para .182 y tiene un whip de 0.63. Es decir, anda por las nubes. Ha hecho un trabajo sorprendente y no hay dudas que va acumulando méritos para tener más oportunidades en los Nacionales.
Fíjese en este detalle: Ramírez ha utilizado 85 lanzamientos en esos 6.1 episodios, casi a un promedio de 14.1 por innings, mejor que el average de 15 que se considera apropiado en las Grandes Ligas. Pero considere que de esos 85, 23 los usó en su primer juego cuando batalló ante Arizona. Después de ese trabajo, tiene un promedio de 10.8 envíos por cada inning.
Este miércoles, con ocho disparos resolvió el inning ante los Marlins y en un partido que estaba en línea, es decir, con el marcador estrecho. Eso habla bien de la estabilidad que ha conseguido Erasmo y que permite ver con optimismo su futuro incluso dentro de un nivel de exigencia tan enorme como las Grandes Ligas, donde estás expuestos en cada pitcheo.