El germen de la esperanza

Nicaragua se merece un mejor destino, un mejor nivel de vida y desarrollo humano con mayores perspectivas, vivir en libertad, paz y democracia, lo que ahora no tiene. 

Toda nación se lo merece y pronto lo tendrá si todos y cada uno de nosotros hacemos lo que esté a nuestro alcance para llegar a esa nueva vida, por eso felicito la actitud política y patriótica de Arturo McFields al renunciar a su cargo como embajador en la Organización de Estados Americanos OEA, romper totalmente con la dictadura de Daniel Ortega y pasarse al lado de su pueblo. Creo en sus palabras y sus hechos, lo que debe ser imitado por muchos funcionarios actuales de Gobierno y hasta por militantes y simpatizantes del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). 

Creo en ese joven diplomático que habló del “germen de la esperanza”. Ningún funcionario de Gobierno ni militante del Frente Sandinista que se precie amar a su patria debería seguir en sus cargos, pues de ser servidores públicos, del pueblo o simpatizantes de una causa justa, como pudieron haberlo sido en sus luchas insurreccionales, ahora  son borregos del aparato burocrático del partido de las cuatro letras,  vertical y déspota manejado por la pareja presidencial y por sumisos partidarios y allegados; pues como dice el dicho, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, su estabilidad se tambalea, y ya la ciudadanía está más que cansada, hastiada de tantas décadas en el poder sin nada realmente favorable a las masas, con una economía en bancarrota.

Si ayer fue el magistrado Rafael Solís quien también se les saliera de las manos, y fuera el hombre de confianza por años de Daniel Ortega quien manejó los hilos del poder judicial a conveniencia del propio régimen, hoy lo es el embajador McFields, quien también se ha  revelado y desertado de las filas del sistema, mañana serán otros como la controversial renuncia de las dos hijas del diputado Wálmaro Gutiérrez, quienes, por las causas que sean, ya están fuera de los círculos burocráticos rojos y negros.

No olvidemos que también desde antes de la insurrección de abril de 2018 ya se habían dado renuncias que debilitaron al Gobierno, como por ejemplo la del expresidente del Banco Central, doctor Antenor  Rosales y de otros funcionarios de menor rango, todo esto es parte importante en el desgaste y descomposición a lo interno del orteguismo gobernante.

Y como las renuncias están a la orden del día, cayó como plomo otra más: la del flamante asesor internacional Paul Reichler, asesor ante la Corte Internacional de Justicia y cabildero de Daniel Ortega desde la década de los 80. Este, quien ha sido felicitado y criticado por su decisión hecha pública mediante una larga carta, pues debió haber renunciado desde mucho tiempo atrás como lo dijo recientemente la defensora internacional de Derechos Humanos, Bianca Jagger. Pero terminó rompiendo con el Gobierno, quien aun no siendo nicaragüense es parte también de esas conciencias que vienen separándose de una figura que hoy por hoy es señalada por muchos sectores de culpable mayor de la tragedia que envuelve a toda Nicaragua.

Más que poner sus barbas en remojo, este es un momento propicio para que soldados y cargos intermedios del Ejército, miembros de la Policía (salidos del propio pueblo humilde) y toda la burocracia estatal, incluyendo a los miembros del servicio exterior y alcaldes que son parte de la megaestructura del orteguismo, den un paso por Nicaragua y sean desde ahora parte de ese “germen de la esperanza” que viene con una patria libre y democrática.

La autora es emprendedora, empresaria y escritora, estadounidense de origen nicaragüense. Actualmente está postulada para comisionada por Miami Dade.

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