Denis López y Rubén Mora quedaron en el segundo durante el torneo clasificatorio del Norceca. LA PRENSA/ CORTESÍA/ NORCECA

«Tenés tres meses de vida». La historia de Rubén y Denis, los primeros nicaragüenses en clasificar a un Mundial de Voleibol de Playa

Rubén Mora, de 26 años, siempre fue inquieto. Práctico beisbol, futsal y futbol campo, pero prefirió el voleibol. Denis López, de 22 años, solo tenía ojos para este deporte. Se enamoró desde los seis años por su hermana

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Rubén Mora y Denis López se conocen desde pequeños y están unidos por la sangre (primos) y el deporte. Crecieron entre la arena y la playa de San Juan del Sur, Rivas. Rubén, de 26 años, siempre fue inquieto, practicó beisbol, futsal y futbol campo, pero prefirió el voleibol. Denis, de 22 años, solo tenía ojos para este deporte, del que se enamoró desde los 6 años por su hermana Denisse, quien fue parte de la Selección Nacional, donde los dos acaban de hacer historia convirtiéndose en la primera pareja masculina en clasificar a un Mundial de Voleibol de Playa.

Entre el 7 y el 19 de junio estarán en Roma, Italia, cumpliendo uno de sus más grandes sueños. Ahí llegarán como una de las parejas que dividen su vida entre estudiar, trabajar y entrenar para poder ejercer su faceta de deportista. “Ese voleibol es profesional, ellos viven de eso. Lamentablemente aquí no. Tenés que cumplir con un horario de trabajo, si no, no comés”, explica Rubén, quien empieza su rutina a las 5:00 a.m., con las prácticas, después trabaja y regresa a entrenar al igual que Denis, quien además estudia. «Es cansado física y mentalmente esta rutina», señala Rubén.

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Rubén jugaba futbol porque su papá del mismo nombre, un futbolista a nivel municipal, quería que trascendiera. A él le gustaba mucho el futbol y lo practicó por última vez a los 17 años porque el voleibol lo atrajo más y prefirió cuidarse para evitar cualquier lesión. “Me dejó que decidiera y me apoyó en mis inicios. Lamentablemente no pudo ver todo lo que he logrado porque murió hace 12 años”, cuenta Rubén, quien confesó que ese fue uno de los momentos más duros para él y su familia. “Mi madre (Paula Romero) le tocó todo solo a ella, quería ayudarle, pero solo tenía 14 años. Fue lo más frustrante verla luchar para sacarme adelante a mí y mis dos hermanas y no poder hacer nada”, dice.

El voleibol para Rubén lo es todo. Le dio disciplina y perseverancia para terminar su carrera de Ingeniería en Sistemas mientras jugaba. A través de este deporte consiguió trabajo en el Comité Olímpico Nicaragüense (CON) y ha visitado muchos países que de otra forma no lo habría logrado, asegura. “No me quejo, el voleibol ha marcado una etapa linda. A veces es más complicado porque uno trabaja y tiene su familia, sin embargo cuando se ama algo se hace con amor y sacrificio. Mientras me siga emocionando como ahora, estaré aquí luchando porque aún tengo muchos sueños por cumplir. Si ya llegamos al Mundial, ¿por qué no pensar en unos Juegos Olímpicos?”, exterioriza Rubén.

Le daban tres meses de vida

Denis aprendió a valorar la vida desde los 14 años. Estaba en el clasificatorio de Guatemala para los Juegos de la Juventud 2014 cuando faltando un punto para conseguir el boleto, se desmayó. Eso le había ocurrido en otras ocasiones y perdió el juego. Preocupado por ese incidente se realizó una serie de exámenes para conocer por qué le pasaba eso mientras jugaba y los resultados fueron devastadores: “Tenía fuga de sangre en el corazón, el doctor me dijo que solo tenía tres meses de vida”, señala.

El dictamen médico era pesimista. No le daban ninguna oportunidad de vida y le sugirieron dejar de jugar porque no podía sufrir emociones fuertes. Incluso le aconsejaron usar silla de ruedas para evitar cansarse demasiado. “Pero nunca la usé”, dice Denis, quien junto con su familia empezaron a pedir de corazón a Dios para que lo sanara. “Durante una semana llegaron por siete días diferentes personas a la casa a decirle a mi mamá: ‘Dios está con ustedes, tu hijo está sano’. Dos semanas después se repitieron los exámenes y no salió absolutamente nada de lo anterior, fue como si me hubieran puesto otro corazón”, asevera.

Fue un mes de sufrimiento para Denis y su familia. Lloraba todo el tiempo porque no quería morir. «Aprendí a valorar más la vida, eso me cambió, me marcó para siempre”, confiesa Denis, quien se reintegró a las selecciones nacionales y el voleibol le abrió diferentes puertas y oportunidades. En el 2019 el Comité Olímpico Nicaragüense (CON) lo becó para terminar su carrera de Diplomacia y Relaciones Internacionales en la UAM, donde actualmente estudia por la noche su segundo año de Derecho, mientras entrena por la mañana antes de irse a trabajar.

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